Firma de acuerdos entre China y Venezuela. Foto: Cancillería Venezuela

En estos tiempos turbios y difíciles que corren pareciera que el mundo, desde cualquiera de las trincheras ideológicas en las que se combate, marcha hacia la resurrección y/o un nuevo capítulo del Big Brother, como siempre invisible y al mismo tiempo omnipresente pues aunque ahora pocos lo sepan: “Big Brother is watching you” (te está mirando).

Big Brother (en castellano, Gran Hermano o, en su traducción correcta, Hermano Mayor) es un personaje de la novela de George Orwell “1984”, publicada en 1949 y es el líder del Ingsoc; partido político que rige con mano de hierro el Estado totalitario intercontinental de Oceanía, una de tres porciones del mundo en la novela; y su propia ideología.

El Ingsoc reafirma su poder eliminando toda prueba de cualquier realidad diferente a la suya, usando para ello la gran capacidad logística del “Ministerio de la Verdad”, encargado de escribir, borrar y reescribir constantemente la historia según las cambiantes necesidades del Partido y la filosofía del “doblepensar”.

El Ingsoc se caracteriza por canalizar toda la angustia y frustración del pueblo hacia un odio irracional contra el enemigo, y un amor equivalente al Gran Hermano, llevando a una ciega obediencia y la destrucción total de todo vínculo afectivo con cualquier otro ser que no sea el Gran Hermano.

En una; al parecer; nueva saga emanante de “1984”, el presidente chino Xi Jinping puso al servicio de Nicolás Maduro el CIC para que desde el Estado, se espíe a cualquiera. Esa sigla raramente figura en las noticias y es del Centro de Innovación en Ciberseguridad que fue presentado formalmente en los últimos días de diciembre de 2017.

En ese entonces, el Diario del Pueblo, del Partido Comunista Chino (PCCh) lo presentó como fruto de una orden de la Comisión para el Desarrollo Civil y Militar Integrado. La misión del ente: establecer un sistema de defensa digital militar y ganar futuras guerras cibernéticas, pero se agregan identificar “amenazas” internas y controlar al pueblo.

Es ya un hecho que el Big Brother de Beijing lo usa sin tapujos ni medidas. El CIC fue uno de las puntas de lanza en las recientes campañas de desprestigio contra las grandes marcas internacionales que denunciaron la violación de derechos humanos en la región de Xinjiang.

Le tomó horas al ente filtrar viejos comunicados de las mismas firmas de indumentaria y moda para generar una ira nacionalista en redes que pasó a las calles, convirtiéndose para muchos chinos en causa patriótica. “Esos extranjeros hirieron el orgullo nacional y debían ser castigados”. Big Brother is watching you.

Según reportes de Infobae, además de campañas online y movilizar sentimientos, el CIC tiene otras capacidades más técnicas, como interferir IPs (identidad de un dispositivo en la red), irrumpir en el celular de cualquiera y activar sus herramientas – cámaras frontal y posterior, micrófono –, manipular aplicaciones instaladas y acceder a videos y fotos.

Y no es sólo ingresar al móvil seleccionado, sino poder controlarlo. Con esto, cualquier conversación – telefónica o entre personas reunidas – puede interceptarse de manera ambiental por las autoridades. Además también podrían obtener una grabación visual utilizando las cámaras del celular.

El Big Brother de Beijing, señalado por devorar información de terceros y tecnología; de ahí su intención de quedarse con el 5G en gran parte del mundo a través de Huawei y ZTE; le acercó  a Maduro las “ventajas” del CIC y el de Miraflores no lo pensó ni medio segundo. Al PCCh  le interesa que el caribeño mantenga el poder en Venezuela.

Y desde ahí líderes críticos fueron engañados con mensajes de WhatsApp de supuestos aliados para reuniones falsas, detenidos por horas por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin). Eran tiempos desesperados en Miraflores, Maduro debía permanecer y sus Big Brothers jugaron sus cartas.

Según Infobae, “un coronel de inteligencia radicado en Caracas le confirmó que el CIC proporcionó un valiosísimo upgrade al equipo de cibercontrol y humor social de Maduro”, con el que pueden monitorear a todos. El foco en opositores y en los más críticos, pero también espían en filas propias. Dirigentes chavistas, militares, cubanos y empresarios amigos son controlados a toda hora.

El temor se ve en el hermetismo del régimen sobre el descontento creciente de la población por los entuertos de economía y salud pública. Los índices económicos son desastrosos y el COVID-19 marcha a pasos agigantados pero en total oscuridad. Para paliar o controlar tales pifias se neutralizan cuentas y perfiles en redes sociales y se anticipan a tendencias que conduzcan a manifestaciones en contra.

El control social logrado desvía la atención sobre el descontento por la escasez de alimentos e insumos básicos, genera falsos debates que ahogan las conversaciones verídicas, las quejas y malhumor. Así la saga del Big Brother de Beijing contra las grandes marcas occidentales continúa en el Caribe.

Para institucionalizar el capítulo, se pretende reformar la ley de censura que ya existe para hacerla más férrea aún, incluyendo el control de las redes sociales. Lo que legalizará las detenciones de quienes difunden críticas en redes sociales, acusaciones y lo que el Ministerio de la Verdad considere amenazante.

Se incluye en este armado la reforma parcial de la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos (llamada Resorte) y la creación de la Ley de Ciberespacio. Este marco de “legalidad” lo justificaría todo y nada “incómodo” quedaría impune. Recuerde: Big Brother is watching you. ¿Continuará?