El mapa de Oriente Medio cambió en apenas seis días. Israel se enfrentó a Jordania, Siria, Egipto e Iraq. El resultado fue la destrucción de los ejércitos árabes, la pérdida de la mitad del reino de Jordania, la ocupación temporal del Sinaí y de manera indefinida el Golán sirio. Cientos de miles de palestinos huyeron del territorio tomado por Israel y su descendencia sigue hasta hoy en una situación que no engrana con las normas internacionales. 

Para poder comprender los eventos ocurridos entre el 5 y el 10 de junio de 1967 debemos remitirnos al contexto. Egipto era un coloso político que aglutinaba a los nacionalistas árabes de África y Asia. La figura de Nasser era la encarnación del orgullo árabe, la esperanza de la integración política regional y por naturaleza el enemigo principal para la existencia de Israel.

Las fuerzas en el terreno 

El ejército egipcio estaba compuesto por 240 mil soldados, apoyados por 307 mil efectivos de Siria, Jordania e Iraq. Una fuerza combinada de 500 mil militares frente a los 50 mil soldados del estado hebreo y sus 214 mil reservistas (civiles llamados a filas ante la emergencia). Israel era insignificante en comparación a las fuerzas árabes, en aquel momento contaba con 197 aviones de guerra mientras que los árabes garantizaban el dominio del aire en caso de conflicto con 957 aparatos aéreos. 

En el terreno la desproporción también era evidente. Los países árabes contaban con 2504 tanques de los que mil ya estaban a lo largo de la frontera sur de Israel. La aniquilación era inminente. El problema creado por la ONU en 1948 estaba a punto de terminar. Hafez Al-Asad padre de Bashar, afirmó: «El Ejército sirio, con el dedo en el gatillo, está unido. Creo que ha llegado el momento de comenzar una batalla de aniquilación».

Mientras tanto Nasser daba un golpe sobre la mesa y ratificaba el 30 de mayo de 1967: «Los ejércitos de Egipto, Jordania, Siria y Líbano están en las fronteras de Israel … para enfrentar el desafío, parados detrás de nosotros están los ejércitos de Irak, Argelia, Kuwait, Sudán y toda la nación árabe. Este acto asombrará al mundo. Hoy sabrán que los árabes están dispuestos para la batalla. Ha llegado la hora crítica. Ya hemos llegado a la etapa de la acción seria y no de más declaraciones».

Entre la acción o la muerte

Las amenazas podían haber quedado en el plano mediático, pero cuando Nasser dio la orden de retirada de las fuerzas de paz de la ONU del Sinaí, ya no había solución, o Israel atacaba o se enfrentaba a ser barrido por las fuerzas árabes.  

No era un amague, al menos no parecía. Los árabes estaban entre el éxito y las disputas internas por cómo quedarían al acabar con Israel. Los hebreos se debatían entre la destrucción total o golpear primero para aprovechar el factor sorpresa. Era clara cual sería la decisión a tomar.

Errores y lecciones

Nasser había consultado al General Amr sobre el estado de sus fuerzas y como de costumbre en los regímenes carismáticos, Amr ocultó la realidad de la preparación de las tropas. La movilización estaba en marcha y era cuestión de días el inicio del conflicto.

El otro factor de la derrota fue la confianza en que el débil Israel se quedaría inmóvil, esperando el golpe de los más fuertes. Sabiendo de la inferioridad militar del Estado hebreo, no esperaron que Israel lanzaría un ataque masivo fulminante sobre las posiciones árabes en diferentes frentes y destruiría en tierra gran parte de la fuerza aérea egipcia. 

Aunque los ejércitos árabes intentaron reaccionar, la respuesta fue ineficiente y jugó en su contra las desconfianzas internas. Subestimaron al enemigo y pagaron con creces sus propios errores. 

Para la vida, la guerra de los seis días debería hacerte recordar que en la confianza está el peligro, que no debes poner en situación extrema ni a tu peor enemigo, porque puede reaccionar de manera inesperada y con una contundencia brutal.

Desde entonces las alianzas árabes nunca volvieron a ser serias. Egipto aprendió a conjugar diplomacia, fuerza militar y confianza prudente en sí mismo. En 1973 puso en peligro de desaparición a Israel nuevamente y logró una victoria multifactorial única en Oriente Medio, recuperó los territorios perdidos en 1967 en negociaciones con Israel. Los sionistas prefirieron perder los territorios ganados a Egipto por tal de obtener su reconocimiento. Hasta hoy mantienen una paz sólida que el mundo árabe intenta imitar desde los recientes Acuerdos de Abraham.