La toma de La Habana por una flota británica en 1762 dejó mucha historia, enseñanzas y un refrán popular que refleja lo que es hacer algo para quien solo recoge ganancias y se va: “trabajar para el inglés”. Además de la humillación para España, significó repensar todo su sistema defensivo en las colonias americanas y la aptitud de sus gobernadores.

El escenario fue; según Winston Churchill; la “verdadera primera guerra mundial de la historia”: la guerra de los Siete años (1756-1763) que enfrentó a Gran Bretaña, Hannover, Prusia y Portugal contra Francia, Austria, Rusia, Suecia, Sajonia y España en Europa, América y Asia.

España firmó con Francia su tercer Pacto de Familia el 15 de agosto de 1761, pero William Pitt, primer ministro inglés, en fecha tan temprana como 1760 ya había encargado la creación de una gran flota para atacar al enemigo español en un punto letal para él: Cuba.

Al puerto de la Habana arribaría una poderosa flota de 23 navíos de línea, 24 fragatas y unos 150 navíos mercantes transportando la tropa, avituallamientos y hospitales. Montaban 2.292 cañones y más de 20.000 efectivos entre marinos y soldados, más un refuerzo esperado de 4.000 combatientes de las colonias norteamericanas.

La flota iba al mando del almirante Pockock y el ejército bajo George Keppel, vizconde de Albermale, a quien acompañarían sus dos hermanos; uno comodoro de la marina y el otro general del ejército, para la toma de La Habana.

Asalto al Castillo del Morro previo a la toma de La Habana. Foto: Wikimedia Commons con licencia CC0 1.0 Universal Public Domain.

LA PREVIA DE LA TOMA DE LA HABANA

España tenía, bajo el mando de Gutierre de Hevía, marques del Real Transporte, una escuadra de 14 navíos de línea y cuatro fragatas y si hubiera reunido todas las unidades dispersas en sus diferentes puertos hubiera dispuesto de 21 navíos, 7 fragatas, 2 paquebotes y un jabeque para causar pérdidas y obligar a abortar la operación británica.

Y mucho más si se hubieran unido a la flota francesa, pero el gobernador de la Habana y capitán general de la isla de Cuba: Don Juan de Prado Malleza Portocarrero y Luna, no lo juzgó conveniente, cometiendo con ello su primer error. Se negó a cualquier acción conjunta alegando que los buques que disponía eran para la protección de la Habana.

Entre las instrucciones dadas a Prado estaba fortificar la loma de “La Cabaña”, elevación que sobresale sobre el castillo del Morro por su ubicación y una batería en ella permitiría dominarlo, y bombardear La Habana. Era un punto estratégico a ser debidamente protegido y defendido. Ya lo había advertido el constructor del Morro, Juan Bautista Antonelli.

Prado abandonó la fortificación de “La Cabaña” por no tener herramientas especiales para romper el duro terreno, la guarnición necesitaba fusiles, pólvora, munición y granadas de mano. Contaba con 350 cañones sumando los de la escuadra, pero perdió tiempo precioso en asuntos menores y ese fue el segundo gran error que propició la toma de La Habana.

Cañón español, batería del Baluarte Santiago, Castillo del Morro, lugar clave en los sucesos de la toma de La Habana. Foto: Autor. Editorial24

EL SITIO Y LA TOMA DE LA HABANA

El 6 de junio llegó la flota inglesa. El 7 en la Junta de Guerra  se acuerdan de “La Cabaña” y suben una batería de cañones a brazo. El día 8 se decide una de las más absurdas acciones de defensa: cerrar la entrada al puerto con una cadena desde el castillo de La Punta al del Morro y hundir en el estrecho canal navíos que bloqueen la entrada.

Y con esta decisión Prado renunciaba a la acción de su escuadra, encerrada sin utilidad. Los ingleses se libraron de esa posible amenaza sin disparar un tiro. Se hundieron tres navíos de línea en perfecto estado y de los mejores de la flota, en lugar de barcos mercantes. El “Neptuno” de 70 cañones, el “Asia” y el “Europa” de 60, fueron las víctimas.

La única resultante favorable de tal desaguisado, fue el mando del capitán de navío Vicente Velasco Fernández e Isla sobre el Morro, causante de los mayores destrozos a la Armada británica y responsable de que el sitio sobre la ciudad y sus defensas se mantuviera por dos meses.

DON LUIS DE VELASCO NO TRABAJÓ PARA EL INGLÉS

Velasco defendió con tesón la fortaleza, presente en los lugares de más peligro, animando en la tropa. Insistió a Prado que organizara salidas para atacar los atrincheramientos enemigos y que aliviara la presión, pero una vez más, el gobernador no actuó.

Y el Morro es asaltado por mar y tierra. El navío Namur debió ser remolcado al perder su arboladura, el Cambridge y Marlborough sufrieron daños. En tierra las baterías de Keppel desmontan las piezas, los baluartes y las cortinas del castillo, los soldados mueren pero resiste la fortaleza.

Velasco, enfermo, sube a las murallas, anima a los defensores y es herido por la metralla. A pesar de su estado, idea un ataque contra las baterías inglesas, en su idea de defensa activa, contraria a la del gobernador y la Junta, de defensa pasiva en espera que las enfermedades destruyan al ejército enemigo. El ataque fracasa.

Velasco sabe que el castillo está sentenciado, lo comunica a la Junta y pide órdenes. La Junta, incapaz de tomar decisión, contesta que actúe como crea oportuno. El día 30 de julio de 1762 el general Keppel ataca. A las dos de la tarde explotan las minas excavadas durante semanas bajo los baluartes del Morro y las tropas parten al asalto.

En un combate cuerpo a cuerpo feroz, Velasco reúne cien hombres en los parapetos alrededor de la bandera y anima la defensa hasta que una bala le atraviesa el pecho. El mando pasa a Vicente González que muere por las bayonetas inglesas, abrazado a la bandera. Los supervivientes rinden la fortaleza.

Los ingleses, impresionados por el valor de los defensores, organizan el traslado del capitán Velasco para ser tratado, acompañado por un oficial del jefe inglés. Dos días después fallecería.

Protagonistas de la toma de La Habana: (de izq. a der.) George Keppel, Luis de Velasco y Pepe Antonio. Fotos: Wikimedia Commons. Dominio Público

PEPE ANTONIO TAMPOCO QUERÍA TRABAJAR PARA EL INGLÉS

En la villa de Guanabacoa, defendida por un contingente de milicia al mando de su alcalde, José (Pepe) Antonio Gómez Bullones, probaron los ingleses por primera vez lo que era una carga al machete. Dos compañías de macheteros negros y mestizos con el alcalde al frente retuvieron a los “casacas rojas” con asaltos continuos y fulminantes de “muerde y huye”.

Durante 15 días deben lidiar los invasores con la tropa irregular de Pepe Antonio, casi tan molestos como los mosquitos y el calor infernal de la Isla en agosto. Diezmaron al enemigo por decenas y cientos, tomándoles centenares de prisioneros, lo que le granjeó la envidia y enemistad del coronel Carlos Caro y otros oficiales, empeñados en competir en ineptitud.

Caro, quien disponía de gruesas fuerzas de caballería, infantería y las milicias de Pepe Antonio, pudo haber arrollado con un ataque masivo a los británicos al desembarcar, pero por destacar en la acción solo pocos jinetes, estos fueron rechazados perdiendo 30 hombres. Por eso y otros disparates, Pepe Antonio utilizó las tácticas de guerrillas.

Y por ahí vino otra movida estúpida, al despojar Caro de su mando a Pepe Antonio, quedó sin dirección efectiva la resistencia y poco después las tropas inglesas tomaron “La Cabaña”, la Junta hace otra: despeñar los cañones subidos con tanto esfuerzo. Los ingleses instalan tres baterías de cañones y Prado, sabiendo que no estaban fortificadas, no lanza la caballería contra ellos. Corona de los disparates por los que se produjo la toma de La Habana.

Asalto al baluarte de Santiago, Castillo del Morro, donde se ve al Namur desarbolado. Foto: Óleo del Museo Naval Español. Dominio Público

ONCE MESES DE TRABAJAR PARA EL INGLÉS

El vizconde de Albemarle recibió la rendición efectiva de la plaza el 14, pero desde el 12, ya eran dueños de la ciudad. Entonces Keppel pidió a los Cabildos de la colonia la adhesión como vasallos al monarca británico. Su petición formal no tuvo eco favorable entre el resto de criollos de la Isla.

Trinidad, en carta a Keppel le informó: “La capitulación de esa plaza no incluye la de ésta, ni otro algún acto equivalente”, y se dijeron dispuestos “a defendernos hasta perder la vida”. Los vecinos de Sancti Spíritus tampoco se sometieron y afirmaron preferir “vivir perpetuamente sobre las armas en los lugares, bosques y montes”.

Parecida respuesta dieron en Santa Clara, Camagüey y Santiago, donde quedó fijada la capital de la colonia, por lo que los ingleses, sin fuerzas para ocupar toda la Isla, quedaron con lo conquistado al costo de cerca de 7 000 muertos.

A pesar de las ventajas comerciales propuestas e impuestas por los británicos y que dieron auge a la economía de la parte ocupada de Cuba; La Habana, Pinar del Río y Matanzas; estas tenían como trasfondo el llevar hacia Albión millones de pesos duros, para engrosar el tesoro inglés. No mucho quedó para criollos y españoles, que en resumen tuvieron once meses de trabajar para el inglés.