Los cohetes siguen cayendo en Israel y Palestina, la violencia escala y las partes se entregan con ánimo a la crisis. Comprender el complejo entramado de relaciones políticas, religiosas, geográficas y culturales es tema de un doctorado. Tierra Santa no es un lugar fácil de explicar, basta con mirar la prensa en occidente para chocar con la multiplicidad de interpretaciones sobre lo que está ocurriendo. No pretendemos ser la verdad absoluta, solo intentaremos matizar las atrocidades que se cometen en este instante.

Los disturbios generados por el litigio legal que podría terminar con el desalojo de cuatro familias palestinas en Jerusalén Este, caldeó los ánimos en la ciudad y provocó las protestas de palestinos cisjordanos. Las manifestaciones realizadas en las inmediaciones de la Puerta de Damasco fueron violentamente reprimidas por las fuerzas de seguridad israelíes y no tardó en extenderse la confrontación hasta la «Explanada de las mezquitas», a solo 500 metros, donde se celebraban los últimos días del mes ayuno islámico (Ramadán)

Pareciera que las causas del proceso bélico estuviesen claras, una cuestión legal que colmó la copa y generó un estallido social. Sin embargo no podemos confundir pretextos con causas. Es inaudito que el eventual desalojo de 4 familias palestinas y las protestas lleve a la milicia islamista Hamas a lanzar ataques con misiles sobre Jerusalén y decenas de ciudades israelíes. Provocando luego, tras la represalia, la destrucción de cientos de hogares palestinos y el desamparo de cientos de familias en territorio de Gaza. Los números no juegan.

¿Cuáles son los verdaderos motivos de la reacción de Hamas?

La cuestión palestina está en franco descrédito. Una dirigencia corrupta y acostumbrada al estatus quo vio como Trump dio un paso más allá de lo pensado y reconoció a Jerusalén Occidental como capital del estado hebreo. La ciudad es la capital de facto de Israel desde 1980. Las naciones europeas y americanas han tratado por todos los medios de no contravenir los criterios de la ONU que asume esta acción como ilegal.

Trump rompió con lo «políticamente correcto» y fiel a su manera de negociación le puso a los líderes palestinos una propuesta de estado que comprendía ciertas compensaciones territoriales, promesas de infraestructura y 50 mil millones, casi el PIB de Panamá. Pero Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina (enemigo de Hamas), declaro en la ONU que “es un trato entre Estados Unidos e Israel para liquidar la causa palestina”.

En este punto la Organización para la liberación de Palestina (OLP) está de acuerdo con Hamas, su opuesto dentro de los teje manejes de la política palestina. No debe haber acuerdo si no se regresa a las fronteras de 1967, como además establecen reiteradas resoluciones de la ONU. Pero, por mucho que esté el derecho internacional del lado palestino, los soportes económico y diplomáticos se cansaron. No se podía seguir soportando una causa de siete décadas cuando el contexto ha cambiado y las exigencias obligan a nuevas alianzas.

Y así llegaron los acuerdos de Abraham, los países árabes tienen en frente un adversario que avanza si detenerse, Irán. Declarada está la guerra al Estado de Israel y al sunismo. No es difícil comprender que el enemigo de tu enemigo, es tu aliado (en Oriente Medio hay una diferenciación entre amigo y aliado). El liderazgo palestino perdió respaldo, credibilidad y sobre todo vieron desaparecer el interés mediático en ellos.

Así que aprovechar este altercado legal, devenido en protesta en Jerusalén, era el pretexto idóneo para empezar una intifada, con menos piedras y más cohetes. Ya lograron el primer gran objetivo, ponerse entre el trending topic de noticias. Las miradas del mundo están nuevamente sobre el conflicto israelo-palestino. Hamas le da en la cabeza a la vieja OLP y acapara la autoridad moral del conflicto. Ismail Haniyet es a esta hora, el que más ha ganado con este conflicto.

¿Israel se defiende?

El ejercito israelí no está dudando, como de costumbre, en responder a las provocaciones de Hamas. Algunos plantean que los ataques sobre población civil palestina es una forma de defensa, como si la contraofensiva no existiera. Defensa sin lugar a dudas es lo que hace el sistema «Domo de Hierro», que repele el 90% de los ataques. Desde el punto de vista ético es injustificable el lanzamiento de bombas israelíes sobre población civil en Gaza. Pero cuando se analizan las cuestiones tácticas y políticas el criterio varía.

Para Israel es imposible lanzar ataques de represalia sobre enclaves de Hamas en Gaza sin afectar a la población civil. Si se sigue la lógica de los conflictos modernos y decidimos entender la historia como es y no como queremos que sea, tenemos que asumir que cuando hay una confrontación donde la población civil está en medio, es inevitable pagar un alto costo en vidas de inocentes.

Observe el contraste entre Gaza, altamente poblada y los territorios israelíes circundantes.

Por otro lado Hamas y sus miembros, pueden ser terroristas, pero no son cobardes. Es un hecho que realizan sus incursiones desde zonas urbanas…es que eso justamente es Gaza, un franja superpoblada, una extensa ratonera que carece de grandes extensiones rurales. Por tanto, para israelíes como para islamistas se hace virtualmente imposible llevar el conflicto a otra dimensión geográfica, porque no hay de otra.

Israel se concentra en golpear cabezas de Hamas, una de las figuras eliminadas fue el líder islamista Mussa Hasune. Aunque este tipo de práctica puede parecer ejemplarizante, en la realidad solo genera que salgan más cabezas, casi siempre más radicalizadas (aunque pareciera imposible). Así fue la experiencia de Israel después de los atentados en las olimpiadas de Múnich.

Funeral de Mussa Hasune.

¿Se suma Hezbolá?

Se ha confirmado el lanzamiento de al menos tres cohetes de fabricación iraní, desde posiciones de la milicia libanesa Hezbolá desde el norte de Israel. Es llamativo que Hasan Nasrala, líder del grupo, publicara ayer en su cuenta de Twitter, una recreación de un ataque masivo contra puntos claves en Israel como el aeropuerto Ben Gurion y el reactor de Dimona.

Estas provocaciones, tanto desde Gaza como desde Líbano buscan presionar a Israel para que ordene una incursión terrestre. La intención es propiciar un conflicto urbano con la presencia de blindados para golpear con la misma crudeza que en 2006 en el sur de Líbano, donde los cohetes y minas anti tanques obligaron a Israel a replegarse.

¿Los países árabes qué pintan?

Más allá de algún reclamo y solicitud de moderación a Israel, las naciones árabes involucradas en los acuerdos de Abraham no harán nada. Es posible que si se llega a una incursión a gran escala al norte y sur de Israel, las fuerzas de los ejércitos árabes den soporte en el terreno y sirvan, dado el caso, como muros defensivos contra la milicia pro iraní Hezbolá.

De manera coyuntural se toman posturas tibias. Arabia Saudí y Turquía se muestran preocupados por estos eventos. Pero las alianzas de la monarquía saudí no deben cambiar para tomar la mano de su enemigo turco. Los intereses regionales pesan más que cualquier disquisición ética sobre la causa palestina.

Egipto por su parte, tendrá que controlar las líneas de suministro desde el Sinai hacia Gaza y en caso de aumento de la beligerancia, deberá poner su ejército al sur de Israel para ordenar la crisis humanitaria que se viene.

Hamas está ganando mucho y Hezbolá pesca a rio revuelto. Los acuerdos de Abraham se pondrán a prueba, mientras tanto los civiles en Gaza y en Israel estarán atrapados en un pulso violento.