Los refranes, como los mitos, consignas, símbolos nacionales, son reflejos de las relaciones de poder; y el poder los utiliza para legitimarse y conservarse.

Cuba es un país para entender la lucha política desde los símbolos. Y es que en una dictadura no existe oposición técnica, como en las democracias; pero existe, desde luego, un disenso que se manifiesta en el día a día de la gente: una resistencia cultural.

Desde siempre los cubanos han sido contestatarios en el escenario de los símbolos. Pero es innegable que desde los bustos del héroe nacional  José Martí manchados con sangre hasta los performances de Luis Manuel Otero Alcántara, el disenso se ha puesto particularmente interesante.

La protesta de trabajadores privados en Santa Clara, con ellos gritando una consigna asociada a la izquierda revolucionaria: “El Pueblo Unido Jamás Será Vencido”, ameritaría un análisis particular.

A uno le puede parecer bien o no, uno puede aplaudir esas cosas o deplorarlas, las leyes y discursos que el poder emite pueden deslegitimar tales acciones. Pero es innegable que han logrado uno de sus propósitos: impactar en la gente.

Luis Manuel Alcántara sabe el valor que tiene ese impacto en la gente, y lo ha trabajado rabiosamente, pero con inteligencia y enfocado. Y para ello ha usado como herramienta fundamental su propia humanidad, tal vez el único recurso del que dispone a voluntad, desde su condición de joven humilde, adversado por el poder que controla los escasos recursos en una Cuba de por sí empobrecida.

Alcántara ha bailado casi desnudo en la vía pública, en representación de la falta de privacidad de las personas que solo podían conectarse a Internet en “zonas Wi-Fi”; se ha arrastrado por las calles hasta la iglesia de San Lázaro, nuestro Santo más popular, como símbolo del martirio cotidiano del cubano. Y le ha pedido en una oración que cese la represión, pero también que cese el bloqueo, que “ni la muerte y la violencia sean el camino de la transición”, y que “mi generación recupere la fe”.

Alcántara no entra en el esquema de la oposición clásica, desconectada de la gente en Cuba. Su slogan “Estamos Conectados” es de una inteligencia que también ameritaría un análisis particular. De hecho, se define a sí mismo, más que como un opositor, como un artivista.

Quienes lo conocen personalmente, dicen que es un tipo muy popular en el barrio de San Isidro. La fuente de su artivismo está en lo que siente y padece la gente de su barrio humilde. Tal vez por eso, contrario a un refrán de mal presagio, Alcántara no se rompe.