Jonás Savimbi, un verdadero caudillo con ínfulas de rey africano, mostró lo que el poder omnímodo produce, sin importar ideologías. Fue abogado, político, maoísta, guerrillero y líder anticomunista y tirano, en una sucesión de cambios pragmáticos o ideológicos que lo llevaron a su muerte, acribillado a tiros tras 27 años de guerra civil en Angola.

Nacido el 3 de agosto de 1934 en Munhango, Moxico, a la sazón Angola portuguesa y caído en combate en la misma provincia, a orillas del río Luvuei (1.300 km al este de Luanda) en febrero de 2002, Savimbi dejó en sus 67 años un rastro de guerra perenne en la geografía angolana, emanado de sus inicios revolucionarios y de admirador del Che Guevara, pero también de su increíble tozudez y megalomanía.

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ABOGADO, REVOLUCIONARIO Y MAOÍSTA

De la tribu ovimbundu, la más numerosa del país, su padre era jefe de estación en la línea del ferrocarril de Benguela y también pastor protestante evangélico. Destacó por su deseo de aprender, obtuvo una beca en Lisboa, y tras su título de bachiller matriculó en la Facultad de Medicina.

Y por problemas con la policía política salazarista, por sus actividades nacionalistas, se fue a Suiza para unirse a los que preparaban la lucha armada en Angola. Estudió Derecho en Lausana, donde; según siempre dijo; se graduó de Licenciado en Ciencias Jurídicas y Políticas, y luego obtuvo el doctorado, aunque esto último siempre ha estado en entredicho.

Revolucionario de simpatías maoístas, Savimbi fue ministro de Exteriores en el Gobierno Revolucionario Angoleño en el Exilio de Holden Roberto y tuvo encuentros con líderes antiimperialistas africanos como Gamal Abdel Nasser, Kwame Nkrumah y Ahmed Sékou Touré y realizó giras el bloque socialista, incluida la URSS.

Fue a China a formarse en las tácticas de guerra popular prolongada de Mao. En esta época intentó acercarse al Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA), pero su antipatía por su líder, Agostinho Neto, lo frustró. Fundó su propia organización político-guerrillera, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), en marzo de 1966.

GUERRILLERO, CAUDILLO Y ANTICOLONIALISTA

Y al mando de la UNITA, que funciona como su ejército personal, da uno de sus bruscos bandazos ideológicos y pragmáticos y se acerca a lo que puede considerarse un enemigo natural: el régimen de la Unión Sudafricana, para abastecerse de armas y enfrentar al MPLA. La UNITA será utilizada por la policía política salazarista para dividir a los rebeldes.

Mantiene sin embargo sus nexos con la China de Mao que, enfrentada a su vez con la URSS por el liderazgo comunista mundial, pasa por alto e incentiva la guerra de Savimbi contra el MPLA; apoyado por los soviéticos y Cuba; hasta la independencia angolana en 1975.

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Habiéndose apropiado de casi un tercio del país y fijado capital de su denominada República Popular Democrática de Angola en Jamba (ciudad construida por la UNITA al sur), Savimbi con un ejército estimado en 30 mil hombres, se une a la invasión sudafricana de Angola, que a la postre es derrotada por las tropas de angolanos, cubanos y soviéticos.

Pero en 1981, Ronald Reagan ganó la presidencia de los EE.UU y Savimbi viajó allá, fue recibido con honores de jefe de estado, y obtuvo el reconocimiento de la UNITA como organización política y alternativa de poder, lo que significó la ayuda encubierta de la CIA.

ANTICOMUNISTA Y ALIADO DE SUDAFRICA

Y gracias a la ayuda, Savimbi levantó un ejército estimado en 60 mil efectivos. Aunque su alianza con Pretoria le causó inconvenientes (oficialmente se desvinculaba de la invasión sudafricana), mantuvo su política de “el enemigo de mi enemigo, es mi amigo”.

Pragmático y oportunista, reclutó mercenarios blancos y ex oficiales portugueses con el argumento de que “luchar contra el régimen marxista y dictatorial de Luanda primaba sobre otras consideraciones”, mientras enfatizaba que la UNITA se oponía al apartheid. Esa alianza, no esclarecida hasta hoy, disminuyó el apoyo a la UNITA en el continente.

Entonces, Savimbi volvió a dominar casi un cuarto del territorio angoleño al centro y sur, pero su ejército menos profesional y la carencia de fuerza aérea, impidieron que la UNITA amenazara Luanda y tomara el poder alguna vez. Su último intento terminó en Cuito Cuanavale con enormes pérdidas ante tropas cubano – angolanas.

POLÍTICO, DERROTADO Y GUERRILLERO OTRA VEZ

Y en un escenario adverso (independencia de Namibia, cercano el fin el apartheid), las derrotas militares, lo hicieron entender que la salida bélica era inviable. En mayo de 1991 firmó la paz en Lisboa, tras 16 años de guerra civil con 300.000 muertos, 100.000 mutilados y muchos más desplazados por el conflicto.

Una victoria de Savimbi, fue que el acuerdo estipulaba la reinserción de la UNITA en la sociedad civil y la contribución de efectivos a las nuevas Fuerzas Armadas Angoleñas (FAA). También el MPLA abandonó el marxismo y adoptó la democracia pluralista. Con  garantías de su seguridad, en septiembre de 1991 Savimbi y su estado mayor regresaron a Luanda, por primera vez desde la independencia.

Pero en las históricas elecciones generales de 1992. Savimbi fue derrotado otra vez. El llamado “Gallo Negro” (por la insignia en su bandera) cantó fraude, pese a la certificación internacional de los comicios. Pudo más el miedo de la población urbana al militarismo de la UNITA y sus arengas xenófobas contra blancos y mulatos, y, en el campo, los recuerdos de la guerra (requisas de cosechas, reclutamientos forzosos, prácticas de tierra quemada).

Y fue derrotado incluso en sus feudos de las provincias de Bié, Benguela, Huíla y Namibe, por lo que volvió a la guerra. El 3 de octubre abandonó clandestinamente Luanda, según la UNITA por una conspiración para matarle, y se hizo fuerte en Huambo. En la capital fuerzas especiales del Gobierno arremetieron contra sus cuadros dirigentes y militantes, matando a entre 2.000 y 12.000 de ellos.

CAUDILLO, REY FRUSTRADO  Y POLÍTICO DE NUEVO

Savimbi fue culpado de no aceptar el veredicto de las urnas y obstinarse en la vía militar para conquistar el poder. Su aureola de demócrata, tan publicitada antaño, se vino abajo dando paso al caudillo, otro señor de la guerra africano más, con un anhelo obsesivo de poder, tiránico en sus dominios, donde no se respetaban derechos ni garantías individuales.

Y aunque sinnúmero de testimonios certificaban que siempre fue así, se difundió que ahora el Gallo Negro dirigía su coto territorial como un auténtico dictador. Prosiguió la guerra por el mercadeo de diamantes de sangre con lo que nutrió su arsenal con armas, ligeras y pesadas, y con los ricos recursos agrícolas de las regiones centrales, para alimentar a su ejército.

Esta formidable estructura no le sirvió. El plano internacional lo condenaba y cuando la UNITA atacó instalaciones de Chevron; dueña de un gran porcentaje de la explotación de petróleo; su último aliado, Estados Unidos; tomó la decisión en la persona de Bill Clinton de cambiar definitiva y radicalmente de alianzas en Angola.

Nuevas derrotas obligaron a Savimbi a un acuerdo de paz en Lusaka, Zambia y en 1997 inició su andar el tan postergado Gobierno de Unidad y Reconstrucción Nacional (GURN), teniendo UNITA 11 ministros y viceministros. Fue investido de un “estatus especial”, con privilegios como tener consultas regulares con dos Santos sobre altas cuestiones de Estado.

EL PESO DE LA FAMA, EL PRAGMATISMO Y LA TERQUEDAD

A pesar de la paz, siguieron los movimientos de tropas e incluso choques entre el Ejército y efectivos de la UNITA renuentes a ser desmovilizados. La comunidad internacional culpó a Savimbi del estado de cosas. La ONU endureció las sanciones a la UNITA para sumar a la administración del GURN las áreas bajo su control en Bié y Moxico.

Para colmo estallaron guerras civiles en Zaire (luego República Democrática del Congo) y la República del Congo, cambios de régimen y anarquía. Savimbi, hábil pescador en aguas revueltas, repuso aliados, sacó ventajas y disfrazó su lid con el MPLA en la inextricable maraña de alianzas que enredó a más de 20 ejércitos y guerrillas de nueve países.

Y Luanda se decidió a destruir al incorregible enemigo. Los representantes de la UNITA fueron expulsados del GURN y la Asamblea Nacional, derogaron el “estatus especial” de Savimbi y lanzaron una ofensiva general contra sus fuerzas y enclaves.

El Gallo Negro obtuvo suministros de Togo, Burkina Faso y de Zambia, burlando las sanciones internacionales, gracias a la venta de diamantes de sangre.  Por ello, bien armado y con 40 mil hombres se empecinó en la ruta de su final. En 1999 perdió Andulo, Bailundo, Mungo y Jamba, las últimas piezas de su antaño artificial país.

EL FIN DEL ÚLTIMO CAUDILLO AFRICANO DE LA GUERRA FRÍA

El último error de Savimbi fue rechazar una amnistía general ofrecida por Dos Santos mientras continuaba una guerra de destrucción total, pero con disidencias y deserciones que iban minando la capacidad combativa de la UNITA. El ejército se lanzó a cazarlo y en 2002 consiguió abatirlo. Su cuerpo fue mostrado en un campo en las inmediaciones de Lucusse, a unos 700 km al este de Luanda.

En un rasgo de ironía trágica, fue el general M. Nunda, uno de los más brillantes estrategas de la guerrilla de UNITA; designado por Savimbi para ingresar a las FAA; quien planeó por meses los detalles. Nunda optó por quedarse en el ejército y respetar el juramento de lealtad a la patria cuando Savimbi rechazó su derrota en las urnas y decidió volver a la guerra.

La operación fue ejecutada por el general de brigada Simao Carlitos Wala, comandante del vigésimo batallón de tropas especiales de las FAA, quien reveló que Savimbi pretendía llegar a la frontera con Zambia. La emboscada obligó al grupo de Savimbi a entrar en combate, este se defendió en vano con su arma hasta el final, y cayó acribillado luego por 15 disparos.

UN LEGADO DE CAMBIOS, MILLONES Y SANGRE

La herencia de Savimbi superaría los 2.000 millones de dólares fruto de su comercio ilegal de diamantes de sangre. Dejó a cuatro mujeres viudas y un número indeterminado de hijos huérfanos (algunos dicen que 30), pero más que todo, legó un país devastado y miserable por la intransigencia belicista y las prácticas predatorias de todos los contendientes.

Autoritario e intransigente, Jonás Savimbi era también “muy inteligente y carismático” según Fred Bridgland, autor de la biografía «Jonas Savimbi: a Key to Africa», pero “traicionó a su pueblo. Arruinó su movimiento debido a su paranoia y a su apetito sexual” dijo Bridgland a la AFP.

A casi 20 años de su muerte, aún se recuerda al último caudillo de la Guerra Fría en África. Hombre de carisma y fuerza casi mágicos, a juicio del escritor angoleño José Eduardo Agualusa, impresionaba al que se le aproximase: “Fue un ciclón admirable y pavoroso, probablemente el hombre más extraordinario que pasó por Angola y el peor (…) Podía haberse transformado en el segundo Nelson Mandela, pero prefirió ser Atila”.