Playa Santa Lucía, foto de Luis Alveart

La Playa Santa Lucía de Cuba es una maravilla que espera a 110 km de la ciudad de Camagüey, en el centro de Cuba, a los amantes del turismo de sol y playa, como una de las promesas principales del país con varios hoteles, centros comerciales y resorts, pero, enfatizo el término: ESPERA.

Estos 27 kilómetros de playa arenosa de origen coralino se ubican al sur del Canal Viejo de Bahamas, en medio de un entorno semidesolado, natural, virgen y paradisíaco que, sin saber bien las razones, han sido ignorados por años sin darle la categoría que merecen. Con mayor área y posibilidades de desarrollo que otros destinos turísticos cubanos, ha sido postergado constantemente.

El ancho promedio de la franja de arena con sol es de 15 metros. Sus aguas tranquilas son ideales para deportes acuáticos, pesca superficial, caza fotográfica submarina y los baños de mar. Las áreas de baño son de mar muy calmado, transparentes y de fondos arenosos. La profundidad mayor es de 1,8 metros, la ausencia de especies agresivas la convierte en algo ideal para un destino de su tipo.

Naturaleza, pura vida.

La playa está resguardada por una gigantesca barrera coralina, como una gran piscina natural. Es parte del arrecife del norte del archipiélago cubano, que se extiende desde Varadero, hasta el extremo oeste de la costa norte de la provincia, lo que la convierte en la segunda mayor del mundo solo superada por la australiana.

Entre la barrera y la línea de costa, el mar alcanza una profundidad máxima de 3 metros. Los corales albergan una variada y nutrida masa de peces crustáceos y moluscos de vistosos colores, como el pez payaso, el pez loro, el cangrejo centolla, langostas y entre ellos, cerca de la boca del puerto de Nuevitas, se puede disfrutar de un espectáculo único: alimentar a los tiburones junto a un equipo especializado de buzos del centro “Shark Friends”.

Santa Lucía, paraíso caribeño.

Como zona caribeña al fin, las playas son flanqueadas y sombreadas por numerosos cocoteros, uvas caletas, boniato de playa y algunas casuarinas. La fauna intrínsecamente vinculada con el mar incluye flamencos, gaviotas, pelícanos, iguanas, cangrejos y numerosos peces del arrecife, en menor medida en sus aguas se encuentran erizos, estrellas de mar y las gigantescas caracolas de los cobos. Las medusas son raras y pequeñas.

Tal maravilla de destino resguarda entre su suave oleaje mitos y leyendas vinculados con la piratería. El 2 de julio de 1555, Jacques de Sores, lugarteniente del tristemente célebre François Leclerc (Pata de Palo), sin piedad la antaño Puerto Príncipe; hoy Camagüey; desembarcando por su costa y después de  intenso saqueo de reses, quesos, tasajos y asesinatos, violó a sus mujeres y las dejó abandonadas en los cayos del Archipiélago Sabana-Camagüey, saliendo por Santa Lucía.

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También los 27 km de deliciosa playa fueron testigos de las andanzas de Jean Lafitte, “el Pirata del Golfo”, quien explotó factorías negreras y mantuvo por años el comercio de contrabando con los pobladores de la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey.

Tanta historia vinculada a un destino añora ser contada y tener una infraestructura necesaria y desarrollo para eso. A pesar de sus innegables riquezas, Santa Lucía de Cuba sigue en un inmerecido letargo. Quienes disfrutamos de la caricia de sus olas, del sol picando en la piel curtiéndola junto al salitre tras nadar en sus diáfanas aguas, de la sensación inenarrable de ver la luz roja del amanecer o el ocaso flotando sobre la masa verdeazul ondulante, al influjo de la brisa marina, añoramos que esa maravilla abandone de una vez su larga espera.