Protestas en Thailandia contra el golpe militar en Birmania. Foto de ฮิ นะ จัง เชียงใหม่

Si algo ha asombrado al mundo desde que el 1° de febrero un golpe militar en Birmania derrocara al gobierno de la Liga Nacional para la Democracia (LND), es la violencia con la que la junta golpista, liderada por el general Min Aung Hlaing, la ha emprendido contra todos los que se oponen al ejercicio de su poder omnímodo. Una nación que convulsiona como nunca antes viera, con manifestaciones impensadas hasta en 1988, cuando el enfrentamiento de jóvenes estudiantes al anterior gobierno militar.

Hoy a las capas etarias de gente madura que han conocido la tímida transición a la democracia de varios años, se une un importante sustrato: los jóvenes conocedores de la informática llamados “Generación Z”, que impiden que haya un incidente que se pierda, un asesinato o represión que no se informe y sea transmitido al mundo usando Internet. Son los que han impuesto la mano con los tres dedos alzados como símbolo de rebeldía y lucha.

Según Bertil Lintner, periodista, autor y consultor estratégico sueco sobre Asia durante casi cuatro décadas, este es un elemento que no tuvo en cuenta la cúpula golpista para lanzar su asalto al poder. La frase: “Te metiste con la generación equivocada” se escucha a menudo durante las protestas. Y son esos jóvenes talentosos los que representan el futuro de Birmania, no algunos generales empeñados en mantener al país bajo su férreo capricho.

Resistencia y represión

La cifra de muertos y heridos es imprecisa, pero ya se acerca con creces al millar. Entre ellos la mayoría son adolescentes con un disparo en la cabeza, lo que indica que las fuerzas represoras emplean francotiradores contra los civiles rebelados. Videos muestran a soldados deteniendo ambulancias identificadas con la cruz roja, sacando a los socorristas y golpeándolos sin piedad. En Yangon; la ciudad más grande del país; los soldados prohibieron a los médicos atender manifestantes heridos y en Mandalay, imágenes mostraron a un soldado disparando su fusil en un hospital.

Las manifestaciones contra el golpe no cesan y aunque el número de quienes enfrentan la arremetida brutal de ejército y policía en las calles disminuye, no significa que termine la resistencia prodemocrática, simplemente se toman otras vías para resistir a la dictadura. A los jóvenes de la “Generación Z” se suman otros que forman la juventud madura birmana, ya con hijos y empleos que peligran por el gobierno militar. Un caso relevante es el de los guías turísticos, que aprovecharon la incipiente apertura tras el gobierno transitorio para desarrollar una floreciente industria. Muchos de ellos alimentan a los manifestantes callejeros para favorecer la resistencia urbana. Donan comida, agua y brindan apoyo y socorro a los agredidos, baleados o golpeados por la policía.

En todo el país policías y soldados destrozan las motocicletas, autos y negocios de cualquiera, este es otro sector que resiste a la dictadura por los perjuicios para sus propiedades y el peligro constante para su propia vida. Han sabido que nadie está a salvo de la furia homicida de los uniformados.

LND y democracia

Como centro de las aspiraciones populares funge La Liga Nacional para la Democracia (LND), partido fundado en 1988 y dirigido por Aung San Suu Kyi, su Secretaria General. Gobernó desde 2015 hasta el golpe de Estado, aunque con una democracia “vigilada” por el Tatmadaw.​ En las elecciones parlamentarias de 1990 el partido ganó 392 de 492 escaños, pero la junta militar gobernante, conocida como SPDC (Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo) no permitió la formación de un nuevo gobierno. ​En su lugar el ejército procedió al arresto de los cargos electos del partido y a la desarticulación del mismo.

En las elecciones legislativas de 2015 el LND ganó la mayoría absoluta en ambas casas (Hluttaw) de la Asamblea, dando fin a varias décadas de dominio militar, pero teniendo que convivir con una Constitución y leyes arregladas por los uniformados para mantener su poder dentro del estado.

Por estas fechas, varios líderes de la LND se encuentran fugitivos, otros en arresto domiciliario e incomunicados (como la propia Aung San Suu Kyi) mientras han sido asesinados dos de sus más prominentes diputados, ambos en las mismas circunstancias: arrestados y torturados hasta la muerte en sus calabozos.

Ahora bien, lo que la gente en las ciudades experimenta (asesinatos, robos y destrucción de propiedad) es lo habitual en las áreas de minorías étnicas que por décadas han sufrido el embate del Tatmadaw (ejército nacional), junto con el incendio de aldeas, la violación de mujeres, la esclavitud sexual de jóvenes y su posterior asesinato, a lo que hay que sumar la expulsión de grandes masas de población de sus lugares de residencia so pena de exterminio.

Golpe militar en Birmania. La otra cara de la moneda.

El otro bando en el conflicto es el militar/policial, dirigido por generales que han mostrado su falta de escrúpulos en todo sentido, solo interesados en mantener el estado de cosas en Birmania, donde pretenden perpetuarse como una fuerza pendular, a cargo y decisiva en cualquier dirección que cualquier gobierno quiera tomar. ¿Por qué soldados y policías son capaces de tanta violencia, aparentemente sin dudarlo? ¿Ninguno desobedece las órdenes?

La respuesta es: solo algunos. Bertil Lintner sostiene que “el mito perpetuado por la junta y algunos académicos occidentales y analistas a medias, es que el país se derrumbaría si los militares no estuvieran en el poder. Las fuerzas armadas son el supuesto «pegamento» que mantiene unido a un país étnicamente muy diverso. Este golpe y lo que ha seguido deberían haber puesto fin a lo que quedaba de tales cuentos de hadas entre el público en general”.

El supuesto «patriotismo» militar es solo un velo sobre el hecho de que desde la primera asonada castrense en 1962, el Tatmadaw se convirtió en un estado dentro de otro, con ventajas, privilegios y dominio económico que no quieren abandonar, lo que justifica cualquier cosa para aplastar oposición. Según Lintner, el factor principal de que el ejército se rehúse a ceder poder a manos de un gobierno civil; como el liderado por la NLD durante 2016-2021; es el miedo.

El General Min

El Comandante en Jefe, General Superior Min Aung Hlaing, sabe que sus opciones son el poder, la cárcel, el exilio o algo peor, de perder el primero y lo mismo pasa con otros oficiales de alto rango, máxime con lo que ocurre desde su asonada. De ellos hacia abajo, es difícil hallar un oficial libre de culpa y cargo, como también los soldados. Todos temen la justicia por crímenes de lesa humanidad si suelta las riendas del poder.

Un motín total dentro del ejército o un contragolpe de oficiales descontentos (como ha ocurrido en otros escenarios y países a lo largo de la historia) son improbables, pero existe el miedo a que un rebelde solitario, secundado por camaradas, pueda  tomar sobre sus hombros una decisión que cambie la historia.

En Birmania se dio esa situación en 1963, cuando el capitán Kyaw Swa Myint atentó contra el dictador militar, general Ne Win, aunque falló y  Swa Myint tuvo que escapar a Tailandia y luego a Australia. Su esposa, madre y hermanas fueron encarceladas y torturadas. En 1976, Ohn Kyaw Myint, otro joven capitán del ejército; mejor graduado de su promoción; intentó matar a Ne Win confabulado con algunos de sus camaradas, para provocar la caída de un gobierno que tenía al país abocado al desastre por 14 años. No lo consiguió y fue ejecutado. Uno de los testigos en el juicio de Kyaw Myint fue el suboficial Than Shwe, a la postre dictador de Myanmar desde 1992 hasta las elecciones de 2010.

El ejército en las soluciones

El servicio de inteligencia militar ha sido reestructurado y depurado varias veces tras aquellos sucesos, pero mantiene su objetivo de espiar a los militares para detectar signos de disidencia dentro del cuerpo de oficiales. El desafío a la autoridad suprema persiste como crimen de lesa humanidad, por lo que la mayor parte de los que ostentan rangos prefieren sumarse al status quo y pertenecer a la institución que les garantiza bienestar por encima de la media del común birmano.

Es casi imposible que un cambio en Birmania pueda venir sin miembros del ejército que se involucren y tomen partido a contrapelo de sus órdenes y jefes. El Tatmadaw es sin dudas la institución más poderosa y con mejor estructura y cimientos del país desde 1962. Cómo se desenvuelvan los acontecimientos y si esa disidencia imprescindible en las instituciones armadas se produzca, cae en el plano de la hipótesis, pero sí se puede afirmar con certeza que Myanmar/Birmania no será la misma tras la carnicería desatada a partir del 1° de febrero de 2021.