El cuerpo humano no puede resistir más de una semana sin agua; el colapso de los órganos se vuelve inevitable. Esta es la situación a la que se enfrenta Luis Manuel Otero Alcántara, uno de los artivistas cubanos más importantes de los últimos 20 años. Alcántara sobrepasó el límite de los 6 días y es consciente de los graves peligros a los que se enfrenta.

El día de hoy la abogada Laritza Diversent y amiga de Luis Manuel dio a conocer su mensaje, donde revela el crítico estado del defensor de los derechos humanos en Cuba. Su búsqueda de fuerza para sobrevivir un par de días más conmociona las redes, los medios independientes se hacen eco para despertar a la población cubana, dentro y fuera de la isla. Mientras que ya se reportan pequeñas manifestaciones internacionales frente a representaciones diplomáticas cubanas.

La actual protesta de Luis Manuel Otero ocurre tras la represión que vivió el país durante el Octavo Congreso del Partido Comunista. En esta demostración de fuerza del régimen allanó su vivienda en el barrio San Isidro y confiscó sus obras. Previo a estos desmanes el gobierno colocó una cámara frente a su casa para mantenerlo monitoreado. El artista vive vigilado y en peligro permanente de ser detenido o agredido por fuerzas represivas.

Otero Alcántara está decidido, «la huelga es un mecanismo de lucha, voy a poner mi vida en riesgo para recuperar mis obras, porque para mi el arte lo es todo», expresó. Sobre este argumento se soportan sus demandas. «No voy a permitir que ellos rompan mis obras, si lo hicieron me van a indemnizar y ese dinero lo voy a emplear en el barrio San Isidro que ha sido víctima de la vigilancia», reafirmó.

¿Y si el régimen no cede?

Es simple, si el gobierno no pide disculpas, indemniza a Luis Manuel y manda a recoger a sus camada de represores de las calles solo hay dos alternativas. La primera que Alcántara se mantenga en su criterio inicial y se deje morir o la segunda, que comprenda el valor de su papel en la concientización de los cubanos para un cambio futuro y abandone la huelga, salvando su vida para nuestra causa.

Si alguien espera que la muerte de Alcántara servirá de catalizador de un levantamiento popular, lamento decir que eso tiene muy pocas probabilidades de ocurrir. No dejo de recalcar, bajas probabilidades significa que excepcionalmente podría ocurrir, pero que lo más seguro es que nada pase. Algunos alegarán que cuando Gandhi se ponía en huelga la India se paralizaba, pero eso no se logró de la noche a la mañana, Gandhi demoró más de 30 años en llegar al corazón de la mayoría del pueblo indio, vio pasar con paciencia dos guerra mundiales antes de que el mayor imperio colonial del mundo cediera.

Nos quedamos sin tiempo

El régimen sabe muy bien que no puede permitir que esta huelga de Alcántara atraiga al interior de su morada a huelguistas solidarios. No están dispuestos a aceptar otro San Isidro y un 27N. Si Luis Manuel muere ya tienen engrasado el sistema de linchamiento televisivo para culpar a la «mafia de Miami», los medios independientes o cualquier otro chivo expiatorio. En las semanas posteriores aumentarán el abastecimiento en las tiendas en CUP, MLC y mandaran pollo a las carnicerías y la gente olvidará el sacrificio de un joven valioso.

Ahora mismo las tendencias de Google en Cuba demuestran una desconexión total del país con lo que ocurre en San Isidro. En este momento el régimen se pone en el altar de los santos con su vacuna Soberana 2 y con ella sepultará mediaticamente dentro de la isla cualquier intento de acción popular coordinada.

Alcántara no puede esperar más tiempo a que exista una recapacitación del régimen. Aunque el artista mantiene: «tengo fe en que el régimen si va a ceder…esa fe nunca me la van a quitar». La realidad es que el régimen cubano por definición es represivo y está preparado para justificar la muerte de cualquier ciudadano que apueste por la democracia como único camino en Cuba.

Es necesario que el accionar de la sociedad civil sea contundente y solicite con carácter urgente el fin de la huelga de hambre y sed que mantiene Alcántara. Perder al joven que inició, con muy buenos resultados, la batalla cultural contra la dictadura, es como perder a un prestigioso general en una escaramuza de guerra. El cambio en Cuba no necesita a Alcántara como estandarte, lo requiere como vanguardia creativa y performance liberador.