Perú, uno de los países pioneros en la apertura liberal de su economía en Sudamérica, hoy reporta índices y realidades tan dispares, como un incremento de 10% de pobreza en 2020 (más de tres millones de personas). Casi un tercio de la población (3.330.000) no cubre sus necesidades básicas, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

Y en total son 10 millones los pobres, pero el punto resaltante, es la distribución. Según el Banco Mundial, la mayoría de los peruanos que mejoraron su nivel de vida con el boom de inversiones neoliberal, son de áreas urbanas y del centro. Los de las sierras y rurales, donde la pobreza, el analfabetismo y la precariedad se imponen, no disfrutan de los mismos índices de bienestar o desarrollo.

De ahí viene Pedro Castillo, un profesor comunista del Perú profundo que saltó a los titulares tras liderar una huelga magisterial en 2017, nacido en Chota, capital del distrito y de la provincia homónimos en el departamento de Cajamarca, en el norte montañoso, uno de los 24 que componen la República.

ASCENSO Y CAÍDA DE LA TIERRA DE LOS INCAS

Abrirse a nuevos mercados permitió al país Perú beneficiarse de precios récord de la exportación de sus minerales, en especial a China, y atrajo inversión extranjera, con lo que pudo reducir la deuda pública y la inflación, y aumentar su ahorro nacional.

Las exportaciones aumentaron de 3.000 millones de dólares en 1990 a 36.000 millones en 2010. Bajo el gobierno del ahora preso por crímenes de lesa humanidad Alberto Fujimori, la economía se estabilizó y siguió creciendo, al mismo tiempo que la pobreza hasta 2001, cuando el impacto social del ajuste explotó; según refleja en un reportaje la BBC.

La austeridad severa y otras políticas significaron recortes presupuestarios y pérdidas de empleo… y la gente salió a las calles a manifestarse, grandes protestas frente al Palacio de Gobierno reclamaron servicios básicos y trabajo. Algunos lugares tuvieron agua y luz en seis años. Otras comunidades tuvieron que esperar 10, 15 o 20.

REALIDADES Y RAZONES PARA EL ASCENSO DE CASTILLO

Y la tasa de pobreza rural sigue siendo alta, mucho más que la urbana. Se necesita más inversión en salud y educación. Gran parte de la economía de Perú es informal, por lo que muchos no pagan impuestos, y los impuestos son un ingrediente esencial para tener esos mejores servicios sanitarios y educación.

La corrupción, ese mal casi endémico de las sociedades latinoamericanas, lo es también en el Perú de hoy. Pensión 65, un programa de ayuda a para ancianos indigentes, es un botón de muestra. Sus beneficios se van reduciendo a lo largo del proceso burocrático hasta que llega a las manos de los necesitados.

De la clase política, ni hablar. Según encuestas públicas, una de las instituciones con más descrédito es precisamente esa clase, sustentado en los negociados, los “cambios de bando” y el soborno por diferentes razones. Y eso, sin mencionar la pésima gestión de la pandemia de coronavirus, con un sistema de salud colapsado y pocas esperanzas de vacunación.

EL PLATO DE LA IZQUIERDA

La división del voto entre Lima y la costa norte, y las otras regiones se explica entonces por lo dicho anteriormente. Los Andes y el sur del país votaron por Castillo. Lima, la costa norte y parte de la selva, por Fujimori. Los datos que la Oficina Nacional de Procesos Electorales anunció el domingo mostraron de forma inequívoca las preferencias.

Castillo ganó en 16 de las 24 regiones del país. Al norte y en el centro de los Andes ganó en San Martín, Cajamarca, Amazonas, Huánuco, Pasco y Junín. También en Áncash, región al norte de Lima. En la selva ganó en la región de Madre de Dios. En los Andes sur triunfó en Huancavelica, Arequipa, Moquegua, Tacna, Ayacucho, Apurímac, Cusco y Puno.

Y dato relevante: en Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Cusco y Puno ganó con más del 80% de los votos, repitiendo una tendencia de 20 años. “Más que de izquierda es un voto que tiene de reivindicación e identidad, una inclinación por los candidatos con raigambre mestiza, andina” dijo a BBC Mundo Gonzalo Banda, analista político de Arequipa, al sur.

Castillo, al ser de Cajamarca, “es un candidato que empatiza mucho con la identidad serrana, sobre todo en la sierra rural peruana», votar por él tiene “un componente identitario muy fuerte” y en el sur “hay una larga historia de dirigentes que siempre han protestado contra las élites limeñas”. “Ahora se dice que son ‘antisistema’, pero antes hacían revoluciones”, afirma Banda.

EL PLATO DE LA DERECHA

Fujimori ganó en ocho regiones: Lima, la capital; Ica, al sur; las regiones norteñas de Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, y las regiones selváticas Ucayali y Loreto. El voto en Lima, “a favor del modelo”, es tendencia casi estable y podría explicarse porque, como en toda o casi toda capital, hay oportunidades que; si se trabaja; permite mejorar.

En cuanto al norte, el voto favorable a Fujimori se explica porque allí está presente la imagen de su padre, ayudando a la gente durante el fenómeno de El Niño (que suele afectar en mayor proporción a la costa norte), o el conflicto con Ecuador, cuando el expresidente tuvo un protagonismo importante al firmar la paz con el país vecino en 1998.

Ica y el norte son zonas agroindustriales de exportación, pujantes, boyantes. Persiste  bonanza económica y empleo para casi todos. La pobreza en Ica y el norte ha disminuido en gran medida.

LAS RAZONES DE POR QUÉ CASTILLO CASI ES PRESIDENTE

Keiko Fujimori, es una candidata “limeña”, vinculada con las crisis políticas de los últimos cinco años en Perú. Su partido apoyó la renuncia y destitución de dos presidentes. Y, según Banda “al sur no les gustan los mandones. Hay un aire de auténtica rebeldía republicana. Cuando todo el Perú parece olvidarse, el sur no se olvida”.

En el sur (y otras regiones de los Andes, como Cajamarca), el voto por Castillo también tiene un componente económico, ya que ganó en las zonas de Perú con mayor riqueza minera, como Arequipa. Las empresas se llevan mucho y dejan poco. La minería produce muchas ganancias, pero con poca mano de obra. Son pocos los que se enriquecen con ella.

Lejos de la mentalidad liberal de Lima y su entorno, la del sur es una identidad propositiva con recursos naturales al servicio de la comunidad, puros valores andinos. No es la neoliberal de la Constitución del 93 (la de Alberto Fujimori), ni en el norte hay líderes contestatarios a la élite limeña.

Cuando faltan cada vez menos votos para determinar quién regirá los destinos del Perú en los próximos años, más dudas sobre el horizonte se plantean, pero la principal es si quien resulte electo podrá cerrar las grietas y eliminar las razones para una polarización tan grande, no solo del voto, sino de las percepciones de país de los peruanos.