La reacción del gobierno cubano ante la canción Patria y Vida ha sido de una rapidez pocas veces vista. Todos los medios de prensa del Partido Comunista salieron a la batalla para desacreditar la obra. El presidente del país y figuras subordinadas se han pronunciado, llegando a calificar la canción de himno de insurrección.

Tanto pavor a un canto despierta la curiosidad. El gobierno cubano no consultó a sus tanques de pensamiento, simplemente reaccionó, sin el más mínimo análisis. Todo el aparato propagandístico se lanzo contra cantantes, poniéndolos al nivel de adversarios políticos peligrosos. Un error evidente que cualquier asesor habría recomendado no remover el estiércol.

La contracampaña es un desastre publicitario, puro panfleto. En tiempos de crisis, donde el sentimiento está a flor de piel, no se deben usar manualitos politiqueros, hay que pegar el oído al sentir popular y no soltar a presentadores (canchanfletas) a ladrar en defensa del Machi y de la Revolución sin rumbo. Basta con mirar las tendencia de Google en la Cuba conectada, para comprender la magnitud del descalabro.

El mandatario cubano que le ha cogido el gusto a Twitter intenta replicar con vehemencia que «Patria o Vida» no es el lema, sino el vetusto sinsentido de «Patria o Muerte», algo que no sirve de condimento a lo poco que puede encontrar el cubano para alimentar a su familia. Negados al diálogo y quebrados hasta el tuétano se ven superado por cantantes y artistas contestatarios, una muestra que la «Revolución de los aplausos», sigue viva.

El fin del simbolismo castrista

Desde que la naturaleza se llevó a Fidel, ninguna otra cosa más había destruido los símbolos oficiales del régimen, que tanto trabajo costaron imponer. Carentes de carisma, la dirigencia del Partido Comunista se aferra a lo construido por el extinto Comandante Castro.

De manera sistemática la maquinaria propagandística se dedicó a secuestrar símbolos, patentar el nombre de Cuba como propio y restringir el privilegio de la nacionalidad a los adeptos. En el discurso oficial, Cuba es el gobierno comunista, y los cubanos el pueblo «heredero de las tradiciones de lucha de la Sierra», los que son continuidad. En el lado opuesto se encuentra el antipueblo, constantemente dibujados en la prensa oficial como gusanos, traidores, excubanos.

Los beneficiados del régimen temen ahora un viraje de la tortilla: la aparición de un nuevo simbolismo que represente los intereses del pueblo cubano. Ver elevarse un eslogan contundente como «Patria y Vida», fue escuchar trompetas del apocalipsis.

El gobierno enfrenta una avalancha de ataques en todas las direcciones, la batalla cultural se va perdiendo poco a poco. La gota malaya quiebra la piedra, se pierde el miedo, se protesta, se ridiculiza las instituciones, simplemente no hay respeto. El pánico a la represión se derrite. Es aquí donde comenzará la ofensiva; y el régimen lo apostará todo.

Los ganadores escriben la Historia. El cubano moderno no entienden para qué se celebra el primero de mayo en un país de trabajadores miserables. La gente nueva no comprende porqué el «hombre nuevo» le pide celebrar el primero de enero, una fecha que solo simboliza la involución. Pero… las nuevas generaciones comprenden perfectamente lo que significa San Isidro y el 27 de noviembre.

Los tiempos cambiaron, los dinosaurios seguirán gritando: «Meteorito o Muerte», pero todos conocemos el desenlace de esa historia.

Plantados, otro símbolo de la Nueva Cuba que emerge.