Vista del Paraguay World Trade Center, Asunción. Foto: Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Para todo extranjero que decida emigrar a Paraguay resultará difícil la idiosincrasia local. Los choques empiezan con el doble idioma, y la mezcla de castellano con guaraní llamada “Jopará” (se dice yopará) en la que suenan apóstrofes como na, pio, piko, tras palabras castellanas y lo mismo suena un ¿mba’e? en lugar de ¿cómo?; que ere ere’a; o cómo sea…

Y emigrar a Paraguay, en el mismo centro de Sudamérica, es algo complicado pues requiere de un nivel económico demostrable con cuentas de al menos 15 mil dólares en banco, un visado obligatorio para todo extranjero, aunque hay nacionalidades “beneficiadas” con la benevolencia de los diplomáticos paraguayos. Europeos o norteamericanos entre ellos.

A lo largo de los años, sobre todo tras el fin de la dictadura de Stroessner en 1989, varias olas migratorias se han producido. La mayor sigue siendo la de los chinos taiwaneses, pero también árabes; casi todos ubicados en Ciudad del Este, limítrofe con Brasil, zona de la Triple Frontera Paraguayo – Argentino – Brasileña; latinoamericanos y ahora hindúes.

Río Paraguay desde Puente Remanso. Foto: Wikimedia Commons con licencia CC BY 1.0

EMIGRAR A PARAGUAY, TRABAJAR, ASENTARSE

El uso de ambos idiomas indistintamente posibilita a los paraguayos comunicarse entre ellos sin que el interlocutor ignorante del guaraní se percate de qué rayos se están diciendo. Algo muy favorable para los comerciantes y vendedores de toda laya que abundan en los mercados municipales y cualquier sitio.

En Paraguay, se compra y se vende todo y no hay sitio donde no se venda. Quincallas ambulantes en las aceras, suben a los buses y sueltan una ráfaga: “Amilguaranílajugo”, o “Tohallitaparalamanomediazoqueteypañueloatremíiii”. Es raro aunque no imposible hallar vendedores extranjeros en esta modalidad, peruanos y bolivianos también la ejercen.

Otros se dirigen al “estimado pasajero, con el permiso del amable conductor, quiero rogarles un minuto de su atención para presentarles en esta ocasión una oferta especial…” y a partir de ahí ponderan lo mismo un cepillo de dientes que un taladro chino o una enciclopedia que acompañan con cualquier otra baratija para enganchar clientes.

También se encuentra en todo sitio lo necesario para el hogar y la cocina, proveniente del contrabando desde la Argentina o el Brasil. Aceites, frutas, jabones, pasta dental, jugos, detergentes, máquinas de afeitar, golosinas, leche en polvo, todo en bolsitas vendidas por paquetes o al detalle. Usted elige y compra. Se lo traen al asiento del bus o en camino a casa lo compra. Siempre más barato que en los supermercados o despensas de barrio.

INVERSIÓN REDITUABLE, ODISEA BILINGÜE PERO NO IMPOSIBLE

Los trámites para radicarse en el Paraguay pasan por la aceptación de Migraciones de los casados con nacionales, inversionistas que llegan con capital o personas con un Certificado de Promesa de Empleo; documento que afirma que un dueño de empresa contratará al peticionante tras su radicación; aunque no lo obliga por ley.

Y los costos son relativamente accesibles aunque si se debe caer en manos de gestores o funcionarios corruptos, aumentan al menos en 20% y las posibilidades de éxito son casi totales. Al radicarse, ya no existe límite de permanencia ni se debe renovar el estatus migratorio nunca más.

Por las mismas características, además de los costos de vida, invertir en Paraguay puede ser muy redituable. Los impuestos son bajos, también los alquileres y el precio de los productos de primera necesidad, sobre todo la comida. También adquirir vehículos, motos, autos, camionetas es muy económico, con ofertas de todo tipo.

En este punto, juega un papel fundamental la idiosincrasia local: “es el país de los amigos”, lo que significa que si se tiene un “amigo” en un puesto conveniente, los trámites son menos engorrosos y la posibilidad de éxito se multiplica por el tamaño de la coima o favor que se dispense. A veces es más indicado tener un “amigo” que capital.

Shopping en Encarnación (sur, frontera con Argentina). Foto: Editorial24.com

IDIOSINCRASIA, CHOQUES Y MÁS ODISEA

Sin embargo, lo que más hace tropezar al extranjero es la parte de la idiosincrasia paraguaya que los convierte en los búlgaros de América. Al igual que los balcánicos, el SÍ paraguayo significa NO. Cuando recibes un sí de entrada, ten por seguro que con certeza casi absoluta, al final es negativo el resultado de tu gestión.

Esto es parte de la herencia guaraní, una necesidad imperiosa de quedar bien y no molestar, lo que al final resulta en totalmente lo contrario. Hay miles de experiencias de extranjeros yendo a empresas y lugares buscando trabajo o en gestión de lo que fuera y salir puteando en arameo, tras recibir de inicio una aceptación que terminó siendo negativa.

Las ofertas de trabajo de casi todos los que llegan a probar suerte, van desde vender seguros, planes para celulares, empleos en el área gastronómica sin mucha especialización (meseros, ayudantes de barra o cocina) o; los que tienen experiencia y calificación; barman, cocinero, administradores, jefes de piso o departamento.

Y por supuesto, los que no tienen papeles ganan bastante menos que los que sí. Lo que devengan les alcanza para pagar alquiler, servicios y comida aunque sea apretado en los primeros tiempos, luego, con la estancia prolongada, el ahorro y la mejoría en los empleos y su categoría, los ingresos aumentan y con ello el nivel de vida.

En fin, que emigrar al Paraguay puede ser una opción muy factible si se quiere residir, e incluso obtener la nacionalidad tras ocho años de residencia y otros trámites que son bastante engorrosos; en un país con costos de vida baratos y posibilidades de inversión en cualquier esfera económica.