La imagen by Burma Democratic Concern (BDC) tiene licencia bajo CC BY 2.0

Comenzaron a sonar los tambores hoy en todas las ciudades de Myanmar. El pueblo se organiza por las redes sociales y se manifiesta contra el golpe de estado perpetrado por el General Min Aung Hlaing, comandante en jefe del ejército birmano.

«Usamos tambores para espantar lo malos espíritus, este es un mensaje contra Min y sus soldados, los queremos fuera del poder, queremos que se vayan como los malos espíritus que son», nos comenta indignado Mr. Soe, un guía turístico que habla un perfecto español.

Soe se encuentra en Rangún, bajo control militar desde la mañana del primero de febrero. Esta era la antigua capital del país y cuenta con 7 millones de habitantes, lo que la hace la más poblada de Myanmar. La ciudad entra desde las 10 pm en toque de queda. El ejército tiene desplegado tanques en puntos estratégicos de la ciudad y carros blindados en ciertos barrios.

«Yo nací bajo la dictadura militar y no deseo que el sueño de la democracia dure tan poco», confesó a Editorial 24. «Min es un cabrón que quiere el poder, se quedó con ganas de controlar el país y lo que está ocurriendo hoy no es más que sus deseos reprimidos desde 2015» asegura Soe.

Este largo período de transición a la democracia ha generado conciencia ciudadana, «Min no puede contar con la lealtad de todos. Puede que Myanmar tenga un 25% de apoyo, pero el 75% deseamos democracia, hasta los policías están pidiendo al pueblo que se unan a la desobediencia», argumenta esperanzado Mr. Soe.

Sociedad civil enfrenta al golpe militar

Aung Myint Hlaing policía que llama a boicotear al golpe militar.

Para Soe el camino es la resistencia pacífica, «debemos evitar salir a las calles a enfrentarnos con el ejército, es lo que buscan, y sabemos de qué son capaces», explicó. El guía turístico de 50 años nos informó que aunque los monjes budistas tienen una misión espiritual y no política ya se han pronunciado y reclaman el retorno de los representantes del pueblo elegidos democráticamente.

Carta del Consejo de Monjes a la junta militar.

En carta dirigida a los golpistas los monjes budistas establecen tres posturas fundamentales: 1.Nosotros no estamos de acuerdo con el golpe militar. 2. Liberen a nuestro presidente y a nuestro líderes 3. Nosotros estaremos siempre del lado del pueblo. Este es un respaldo que fortalece el alma de resistencia del pueblo birmano.

Los funcionarios públicos se unen a la resistencia y convocan desde las redes a un paro general. Cada vez son más los que confirman que no asistirán a trabajar hasta que el ejercito regrese a los cuarteles y sean repuestos los líderes democráticamente electos.

La juventud en la emigración está saliendo a protestar para que la opinión publica y los gobiernos democráticos condenen el golpe. «Los militares pensaron que nos quedaríamos de manos cruzadas, esos tiempos ya pasaron», reafirma Soe, «sigo sintiendo miedo, el miedo es normal en los humanos, aun recuerdo cuando los militares mataron a miles de estudiantes en 1988, pero confío que el mundo esta vez no nos dejará solos».

Concentración de jóvenes birmanos frente a la delegación de la ONU en Tailandia
La visión de una colombiana sobre Myanmar