Mia Khalifa. Foto: Luckyfliler

El sexo es uno de los intereses mayores en la historia de la Humanidad, con intromisión en cada aspecto. Eso explica el fenómeno Mia Khalifa, catapultada del cine porno a la incorrección política y a tener una voz con resonancias insospechadas. Sarah Joe Chamoun, su nombre real, nació en Beirut el 10 de febrero de 1993 y sigue dando de qué hablar.

Tuvo un breve paso por la industria de la pornografía entre 2014 y 2015, convirtiéndose en la actriz más vista en Pornhub en dos meses y ya empezó a ser controversial en el Medio Oriente, especialmente por un video en el que realizaba actos sexuales usando un hiyab (velo). Eso le costó ser condenada a muerte por el ISIS (Estado Islámico).

Mia Khalifa es una muestra más del poder político e incorrecto que tiene el sexo, de cómo tras el deseo se mueven los entresijos y se adquiere poder movilizador. Una chica de 22 años que encantó a millones, hoy revuelve con simples declaraciones insospechadas pasiones y en cualquier lugar del mundo.

PODER SEXUALMENTE POLÍTICO

Mia sufrió discriminación y acoso por su procedencia en los Estados Unidos, por el clima hostil hacia los inmigrantes del Cercano y Medio Oriente luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001.​ Se rebeló contra ello estudiando: cursó en la Academia Militar Massanutten y luego se licenció en historia en la Universidad de Texas en El Paso.

Y se convirtió en la actriz porno más buscada de la web Pornhub.​ En diciembre de 2014, se posicionó en el nº 1 de su ranking. Elogios, críticas y amenazas de muerte le llovieron, sobre todo del Oriente Medio. Mia siempre dijo que eran películas satíricas y así debían tomarse, además de que “las de Hollywood representan a los musulmanes mucho peor que en el género pornográfico”.

Y se retiró estando en lo más alto de la industria. Las razones se las dio a The Washington Post en 2016: una profunda desilusión con la industria. “Supongo que fue mi fase rebelde. No fue realmente para mí”, dijo y tomó otros caminos con una convicción ganada, la de la defensa del escritor británico-libanés Nasri Atallah: “es libre para hacer lo que le plazca con su cuerpo”.

Mia Khalifa en una transmisión. Foto:  Hey B*tch! Highlights, licencia CC BY 3.0 

SEXUALMENTE POLÍTICA E INCORRECTA

La industria del porno en línea obtiene miles de millones de dólares en ganancias cada año, pero los grandes beneficiados son los productores, no los actores y actrices frente a la cámara. Se trataría de la tercera economía del mundo, únicamente superada por la de las armas y el tráfico de drogas. Contra ese poder, que conoció de cerca, se movilizó Mia y con una voz autorizada y potente, con la añoranza de su imagen desnuda danzando en quienes la siguen.

Vocera y activista contra los abusos más allá de la industria pornográfica, Khalifa mueve millones de voluntades y despierta sensibilidades por sus llamados a la justicia y sus críticas al poder, sea cual sea. Recientemente un twit suyo equiparaba la injusticia en su país natal con lo que pasa en Cuba y llamó al mandatario cubano “SINGAO”.

No se pretende ni por asomo que Mia haya disparado con su publicación las protestas que se suceden en la Isla caribeña, pero innegablemente su video, de apenas 10 segundos, contra el presidente cubano y su homólogo libanés, se regó como pólvora por la red e hizo pensar y desear…

Video del Twitter de Mia Khalifa, en el que llama SINGAO al presidente cubano.

EL SEXO, EL PODER DE PODERES

Y una petición en línea a finales de noviembre de 2016 pedía que Mia Khalifa fuera elegida por el entonces presidente electo Donald Trump como la próxima embajadora de los Estados Unidos en Arabia Saudí. Es inimaginable el terremoto político consecuente si Trump se hubiera hecho eco de tal solicitud.

Khalifa hoy es comentarista deportiva, activista por los derechos de los actores y actrices de la industria del porno y participante de cuanta causa enamore su sentido de la justicia. Su carisma enorme y su influencia desde el erotismo de su pasada profesión, le otorgan un peso insospechado en cuanto dice o hace.

Es el encanto de haber manejado con el sexo las fantasías de millones y movido apetencias lo que la dota con la ascendencia sobre muchas voluntades, reafirmando cuántas cosas, a lo largo de la Historia, se han decidido en una cama, o logrado por la concreción de una cópula, o sellado con la solemnidad de una boda, pero cuyo trasfondo es siempre uno: el poder sexualmente político e incorrecto de la carne.