Jovenel Moise con empresarios haitianos. Foto de Gobierno Danilo Medina

Jovenel Moise, el represivo presidente de Haití asesinado el pasado 7 de julio no podrá descansar en paz hasta que los misterios tras el magnicidio sean revelados. La investigación criminal abre más puertas de las que puedan cerrar en poco tiempo. Eran tantos los enemigos de Moise que el camino más fácil sería pensar en un complot general para sacarlo del juego.

La primera clave comienza en la escena del crimen analizando a su cordón de seguridad. El jefe de escoltas viajó varias veces a Bogotá en fechas recientes, sin que pueda alegar una motivación mayor que los atractivos turísticos de la ciudad y un extraño enigma cultural que lo atrajo a ella en reiteradas ocasiones en lo que va de año. 

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Las imágenes de los mercenarios colombianos irrumpiendo en la casa del presidente muestran que no hubo resistencia alguna por parte de la seguridad. Lo que levanta sospechas de participación directa de la guardia personal de Moise.

Narcos y árabes…¿quién tiene la culpa?

El presidente haitiano había sido sentenciado a muerte por el hombre que tiene un creciente poder real en Haití,  el Sr. Jimmy Cherizier, más conocido como Barbecue por su jobi a los asados con el cuerpo de sus enemigos. Barbecue es el líder del cártel Federación G9, coalición narcoterrorista que controla barrios de Puerto Príncipe y localidades en todo el territorio de la isla.

Pero Cherizier no está dispuesto a cargar con toda la responsabilidad por lo que negó su participación en el magnicidio y culpó a los empresarios “sirio-libaneses” de la zona de Pétion-Ville, en las afueras de la capital. Moise se había referido a ellos antes de morir como un grupo de oligarcas que controlan el comercio nacional. 

Aprovechando las palabras del presidente asesinado, Cherizier se quitó los polvos de las culpas y es ahora el principal vengador de Jovenel. Barbecue es un pederoso delinucente nacionalista que retoma las banderas contra los haitianos de origenes no negros. «Ya es hora de que los negros de pelo rizado como nosotros seamos dueños de supermercados, concesionarios de coches y dueños de banco», reclamó Cherizier mientras convocaba a sus bases a tomar las calles. 

Mercenarios colombianos

Pero el hombre de los asados humanos es un satélite más en el raro entramado tras el magnicidio. Los mercenarios colombianos son la piedra angular de la investigación. Una veintena de comandos colombianos altamente entrenados tomaron la casa de Moise, le acribillaron a balazos, con toda la calma que permite un plan bien orquestado y se retiraron sin que la policía les ofreciera resistencia.

Un grupo de extranjeros con entrenamiento al más alto nivel, se retiraron a un barrio de Puerto Príncipe como si nada hubiesen hecho. Lo que hace sospechar que había un proyecto de toma de control de la que ellos no tendrían nada que temer. Al parecer algo se torció en el camino. 

El comando colombiano no tenía un plan de evacuación de la zona tras cumplir la misión. Un detalle estúpido teniendo en cuenta que no son nobatos en misiones especiales. Todo indica que la idea era sacrificarlos para impartir justicia con los asesinos directos y evitar calamidades para los autores intelectuales. 

El gran sospechoso en el asesinato del presidente de Haití

El otro actor en este episodio es Chistian Emmanuel Sanon, médico de profesión y pastor por diversión. Este personaje pasaba su vida entre Estados Unidos y Haití. La policía allanó la casa de Sanon en Puerto Príncipe y encontró en su casa armas y una peculiar gorra de la DEA, similar a las que usaron los mercenarios. Pero aunque esto fuera verdad y descartáramos que se trata de un montaje, nos quedaría la pregunta…¿cómo tomaría el poder Sanon, si no está en la cadena sucesoria?

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Sanon había convocado semanas antes reuniones vía Zoom para hablar con figuras influyentes sobre el futuro de Haití. Parnell Duverger, exprofesor del Broward College de Florida y Frantz Gilot, consultor de la ONU, pariciparon en estas reuniones y niegan la existencia de algún plan que terminara en un magnicidio. 

Mientras se enfría el cadáver presidencial y se caldean los ánimos, los políticos haitianos reclaman el poder y tensan la soga en una nación polarizada. Es posible que la muerte de Moise sea solo el comienzo de una lucha irregular de desgaste entre facciones como la guerra civil de 2004.

Con nuevos bríos regresó de Cuba este viernes, Jean Bertrand Aristide y fue recibido por sus seguidores en el aeropuerto Internacional Toussaint Louverture bajo vítores de “El rey ha vuelto”, lo que demuestra que, a rey muerto, rey puesto. 

¿Quién o quienes sacan mayor provecho del asesinato? Es posible que muchos. Pero lo cierto es que Moise se fue como vino, envuelto en un misterio de incertidumbre y falsedad.