Entre fotos y flores se vislumbra en La Habana la presencia de la soprano rusa Mariana de Gonitch.  Un altar de recuerdos eterniza la presencia de quien abrigó en su pecho un corazón que latía al unísono por su país natal y Cuba.

Adentrarse en la casa del tenor cubano Hugo Oslé – su más querido discípulo – supone descifrar un universo lírico para conocer detalles de una mujer de tez caucásica y mirada profunda, es simplemente renacer entre la belleza angelical de la Diva de San Petersburgo.

Una estrella, eso fue Mariana durante su vida al iluminar con su voz y sabiduría el corazón de los amantes del bel canto, así resume Oslé el legado de su querida maestra.

Y es que la existencia de Mariana estuvo rodeada de fuertes acontecimientos, el primero de ellos marcado por el adiós a su amada Rusia, a la cual nunca regresó, llevándose a la tumba una perpetua nostalgia.

Ante el inminente peligro de la primera guerra mundial (1914-1919), el padre de la Diva – Almirante Jefe de la Armada Rusa – decidió protegerla y la envió a Francia con su madre y hermana.

Al salir de Rusia, ya contaba con una formación artística en el Conservatorio de Marinsky para el bel canto, que posteriormente sería el cimiento fundamental de su éxito en escenarios de Alemania, Francia, Italia, Suiza y Estados Unidos.

En París cultivó sus aptitudes para la interpretación con el apoyo del tenor francés Paul Lhérie, quien estrenó en 1875 la ópera Carmen, de Georges Bizet basada en la novela homónima de Prosper Mérimée.

https://youtu.be/YnRx2jUdAjA

MARIANA DE GONITCH EL AMOR EN BRAZOS DE CUBA

Justo en esa ciudad y en medio del éxito internacional Mariana conoció al saxofonista cubano Pedro Guida, quien la condujo a los brazos de Cuba mediante el matrimonio, isla que adoptó como su segunda patria.

El 9 de octubre de 1940 llegó la pareja a La Habana para establecerse de manera definitiva y asentar un patrimonio cultural que vencería las barreras del tiempo.

Poco más de un mes de su llegada a Cuba Mariana estremeció el Teatro Auditorium de La Habana con su melodiosa voz, acontecimiento que marcó la historia del canto lírico en la tierra caribeña.

Con su desempeño como maestra el arte lírico cubano maduró y tuvo como uno de sus momentos cumbres la gira internacional del Teatro Lírico Nacional de Cuba en 1974.

Hoy, una academia de canto lleva su nombre en Cuba y reverencia no solo su legado, sino que vela -de la mano de Oslé- porque no se desvanezcan cantos tradicionales cubanos, imprescindibles en la conformación de la identidad nacional.

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