Varios siglos después de su muerte el filósofo italiano Nicolás Maquiavelo deviene epicentro de discursos y análisis por su particular ideario recogido en obras y manuscritos, entre ellos el controvertido tratado político El príncipe.

Considerado padre de la Ciencia Política moderna, Maquiavelo falleció el 21 de junio de 1527 como consecuencia de una peritonitis, sin embargo, hasta hoy su obra es material de estudio no solo de políticos, sino de millones de personas interesadas en ahondar en sus visiones.

Además de ser una figura relevante del Renacimiento italiano, el escritor florentino fue un hombre sumamente culto, adelantado a su época y, sobre todo, un visionario que de alguna manera previó mucho del futuro filosófico y político de la humanidad.

Póstumamente publicado en Roma en 1531, El príncipe trasciende hasta la actualidad como una obra innovadora al considerar que la verdad efectiva es más importante que cualquier ideal abstracto.

Dicho tratado además está en conflicto directo con las doctrinas dominantes católicas y escolástica de la época con respecto a la política y la ética, y podría considerarse en aquellos tiempos atrevido y muy controvertido.

MAQUIAVELO: DEBATES SOBRE SU DISCURSO

Aunque a Maquiavelo se le recuerda fundamentalmente por El príncipe, el tratado es solo una parte de su legado que además contiene poemas, novelas y, por supuesto, escritos políticos.  

De igual manera se le atribuyen frases y pensamientos. Quizá el enunciado más manido sea “el fin justifica los medios”, el cual no expresó de esta manera, pero sí podría decirse que resume ideas contenidas en El príncipe asociadas a “solo el resultado justifica la acción”.

Maquiavelo nació el 3 de mayo de 1469 y desde niño recibió una esmerada educación que marcó sin duda alguna el camino por donde transitaría años después hasta convertirse en el fundador del pensamiento político moderno.

Tras la caída de los Medici en Florencia, ascendió al mundo de la política hasta ocupar cargos públicos que a su vez le permitieron viajar y aumentar su ingeniosidad de una manera vertiginosa.

Por casi dos décadas se ganó la confianza de miles de personas al tiempo que olvidaba favores dispensados a su favor, y -por decirlo de alguna manera- era un poco soberbio y para nada sencillo.

SER O NO SER MAQUIAVÉLICO

De acuerdo con la historia, Maquiavelo atravesó un momento de crisis del cual emergió milagrosamente. Y lo digo así porque tras varios sucesos políticos y el regreso de Los Medici al poder en Florencia, fue acusado de traición, condenado a muerte y -de manera asombrosa- indultado.

Sí, se le achacan muchos defectos. Uno de los más criticados la lealtad pues era acérrimo defensor de poder cambiar de bando siempre que la situación lo ameritara, un análisis hasta hoy bastante discutido.

La obra de Maquiavelo se estudia en millones de escuelas en el mundo, es blanco de análisis de disciplinas con bases filosóficas y material de estudio para políticos.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, ser maquiavélico es ser un seguidor de los principios de Maquiavelo, o bien «astuto y engañoso», dos de los perfiles atribuidos al escritor.

EL GENIO TRAS LO MAQUIAVÉLICO

¿Era Maquiavelo… maquiavélico? Pues no lo sé, la verdad. Su obra ha perdurado con el paso del tiempo y sus ideas -la mayoría- tienen total vigencia, lo que demuestra la genialidad tras las palabras. Las conjeturas ya quedan para los curiosos que quieran profundizar en su obra.

Era un hombre controvertido. Un amante de las buenas pláticas, de las cuales muchas veces tomaba nota. La polémica entre la moral y la conveniencia, así como los múltiples análisis reflejados en sus escritos evidencian la autenticidad de cada palabra.

Poco importa ahora si fue astuto o engañoso, o si en realidad correspondían sus actos con sus pensamientos. Lo cierto es que marcó el camino del debate en muchos temas y hoy su trabajo sigue estudiándose.

Son muchos los filósofos y diplomáticos cuyas obras han trascendido el paso del tiempo, pero la de Maquiavelo siempre será un aparte y reservará contenidos y visiones únicas. Y por tal motivo, siempre podrá identificársele entre millones de pensadores.