El-Hajj Malik El-Shabazz, es el nombre por el que será llamado el día del juicio final un hombre al que conocimos como Malcolm X. Su vida fue un ejemplo de trasformación y superación, el largo camino de un alma hacia la humanidad. Esa salida progresiva de las sombras de la caverna a la luz, lo llevó definitivamente a su asesinato. Todavía retumba, desde aquel 21 de febrero de 1965, las palabras del negro asesino que se llevó a uno de los más grandes defensores de los afroamericanos. «Negro, quita la mano de mi bolsillo», fue lo último que escuchó Malcolm antes de partir.

Malcolm Little tenía una prometedora carrera en la delinuencia, pero el infortunio o la suerte lo llevaron a la cárcel donde conoció a la «Nación del Islam». El mensaje de Elijah Muhammad le abrió los ojos sobre su misión en la defensa de los derechos de los negros y se unió a su movimiento. Su voz contundente pronto le garantizó la confianza de Elijah.

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El exbandolero se convirtió en portavoz de la Nación del Islam. Desde sus púlpitos convocaba a resistencia por cualquier vía, sin descartar la violencia contra el hombre blanco para conseguir sus objetivos. Para Malcolm Little solo las vidas y los derechos de los negros valían. Cualquier similitud con el movimiento amorfo de Black Lives Matter no es coincidencia.

Su nombre era un vergüenza, llevar el apellido del esclavista era inaceptable, por lo que rompió con aquel vestigio de sumisión y adoptó el apellido X, para que en la variable entrara cualquier apellido africano. Los blancos se metieron con el orgullo del pueblo negro y debían pagar. Así pensaba el instigador, violento y comprometido Malcolm X.

De Malcolm X a Malik El-Shabazz

Cuando el cuento de la «Nación del Islam» se hizo evidente, Malcolm no dudó en denunciar. Se sintió burlado por los que creía compañeros de lucha. La corrupción del liderazgo de la organización le sacudió. Le costó trabajo encontrar el rumbo a sus creencias. Descubrió que la organización que había defendido era una estafa, ni nación ni mucho menos Islam. Malcolm descubrió entonces la religión islámica y su cambio fue radical.

Tomó el camino a la Mecca, paso por Egipto y allí sepultó a Malcolm X. Su perspectiva del mundo cambió. De la incitación a la violencia racista comenzó a defender los derechos humanos sin distinción. Esta peregrinación final fue el nacimiento de El-Hajj Malik El-Shabazz.

Haber comprendido la esencia de Islam lo acercó al cristianismo social de Martin Luther King. Se desprendía del radicalismo y abrazaba la resistencia pacífica, y esto lo llevó a la muerte. Los celosos guardianes de la corrupción de la «Nación del Islam», intentaron silenciar su discurso renovado.

Malcolm X en sus comienzos habría sido un ferviente miembro de Black Lives Matter y su retórica de defensa de derechos de una minoría golpeada… pero el problema va más allá de los negros. La violencia policial en Estados Unidos afecta no solo a los afrodescendientes, también los latinos pagan con sus vidas los excesos, así como los blancos con menos oportunidades.

Malcolm X habría apoyado la violencia de Antifa, pero Mali El-Shabbaz se habría opuesto rotundamente. Cuando la resistencia pacífica a la vulneración de derechos se asume como arma, ningún desmán es justificación legitima para la defensa de derechos.

La lección que nos legó El-Hajj Malik El-Shebbaz es la necesidad de fortalecer las luchas sociales entorno a los derechos de la humanidad y evitar los sectarismo. Enfocar la causa del problema, no los síntomas. Al final la yerba mala no debe cortarse… se debe arrancar de raíz.