Muchos monarcas y reinos han sobresalido en la Historia por diferentes causas. Algunos los más longevos, otros los de reinado más corto y otros por provenir de casas con las que nadie contaba para portar la real o imperial corona. De reyes recordistas y cotilleos de dinastías está lleno el devenir de la humanidad.

Luis XIV de Francia, “el Rey Sol” o Luis el Grande, fue rey de Francia y de Navarra desde el 14 de mayo de 1643 hasta su muerte, con 76 años de edad, lo que; por desconocimiento de la mayoría; lo coloca en el puesto cimero de los reinados más largos con 72 años. Se debe a que el verdadero “decano” de los monarcas no es de Europa, ni siquiera de Asia.

En efecto, el reinado más largo de la Historia es el de Sobhuza II de Suazilandia, con 82 años y 254 días (diciembre de 1899/ agosto de 1982). Fue de los pocos gobernantes africanos que equilibró costumbres tribales con cambios sociales y económicos. Además de independencia y autonomía, Sobhuza logró que muchos recursos naturales estuvieran bajo control de sus coterráneos, lo que produjo excelentes resultados en su economía nacional.

Y siguiendo de cerca a los “veteranos” reales, viene Isabel II de Inglaterra, que de seguir viva y en el poder dentro de tres años, “derribará del trono” a Luis XIV, pasando a ocupar el segundo puesto de longevidad monárquica.

LOS RECORDISTAS TRISTES

Si de monarcas fatales hablamos, Juan I “el Póstumo” se lleva las palmas. Fue rey de Francia y Navarra pero su reinado solo duró 5 días. Nació el 15 de noviembre de 1316 y fue coronado, pero falleció el 20 de noviembre. Su padre, Luis X había muerto meses antes y era imperativo nombrar un sucesor. Se dice que fue su propio tío, coronado como Felipe V, el que envenenó al bebé.

Otro que se las trae es Iván VI, zar de Rusia con dos meses de edad, y apenas un año después, su prima hermana Isabel le dio un golpe de estado y se coronó Emperatriz de Rusia. Iván pasó más de 20 años aislado y lo asesinaron a los 23 los guardias de la cárcel.

Aunque si de tragedias y cotilleos de dinastías tratamos, imposible no mencionar a la Osmanlí, esa del Imperio Otomano tan redescubierta con las novelas turcas. La tragedia empezó con la debacle del sultán Bayaceto I ante el caudillo Tamerlán, dejando a sus 3 hijos en pugna por el dominio del imperio.

Tras 10 años de pelea, Mehmed II se coronó y para evitarse problemas, no tuvo empacho en despachar a sus rivales. Pero peor fue su nieto Mehmed II, que decretó: “Por el bien del Estado, aquel de mis hijos al que Alá le ofrezca el sultanato deberá, según la norma, matar a sus hermanos”, por eso en 150 años murieron unos 80 integrantes de la dinastía.

Y como la Ley Coránica impedía “derramar sangre”, a los desdichados se les estrangulaba con prendas de seda y a las mujeres, concubinas y amantes se les arrojaba al mar en sacos con piedras. El mayor fratricida de la historia fue el sultán Mehmed III, mató a 26 personas en su camino al trono: sus 19 hermanos y a 7 mujeres embarazadas, amantes de su padre.

FAMAS, RECORDISTAS Y MÁS COTILLEOS

El ya mentado Luis XIV es reconocido como el prototipo de monarca absoluto. Incrementó el poder e influencia franceses en Europa, con un régimen centralizado que controlaba a todos los estratos sociales, pero sobre todo a la nobleza. El Rey Sol, no gustaba de la sombra.

Y a Luis se le atribuye decir “L’État, c’est moi” (El Estado soy yo), pero algunos lo dudan. Lo consideran una creación de sus enemigos, emanada de “El bien del Estado es la Gloria del Rey”, sacado de sus Réflexions sur le métier de Roi (1679). Al morir, Luis dijo: Je m’en vais, mais l’État demeurera toujours (“Me voy, pero el Estado siempre permanecerá”).

A propósito y saliendo del absolutismo de los Luises, Francia lleva la delantera en cuanto a monarcas destituidos e incluso guillotinados, hasta la proclamación como República, pasando por los imperios napoleónicos y la vuelta a la república. De hecho es la pionera en ese régimen de gobierno en la “Vieja Europa” y de las que más lo han mantenido.

JUEGO DE TRONOS Y DINASTÍAS

Y si de tronos tratamos, el inglés es por el que más apellidos han pasado. Conquistado en 1066 a los Wessex por Guillermo de Normandía, fue regido por las casas normanda, Plantagenet (la de Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra), Tudor, Estuardo (impasse republicano, con Oliverio Cromwell como Lord Protector) y luego los Hannover, hasta llegar a los actuales Windsor – Sajonia – Coburgo – Gotha.

Sin embargo, el récord de permanencia en el trono se lo lleva la dinastía japonesa, monarquía hereditaria continua más antigua: la Yamato. La Casa Imperial japonesa reconoce la legitimidad de 125 monarcas desde el ascenso del emperador Jimmu, (11 de febrero de 660 a. C.) hasta llegar al actual emperador, Naruhito.

Y para cerrar, es casi olvidada la existencia de un reino en América, anterior al Imperio del Brasil: el de Haití, que duró 9 años y tuvo un solo rey; Henri Christophe, o Enrique I de Haití. General de la Revolución haitiana y Presidente en 1806, se autoproclamó Rey de la mitad norte del país que se conoció como el Reino de Haití.

Durante su reinado se proclamó “destructor de la tiranía, regenerador y benefactor de la nación haitiana, creador de sus instituciones morales, públicas y bélicas, primer monarca coronado del Nuevo Mundo”. Enfermo e indeciso, se suicidó con una bala de oro, antes que enfrentarse a un posible golpe de estado. En la rebelión que siguió, su hijo el delfín Víctor Enrique, fue linchado por los sublevados, y con él se extinguió la dinastía Christophe.