Brutalidad policial, foto de Burma Democratic Concern (BDC)

“No hay ley aquí, se llevaron a Zaw Myat Lin en la noche y a la mañana, como ya se hace habitual, dieron la noticia de su muerte”. Así narra el señor Soe el impacto que recibiera con la nueva víctima de la represión militar tras el golpe de estado del 1° de febrero en su país, otro miembro de la Liga Nacional para la Democracia de  Aung San Suu Kyi.

Tras constantes jornadas de protesta en las que el número de fallecidos por disparos, golpizas y torturas se incrementa, el Tatmadaw (ejército birmano) ha vuelto a cortar y regular la señal de internet en el país, para evitar que la información real llegue al mundo, mientras emiten por las señales de aire y cable de televisión y radio nacionales, con reiteradas y no probadas versiones de fraude electoral y desmentidos sobre la represión.

“Los monjes han salido a las calles también”, confirma Soe en su llamada; ya habitual desde que establecimos el contacto tras el golpe de estado, con el estruendo de los disparos en segundo plano, escuchándose por el micrófono del celular. “Siguen disparando durante toda la noche, contra la gente o solo para intimidar”, nos dice Soe.

Los peligros de pensar

Zaw Myat Lin es el segundo político de la LND que resulta muerto tras su arresto a manos de la policía, luego de que el diputado musulmán Khin Maung Latt sufriera la misma suerte este fin de semana. “Están cazando a los líderes de la democracia para descabezar la resistencia, pero no se dan cuenta de que es todo el pueblo el que no quiere más militares gobernando. Ya vivimos demasiadas experiencias con ellos en el poder, no queremos más”, sentencia Soe con determinación.

Las fotos y videos que la censura no consigue frenar salen por las redes sociales, como muestra palpable de la violencia de los represores, decenas de personas con disparos de munición real, balas de goma, uniformados que no solo descargan su furia sobre la gente, sino que destrozan locales comerciales a pedradas y patadas, golpean autos y motos con sus cachiporras, rompen vidrios y espejos, incendian propiedades.

El pueblo birmano no ha podido ser ni acallado ni sometido y preocupa a los golpistas el movimiento activo de los monjes budistas; en un país donde un porcentaje significativo de la gente profesa esa filosofía de vida; que se suman a las monjas católicas ya desde hace días en las calles.

Esa determinación resalta en toda Birmania por estos tiempos, en que se bloquean calles, la gente abandona sus puestos de trabajo en masa y se incorpora a la resistencia, activa o pasiva, contra los golpistas. Mayormente los jóvenes encabezan las protestas, mano alzada con tres dedos en ristre, con escudos metálicos para protegerse de las bombas lacrimógenas y balines de goma, pero con una leyenda distinta y mayor que los de las fuerzas: PUEBLO.