Una monja católica, la hermana Ann Rose Nu Tawng, oró junto a varios policías en la ciudad birmana de Myit Kyi Na. Oró de rodillas por las almas de los manifestantes y de los uniformados, por la paz y la concordia en su tierra. Cuarenta minutos después, las fuerzas represivas dispararon a la gente y el profesor musulmán U Chotar, de 60 años, cayó abatido en el medio de la calle.

La hermana Un Tawng elevó sus plegarias por el profesor, y las aunó a otras por el joven Zin Min Htet, estudiante de medicina también musulmán, asesinado horas antes y por el diputado musulmán Khin Maung Latt, de 58 años, miembro de la Liga Nacional para la Democracia de Yangon, quien fue detenido en su casa en la noche del domingo, secuestrado y torturado salvajemente hasta la muerte.

Hermana Ann Rose Nu Tawng, oración con policías. Minutos después es asesinado U Chotar.

Asimismo, se teme por el destino de Si Thu Maung, otro diputado de la LND, quien está fugitivo de las tropas que han desatado una cacería contra los representantes electos en los comicios anulados tras el golpe de estado del 1° de febrero. La furia de los uniformados llevó a la captura del padre de Thu Maung, como medio para que este se entregue.

Los asesinos en las calles de Birmania

Y en las calles, según el señor Soe, la represión no se detiene ni reconoce dioses, símbolos ni humanidad. Cientos de monjes budistas, monjas católicas y sacerdotes han sido detenidos y, ante el reclamo de la comunidad internacional por la gran cantidad de muertos y heridos por disparos, la policía y el ejército han comenzado a emplear con más saña y frecuencia las cachiporras, las golpizas hasta la muerte, las detenciones seguidas de torturas.

U Chotar, profesor de 60 años musulmán, asesinado por policías en Yangón.

La pequeña hija de seis años de Thi Ha Oo llora a su padre, caído en Phyar Pone este fin de semana. Ha Oo era un joven de 30 años cuyo único crimen fue levantar la mano extendiendo sus tres dedos, como símbolo de libertad y resistencia. Otro musulmán que e agrega a la ya larga lista de asesinados por las fuerzas armadas birmanas.

Y para rematar, ni los maravillosos templos budistas de la ciudad de Bagan; antigua capital del imperio birmano que deslumbró al mismo Marco Polo; se libran de la represión y las balas. Decenas de seguidores budistas fueron reprimidos sin miramientos entre las añejas construcciones, declaradas en julio de 2019 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

No, en Birmania hoy los asesinos no tienen Dios.