Hace siglos que el Medio Oriente, y más específicamente Jerusalén, son el epicentro de una guerra de todas las intensidades posibles. Arameos contra judíos, judíos contra romanos, judíos contra judíos, árabes contra judíos, cristianos contra árabes… y vuelta a empezar una guerra eterna en lugares sagrados de las religiones monoteístas más numerosas del mundo.

Tras las cruzadas cristianas en pos del “Reino de Dios en la tierra” y la “Ciudad Santa”, los musulmanes quedaron dueños de esas tierras, pero con su consuetudinaria división inter-religiosa, dieron paso y lugar a otros conflictos que alcanzaron su ápice en 1948 con la creación del estado de Israel.

En la guerra de 1967 Israel capturó Jerusalén Oriental, Cisjordania y la Franja de Gaza. Luego se anexó oficialmente Jerusalén Oriental; algo no reconocido por la mayoría de la comunidad internacional; y considera a toda la ciudad su capital. Por su parte, los palestinos quieren esas áreas para su estado propio, con la parte este de Jerusalén como su capital.

Tras varias “Intifadas” (levantamientos árabes, parte de la Yihad o guerra santa), Jerusalén y las áreas ocupadas por Israel siguen siendo escenarios de continuos enfrentamientos entre árabes residentes y judíos que pretenden colonizar y ocupar todo el territorio.

LA VUELTA DE LAS ROCAS, LOS PUÑOS Y LAS BALAS

Las últimas peleas datan de un mes atrás, por la intención israelí de bloquear reuniones palestinas al inicio del mes sagrado musulmán del Ramadán. Las restricciones cedieron, pero la tensión volvió a subir por el plan de desalojar a decenas de palestinos del vecindario Sheikh Jarrah de Jerusalén Oriental, donde los colonos israelíes han librado una larga batalla legal para apoderarse de las propiedades. Y las chispas surgieron de nuevo.

Militantes de Hamas; un grupo de corte religioso que gobierna la Franja de Gaza; lanzaron una andanada de cohetes contra Israel, llegando a lugares tan lejanos como Jerusalén, después de que cientos de palestinos resultaron heridos en enfrentamientos con la policía israelí en un lugar religioso en un punto de la ciudad santa.

Un cohete cayó en las afueras de Jerusalén Occidental, causando daños a una casa y provocando un incendio forestal. El ejército israelí dijo que hubo una explosión inicial de siete cohetes, uno fue interceptado y el lanzamiento continuaba en el sur del país.

Desde Gaza informaron que nueve personas, incluidos tres niños, murieron en una explosión al norte de la Franja. Hamas afirmó que el ataque de un dron israelí mató a un palestino allí y las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) dijeron que un civil en el sur del país fue herido tras el impacto en su vehículo de un misil antitanque lanzado de Gaza.

Abu Obeida, portavoz del ala militar de Hamas, dijo que el ataque fue una respuesta a lo que llamó «crímenes y agresión» israelíes en Jerusalén. “Este es un mensaje que el enemigo tiene que entender bien”, dijo, y amenazó con más ataques si vuelven a invadir la mezquita de Al-Aqsa o se efectúan los desalojos planificados de familias palestinas.

La policía israelí disparó gases lacrimógenos, granadas paralizantes y balas de goma al enfrentarse con palestinos que arrojaban piedras en el complejo; tercer lugar más sagrado del Islam luego de la Meca y Medina; y el más sagrado del judaísmo.

En la refriega, más de 300 árabes fueron heridos y 228 derivados a hospitales y clínicas, según la Media Luna Roja Palestina, siete de ellos en estado grave. La policía dijo que 21 agentes resultaron heridos y tres necesitaron hospitalización. Los paramédicos israelíes dijeron que siete civiles israelíes también resultaron heridos, según reportó AP.

La Corte Suprema israelí pospuso un fallo clave sobre el caso, “por las circunstancias”, pues el desbarajuste en Jerusalén amenaza con resonar en la región por la crisis política en el país luego de que el primer ministro Benjamín Netanyahu, no pudiera formar gobierno la semana pasada y sus oponentes procuran construir un gobierno alternativo.

Antes del ataque con cohetes en Jerusalén, a unos 100 kilómetros al norte de Gaza, militantes palestinos dispararon varias andanadas contra el sur de Israel y lanzaron globos incendiarios, provocando incendios, coincidiendo con la fijación por Hamas de una fecha límite para que Israel retire sus fuerzas de la mezquita y de Sheikh Jarrah y libere a los palestinos detenidos en los últimos días.

El Consejo de Seguridad de la ONU llamó a consultas cerradas sobre la situación y una declaración de la Casa Blanca dijo que Jake Sullivan; asesor de Seguridad Nacional; pidió a Israel que “adopte las medidas adecuadas para garantizar la calma” y expresó las “serias preocupaciones” de EE.UU sobre la violencia y los desalojos previstos.

ETERNA Y CAPITAL RIVALIDAD

Israel ve a Jerusalén como su capital “unificada y eterna” por lo que el destino de Jerusalén oriental, anexada como anteriormente se dijo, en 1967, es una de las cuestiones siempre disonantes del proceso de paz, detenido casi 15 años atrás.

Por ello, pretendían conmemorar el lunes el Día de Jerusalén, una fiesta nacional que celebra la anexión, en la que miles de israelíes, principalmente nacionalistas religiosos, desfilan por la Ciudad Vieja, incluido el densamente poblado Barrio Musulmán, en una exhibición considerada provocativa por los palestinos.

Los líos de ahora fueron en y alrededor de la mezquita de Al-Aqsa. Situada en una meseta alberga la Cúpula dorada de la Roca, los árabes las llaman el Noble Santuario. La meseta amurallada es también el sitio más sagrado para los judíos, que lo llaman el Monte del Templo, donde estaban los templos bíblicos. Roma destruyó el Segundo Templo en el 70 d.C., quedando el Muro Oeste. Las mezquitas se construyeron siglos después.

El sitio es custodiado por el vecino reino de Jordania y operado por una fundación islámica conocida como Waqf. Está abierto parcialmente al turismo, pero solo los musulmanes pueden rezar allí. El Muro Occidental es el sitio más sagrado donde los judíos pueden rezar.

En los últimos años, grupos de judíos religiosos y nacionalistas escoltados por la policía han visitado el recinto en mayor número y han rezado en desafío a las reglas establecidas después de 1967 por las autoridades religiosas de Israel, Jordania y musulmanas. Los palestinos ven las frecuentes visitas y los intentos de oraciones de los judíos como una provocación, y a menudo hay peleas y cuestiones más graves, refiere la AP.

Como ha sido tradición, los árabes se niegan a la apertura total de las instalaciones, pues temen; con razón otorgada por el tiempo y las acciones de Israel; que este se apodere del sitio, aunque las autoridades hebreas afirman que no pretenden cambiar las cosas.

APARTHEID VELADO EN JERUSALÉN

Los judíos nacidos en Jerusalén oriental son ciudadanos israelíes, los palestinos del área tienen una residencia permanente que puede ser revocada si viven fuera de la ciudad durante tiempo prolongado. Pueden solicitar la ciudadanía, pero es un proceso largo e incierto y la mayoría elige no hacerlo porque no le reconocen a Israel su ocupación.

Se han construido asentamientos judíos en la zona para unas 220.000 personas y se limita la expansión de barrios palestinos, con hacinamiento y construcción no autorizada de miles de viviendas en riesgo de ser demolidas.

Son esas familias las que pelean la larga batalla legal con colonos judíos por las propiedades en las afueras de la Ciudad Vieja. Israel lo define como disputa inmobiliaria privada, pero tal situación con tal perspectiva de despojo y desalojo a gentes nacidas y residentes de toda la vida allí, no puede menos que llamar la atención por su injusticia.

No todos los israelíes comparten las políticas segregacionistas estatales, por lo que el grupo defensor de derechos B’Tselem y Human Rights Watch, las denuncian en informes que acusan a Israel de apartheid. Por supuesto, el estado de la Estrella de David no está de acuerdo y jura y perjura que todo el que vive en Jerusalén es tratado igual.

El apoyo a un alto el fuego en el mundo árabe con Israel empieza a esfumarse.  Ya estallaron protestas en la ocupada Cisjordania y en comunidades árabes israelíes los ánimos están caldeados. Jordania y otras naciones árabes condenan la represión, e Irán alienta los ataques palestinos. Estados Unidos y la UE condenan la violencia y les preocupan los desalojos.

En fin, la paz en el Reino de Dios en la tierra ha vuelto a quebrarse, se aleja empezando por la Ciudad Santa, donde el idioma de los hombres desde antaño es el de las espadas, rocas y la intolerancia. Hoy vuelve la guerra, solo que ya no con dardos, sino con bombas y cohetes.