Painting supposedly depicts Jean and Pierre Lafitte seated (Jean raising cup), and You standing. Accession No. 04917.

Múltiples son los hechos en que los famosos hermanos piratas Jean y Pierre Lafitte  se involucraron durante sus agitadas y novelescas vidas desde que vinieran al mundo, siendo sus orígenes tan oscuros y debatidos como sus propios actos. Heroísmo, corso, trata de esclavos, piratería, traiciones y delaciones infames, matizaron la existencia de estos personajes que recorrieron el golfo de México, el mar Caribe, el centro, el sur y el norte de América en sus barcos bajo disímiles banderas.

Jean Lafitte estableció el llamado «Reino de Barataria» cerca  de Nueva Orleáns. Allí organizaba el contrabando y el corso en las costas del Golfo de México junto a su hermano mayor Pierre. Llevaron cierta prosperidad a la zona por el comercio y la participación en sus incursiones corsarias.​ En noviembre de 1813, sus propiedades fueron confiscadas por el gobernador William C. Claiborne; molesto por el creciente poder de los piratas; quien hizo publicar un bando que ofrecía recompensa de 500 dólares por su captura y envió tropas contra las que Lafitte se negó a combatir para no enfrentar fuerzas estadounidenses. En su lugar difundió un bando irónico en el que ofrecía mil dólares por el arresto del gobernador.

Es bastante conocido que en 1815, cuando los ingleses le propusieron a Jean (notorio cabeza pensante del dúo) pasar a su servicio contra los norteamericanos, este se dirigió a su antiguo enemigo el gobernador de Luisiana para informarle del plan británico de invasión, siendo tomado prisionero por el político, en calidad de pirata.

De aventura en aventura

Poco después los ingleses asaltaban Nueva Orleans, capital de Luisiana. Casi inminente era la rendición de la plaza, cuando Pierre Lafitte irrumpió en la batalla con su escuadra y la decidió a favor de los norteamericanos. Esta acción les valió una amnistía por parte del Presidente Madison, por lo que se radicaron en la propia Nueva Orleans, siendo considerados hasta hoy dentro de los hijos ilustres de aquella tierra (¡!). Allí fraguaron incluso un plan para rescatar al emperador Napoleón Bonaparte de su exilio en la isla de Elba que no fructificó.

Pero la vida de aventuras les atraía demasiado… volvieron a las andanzas y en esta parte de la historia entra Cuba y en ella particularmente Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey.

Traicionaron a independentistas cubanos como habían hecho anteriormente con los insurgentes mexicanos. Los Lafitte informaron a las autoridades coloniales españolas sobre una expedición organizada en Filadelfia para liberar Cuba. De esta forma, lograron el perdón de los delitos contra España y recibieron el pago de una gran suma de dinero por sus servicios de espionaje. Adicionalmente obtuvieron una patente de traficantes de esclavos que les permitiría abastecer legalmente a los ingenios cubanos durante largo tiempo.

A inicios de 1822, Jean, ya reputado como el “Pirata del Golfo”, «El Corsario», o «El héroe de Nueva Orleáns», bordeaba la costa sur de Cuba, siendo atacada la pequeña nave que tripulaba por otro corsario y obligándolo a huir hacia tierra. Fue capturado por los españoles, conducido a Puerto Príncipe y encerrado en la cárcel como un preso común, en tanto se fingía malherido.

«Pirate Ship» by Mike Saechang is licensed under CC BY-SA 2.0

Lafitte entre la cárcel y libertad

Atendiendo a la aparente gravedad del preso, el juez dispuso que se trasladara al antiguo Hospital de San Juan de Dios ­sito en la Plaza del mismo nombre, Monumento Nacional, Patrimonio de la Humanidad y uno de los conjuntos urbano arquitectónicos mejor conservados del siglo XVIII en toda América ­, atendido por la Orden de los juaninos, única que existía en la ciudad en aquel entonces.

Se solicitó una guardia para custodia del preso, que fue denegada por el Teniente Gobernador; el juez remitió entonces a Laffitte sin más requisitos que cualquier otro enfermo y fue ingresado.

En la noche del 13 de febrero, Laffitte aprovechó una oportunidad y se fugó, dejando las muletas detrás de la puerta a modo de despedida y burla a las autoridades. Se corrió la voz de que habría sido ayudado desde el exterior, gracias a sus contactos como agente secreto español y sus relaciones con Alejandro Ramírez, intendente de Hacienda en Cuba.

Todavía algún tiempo después andaba por las costas cubanas, ejerciendo el contrabando y control sobre  la trata clandestina de esclavos. En Rincón Grande, entre Cayo Guajaba y Sabinal, en la costa norte camagüeyana, explotó una factoría negrera.

Los villanos no mueren

La muerte de Jean es tan misteriosa como poco común su vida. Se dice que murió en 1825 o 1826, en uno de sus barcos junto a las costas cubanas, durante una reyerta en la distribución de las utilidades de un desembarco clandestino de esclavos. Como asesino se identifica a uno de sus asociados camagüeyanos en la trata, de apellido Betancourt.

Sin embargo, fuentes estadounidenses plantean que falleció el 5 de mayo de 1854 en Illinois, refiriendo incluso que Jean, a los 65 años, en 1847, conoció personalmente a Marx y Engels en Bruselas, Bélgica y, mediante otra persona le hizo llegar el Manifiesto Comunista a Abraham Lincoln, cuando este era miembro del Congreso federal.

¿Cuándo y cómo murió realmente Jean Laffitte?, digna incógnita final para una existencia por demás novelesca y más rica, en tanto real, que cualquier literatura de ficción. 

Autor: Pietro Sánchez Quesada