Ignacio Giménez, abogado hispanocubano que tuvo en vilo a miles de seguidores por una “directa” de seis horas en sus redes sociales el 4 de junio, con pruebas de corrupción y sentencias sobre cuentas bancarias en el extranjero de funcionarios cubanos, se desvaneció como humo.

Durante meses Giménez prometió villas y castillas, recuperar 210 billones de dólares para la reconstrucción de la isla, sacando al régimen “sin derramamiento de sangre”, tomar el control del país el 31 de julio con “personas de absoluta confianza” y regir los destinos de Cuba hasta la celebración de elecciones generales.

Y es que el hombre, nacido en Cuba y criado en España, es; según afirma; abogado especialista en administración de empresas en Nueva York. En Cuba impartió cursos de gerencia hotelera, se casó y… tuvo problemas con el régimen por la corrupción que vio. La madre de su hija murió en un accidente que él descalifica como tal y de ahí se radicalizó.

IGNACIO, EL CREADOR DE ILUSIONES

Giménez enfocó su supuesto actuar en la aplicación de la cláusula “Pari Passu” (del latín: “con igualdad de paso”, jurídicamente: “en igualdad de condiciones”) a contratos financieros con Cuba para hacerla caer en default, con lo que la dictadura se desmoronaría, pues tendría que tratar su deuda con sus acreedores en la misma forma. Llámese Rusia, China, Venezuela, el Club de París…

Y a esto se añadiría el decomiso de 210 billones de dólares depositados en cuentas secretas y paraísos fiscales, pertenecientes a la nomenklatura cubana, hijos de Fidel y funcionarios del régimen, producto de coimas y negocios turbios con empresarios e inversionistas extranjeros en la Isla.

Es cierta la existencia de 43 litigios internacionales, 26 de ellos con retención cautelar por la suma mencionada y que para el próximo 21 de julio las sentencias serán inapelables, por lo que el gobierno de la Isla perdería su “capacidad de pagos, por default” (precisamente el default significa eso: cesación de pagos por incapacidad financiera).

CUBA, ACOSTUMBRADA A NO PAGAR

Pero hay cuestiones; según un análisis emanado del Nuevo Herald; que los seguidores del “vertical luchador contra la tiranía” no tienen en cuenta. Muchos países han caído en default sin las consecuencias catastróficas que pregona Giménez: “Grecia en 2005 no pudo pagar el vencimiento de 1,600 millones de euros al FMI, uno de sus acreedores junto al Banco Central Europeo y la Comisión Europea”.

También Puerto Rico pasó por lo mismo en 2015 cuando pagó solo  USD 628,000 de los 58 millones que debía en bonos y Venezuela por sus pagos atrasados de la deuda de PDVSA, en 2017. La “reina del default” en América; Argentina; (nueve veces) salió de $503 millones en intereses, emitiendo bonos cancelando los anteriores. La calificadora de riesgos S&P Global elevó su calificación a CCC+ luego de canjear su deuda de $65,000 millones.

Y Cuba no pertenece al FMI, ni al Banco Mundial, por ello no tiene acceso a créditos y comercia directamente con países o bloques, los que; por conveniencia diversa;  seguirán dándole créditos extendiendo su práctica de refinanciar deuda sin abonar ni los intereses, pendiente de condonaciones millonarias. En resumen: harán siempre lo mismo.

LA ACEFALÍA Y LA NECESIDAD DEL CUBANO

Llegado este punto cabe preguntarse ¿¡cómo es que un tipo que (no es la primera vez) que surge dando ideas descabelladas con una pátina de certeza pero sin prueba alguna de lo que dice, puede hacerse con miles de seguidores, ya casi fanatizados, dispuestos a “echar la vida” por su líder cuasi mesiánico!?

La respuesta está en diversas cosas. Por un lado la necesidad de algo que “les de aire” ante el descrédito bastante generalizado en la información y propaganda oficial en Cuba, vistas las carencias de todo tipo para el de a pie y la falta de estas en los diversos estratos de la nomenklatura, que; como es lógico; producen malestar apenas acallado por el régimen.

Y otro aspecto a tener en cuenta es la tradicional mentalidad del caudillismo criollo, que hace imperiosa la existencia de un “líder” que traiga esperanza, muestre el camino y la disposición a seguirlo dejando jirones de la propia existencia en la marcha, haciendo de paso gala de una verborragia magistral. Ya hubo varios… y las consecuencias siguen.

También la acefalía de una oposición que, pese a algunas personalidades de variopintos orígenes y tendencias, solo atina a abogar y luchar “por un cambio” pero sin propuestas concretas ni certezas para la mayoría de producirse este. Para nadie es secreto que hay muchos miedos, fruto del adoctrinamiento de décadas, pero también de cosas reales.

LA SUMA DE MIEDOS

La posible caída de un régimen como el instalado en Cuba hace 62 años tiene mucha tela por donde cortar. Están los furibundos llamados de extremistas de todos los colores a “teñir de rojo las calles”, a “hundirse en el mar antes que…”, los reclamos de empresas y dueños expropiados que al cabo de décadas pretenden recuperar lo perdido, etc, etc.

Y es innegable que hace falta una propuesta que diluya los miedos, que integre intereses, que otorgue seguridades a quienes no quieren perder sus casas, sus negocios, sus tierras, abonados con sudor de años y que no es cosa de llegar y exigir o un nuevo pago o desalojo, con reclamos de otros cuya mayoría no conocen Cuba sino por los cuentos de sus mayores.

También ha de crecer la conciencia cívica de que un cambio de gobierno no es desaparecer al país, sino buscar “con TODOS” lo que sea “para el bien de TODOS”. El extremismo, tan característico del cubano, ha de desaparecer como generalidad y convertirse en excepción que confirme la regla de que en la diversidad, está la riqueza.

Si deseamos libertad, es imperioso que esta sea plena. La libertad es un bien preciado pero conlleva responsabilidades y una de las mayores es aceptar al otro y lo que piensa aunque no estemos de acuerdo. Ya se sabe: “No estoy de acuerdo con lo que piensas, pero defenderé a muerte tu derecho a expresarlo”.

REALIDADES VERSUS RELATO

Por mucho que suene promisorio, la bancarrota de Cuba no es sinónimo de democracia. De hecho el país está en quiebra hace mucho y no se ha producido cambio alguno. Las justificaciones del bloqueo; a pesar de la realidad en algunos aspectos; no son válidas para sostener el relato de “un futuro mejor y de victoria”.

Y es que pasó de ser la azucarera de Estados Unidos a ser la del extinto campo socialista y la URSS. Jamás abandonó su carácter de país monoproductor y monoexportador y solo cuando las realidades se impusieron, se abrió la economía a otros renglones y a la inversión extranjera, luego a la exportación de servicios médicos y de construcción.

La falta de insumos y materiales básicos ha sido una constante, con períodos de mejoría y caídas brutales cíclicas por fenómenos externos, pero lo más constante es la ausencia de una infraestructura firme, que no se logró ni cuando los créditos, maquinarias e insumos llegaban por la canaleta socialista, por lo que Cuba hoy es un desastre de improvisación y mal manejo económico.

EL FENÓMENO IGNACIO GIMÉNEZ

En resumen, a pesar de la falta de noticias sobre el paradero de Giménez, sus muchos seguidores aguardan esperanzados la resurrección de su líder, con las disculpas del caso sobre su ausencia en la tan anunciada transmisión de seis horas y la próxima liberación de Cuba transformada en humo.

Lo cierto es que es ya hora de que se abandonen los mesianismos y la entronización de “influencers”, cada uno con sus miles de seguidores a rastras, para ver si algún día termina el éxodo de 62 años en el desierto y, alguna vez, la tribu de cubanos – los de dentro y los de la diáspora – llega a ver por fin la tierra prometida.