El linchamiento mediático en Cuba

No existe acción sin reacción, si lanzas un ataque debes esperar la contraofensiva. Este detalle fue subestimado por el presentador oficialista cubano Humberto López. El periodista no fue advertido de las complejidades de ser altamente odiado por su labor. López ha crecido vertiginosamente en la televisión nacional realizando linchamientos mediáticos contra los que disienten del proyecto político del Partido Comunista.

Contar con el privilegio del sistema informativo centralizado, donde todos los medios responden a la misma ideología editorial, garantizó a Humberto una pelea de «león pa mono». Sus víctimas estarían mediáticamente atadas y sin derecho de réplica. Las sentencias de López en el noticiero, denigran y destruyen moralmente a personas que él no conoce más allá de los informes que la inteligencia cubana le proporciona para los guiones.

Cuba es un país polarizado, es raro encontrar los puntos medios. En una encuesta realizada por una sección de Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) sobre el desempeño de Humberto, no faltaron calificaciones de 10 y de -10, personas que aplaudieron sus ataques y otros que le calificaron de piltrafa humana carente de valores. Las reacciones hablaron por sí solas, más de 2400 votos de aprobación y 2800 de enojo y burla.

Es evidente que López sabe complacer a sus seguidores furibundos, pero ha creado un número mayor de detractores dispuestos a no quedarse dados. Los tiempos de linchar sin consecuencias se acabaron.

El ataque en la misma proporción

En la Cuba conectada no hace falta ser periodista del régimen para iniciar una acción mediática irregular. Con unos cuantos megas, un celular con cámara y deseos de ajusticiar a un esbirro, es suficiente para acabar con la impunidad.

Antes de que una cubana atrevida diera con el nido de amor furtivo (tarro) de Humberto López, se venían dando señales de lo que se avecinaba. Sin coordinación y sin que exista un servicio de inteligencia responsable, varios cubanos inconexos se encargaban de elevar a pública la vida privada del linchador más popular de la República.

Humbertico echando gasolina, Humbertico mirando al sudeste, Humberto aquí, Humberto allá. Era cuestión de tiempo que fuera triangulado y expuesto. Recordando un poco la leyenda urbana (ya olvidada), de los luchadores antimachadistas del «Tribunal Supremo Ejecutor», quienes perseguían a los que la ley nunca sentenció para darles una dosis de justicia. Estos luchadores dejaban sobre sus víctimas un papelito que rezaba: «La justicia tarda, pero llega».

Las acciones independientes contra los rostros defensores del régimen de la Habana son un fenómeno relativamente reciente, no así la desmoralización del diferente por parte del gobierno. Los terrenos de combate se mueven dependiendo de las defensas y las ofensivas. Lo primordial para romper las líneas del enemigo es la motivación. En Cuba el número de motivados es cada vez mayor, San Isidro y el 27 N eran impensables 20 años atrás.

Ese deseo de acción, ansias de ripostar o simple revanchismo es una prueba al ingenio de los cubanos que pondrán a los «cabroncitos» de cuello y corbata a pedir agua por seña. No hay lugar donde esconderse, ahora los represores se preguntarán: ¿quién es quién?, verán como sus apacibles vidas se colman de temores en espera de un lobo solitario que vaya a por ellos, sufrirán el mismo síndrome de la sospecha que nos provocaron por décadas.

El estado orweliano no perdona

Cabe preguntarnos: ¿Acaso es ético invadir la privacidad de una persona como Humberto López?. Este es un debate bizantino, la cruda realidad es que esto es una guerra mediática y en ningún combate real poner la otra mejilla es opción, el enemigo debe perder lo que nos quita, solo así comenzará a tener miedo, luego respeto y por último pretenderá negociar. Hasta aquí, la lucha gira alrededor de métodos no violentos. Toda forma de presión psicológica es legítima en medio de una guerra donde el lado más débil (población) es la que pone las víctimas.

Esta es una guerra que no vamos ganando aun. Despellejar al pelele de Humberto López, ridiculizarlo al máximo, pisotear su casi inexistente moral, no es una victoria definitiva. Los motivados pagarán con juicios, multas y cárcel. En las manos de los represores continúan los mecanismo de presión y asfixia de las masas.

En las próximas semanas la televisión y las redes, con sus ejércitos de ciberclarias, saldrán a purgar. Irán a por todos los que hablen, critiquen o se salgan del tiesto. Más de uno dentro de Cuba hará compañia al Gato o a Denis Solís. Si sobrevivimos a la embestida que se viene, podremos respirar, tomar el toro por los cuernos y fuetearlo. Como en las corridas, el secreto está en la persistencia y la constancia.