La historia de la hidroeléctrica de Itaipú, la más grande de los hemisferios Sur y Occidental, es una enrevesada continuidad de utilidades sobre pérdidas. Pareciera un desatino pero no lo es: para que la empresa binacional (Paraguay/Brasil) empezara a ostentar el título de «mayor productora de energía del planeta» con 103.098.366 MWh producidos en 2015 y de represa de mayor producción acumulada, con 2,5 mil millones de MWh​ desde su inicio, muchas cosas sucedieron.

La represa de Itaipú tiene una potencia de generación electrohidráulica instalada de 14 000 MW, con 20 turbinas generadoras de 700 MW. En 1995 formó parte de una lista de las Siete Maravillas del Mundo moderno, que elaboró la revista Popular Mechanics, de Estados Unidos. En base a una investigación realizada por la American Society of Civil Engineers (ASCE) en 1994 entre ingenieros de los más diversos países.

Además de Itaipú, son parte de la lista: el Puente Golden Gate (EE. UU.); el Canal de Panamá, que une el Océano Atlántico con el Pacífico; el Eurotúnel, que une Francia e Inglaterra bajo el Canal de la Mancha; los Proyectos del Mar del Norte para el Control de las Aguas (Países Bajos); el Edificio Empire State (EE. UU.); y la Torre Canadian National (CN Tower) en Canadá.

Discordias por Itaipú

El general paraguayo (R) Juan Antonio Pozzo arremete en varios artículos contra el Tratado de Itaipú, por el Brasil y Paraguay acordaran los términos del emprendimiento. En uno de ellos rebate la versión oficial, que afirma que “mediante una concesión graciosa, fraternalmente, Brasil consintió compartir con Paraguay el aprovechamiento hidroeléctrico”, y que “Paraguay solo puso el agua y Brasil el financiamiento de la obra”.

Todo lo anterior es falso según Pozzo. “Brasil, sin otra opción mejor para atender su creciente demanda energética, no tuvo más remedio que compartir con Paraguay el aprovechamiento hidroeléctrico del limítrofe río Paraná”. Los brasileños incluso llegaron a emplear una solución militar en 1965, para apropiarse de las cataratas del Salto del Guairá y explotarlas unilateralmente. Batallones del cuerpo de ejército de Curitiba, irrumpieron en Puerto Renato para controlar los Saltos. La oportuna intervención del presidente norteamericano Lyndon B. Johnson frenó la intervención.

El presidente João Goulart en 1964, acordó con el dictador paraguayo Alfredo Stroessner los aspectos generales relativos al aprovechamiento conjunto del potencial hidroeléctrico de los Saltos del Guairá. El golpe militar que lo derrocó poco después frustró la intención del justo gobernante brasileño.

Brasil y la leña al fuego

Brasil, desde el Tratado de Tordesillas de 1494 se expandió desmesuradamente, siempre al margen del derecho internacional, a expensas de sus vecinos. De 2 millones de Km₂ iniciales hoy abarca una superficie territorial de más de 8 millones 500 mil. Uno de los más perjudicados fue el Paraguay. En artículo anterior narramos el prejuicio inmenso causado por el Brasil durante la Guerra de la Triple Alianza, cuando destruyó a la primera y más próspera república de Sudamérica. Luego de exterminar a tres cuartas partes del pueblo paraguayo se apropió de más de 62 mil Km₂ de su territorio.

Ricardo Canese, ingeniero especialista en energía y experto en la Comisión de Renegociación del Tratado de Itaipú, considera que a precios del mercado, Paraguay debería retirar al menos 4 mil millones de dólares por la energía que vende a Brasil. Exporta el equivalente a más de 250.000 de barriles de petróleo bajo forma de electricidad y solo percibe 300 millones de dólares, importa al mismo tiempo 30.000 por los que paga 750 millones de dólares. Paraguay, único país de la región exportador de excedentes hidroeléctricos y tercer exportador mundial de electricidad, no obtiene ningún beneficio neto por el intercambio de energía.

Mediante prácticas ilegales, la construcción de Itaipú, estimada en 2 mil millones de dólares en el estudio de factibilidad antes del tratado, costó 20 mil millones. La deuda, que llegaba a 17 mil millones de dólares al completarse en 1991, excede los 19 mil millones de dólares, y ya pagó 32 mil millones de dólares como servicio de la deuda (o sea 16 veces el coste teórico inicial de la construcción), principalmente a Eletrobras (empresa de capital mixto con preponderancia gubernamental brasileña).

Me pago y me doy el vuelto

Al contraer préstamos con sus propios bancos, Brasil, es a la vez juez y parte, desde el principio fijó tipos de interés muy elevados, del orden de la inflación de los EE.UU. más un 7,5% dando lugar a jugosos beneficios para sus bancos. Los capitales “invertidos” por el Brasil, a la vez acreedor y deudor, no dejaron el país, lo enriquecieron mediante la usura y favorecieron el mercado interno y el desarrollo de Brasil, mientras que el pueblo paraguayo sufragaba los costes de estas operaciones ilícitas, pagando la mitad.

Estas cláusulas de comercialización leoninas permiten a Brasil y a las empresas brasileñas de distribución de energía abastecerse a menor coste y obtener enormes beneficios sobre el excedente de energía que entrega Paraguay.

Ahora, el desastre ambiental:

El lago artificial formado por la represa de Itaipú contiene 29 000 hm³ de agua, con unos 200 km de extensión en línea recta, y un área aproximada de 1400 km². Al construirse dejó extintos los Saltos del Guairá pero cuando el nivel baja pueden verse una parte de estas cascadas. Este conjunto constaba de un total de 18 cataratas y las siete mayores le daban su nombre portugués (Sete Quedas). Además, había cientos de saltos menores. La mayor de las cataratas tenía una altura de 40 m. Quedaron sumergidos en solo 14 días, extinguiéndose así una de las maravillas naturales del mundo.

Con un volumen estimado de 49 000 m³/s, los Saltos eran las mayores cataratas del mundo. Las 18 caídas transportaban el doble de volumen de agua que las del Niágara o 12 veces más que las cataratas Victoria.​ Se formaban en un punto donde el río Paraná era forzado a atravesar un angosto cañón, aguas abajo de la baja sierra de Iguatemy; un ramal oriental de la sierra de Maracayú; el río se estrechaba desde unos 381 m a apenas 61.​ Para las embarcaciones que remontaban el río Paraná desde los puertos del sur o desde el océano Atlántico, los saltos del Guairá eran el límite septentrional de navegación.

Al llenarse el embalse de Itaipú, miles de habitantes de la zona perdieron sus asentamientos ancestrales. Muchos de ellos se deprimen aún hoy al no escuchar el estruendo natural permanente que se expandía hasta 36 km a la redonda, al no ver el continuo arcoíris que adornaba las cascadas, al recordar el entorno natural en que crecieron y que también se hundió bajo la masa de agua de la represa.

Impacto en la fauna

Los peces y aves cambiaron muchos de sus patrones migratorios y reproductivos, miles de otras especies terrestres tuvieron que abandonar su hábitat natural ante el avance permanente de las aguas, provocando un impacto enorme en su existencia e incluso centenares de ejemplares murieron ahogados, sobre todo crías, impedidas de huir con suficiente celeridad.

El patrón de crecientes del Paraná también cambió, afectando a muchos de los afluentes y efluentes que conforman su extensa cuenca, con los perjuicios para la agricultura, el área forestal (que se trata de recuperar con la siembra de millones de posturas, pero es insuficiente) y los pobladores de las áreas por donde fluye el río aguas abajo de la represa.

En resumen, para la creación de una de las maravillas del mundo moderno, el hombre; una vez más; sacrificó ante el altar del esquivo y dudoso progreso, una de las maravillas naturales del mundo.