Por siglos nuestros ascendientes nos castigaron con una acción típica de toda raza, credo y región: niño que se porte mal, para el rincón. Algo así pero sin las bendiciones de la infancia le pasó en Chile a los partidos de derecha, en la elección Constituyente.

La Convención Constituyente, que tendrá una alta presencia de independientes, sector más representado incluso que el resto, redactará la nueva Constitución que sepultará la impuesta por el dictador Augusto Pinochet como condición para abandonar el poder.

LA DERECHA, PERDIENDO ESPACIOS

Los partidos de izquierda obtuvieron casi el 40% por ciento de los votos y los de derechas se acercan al 30, por lo que no podrán controlar las decisiones de la Convención, compuesta por 155 personas electas de forma paritaria y con la inclusión de 17 escaños reservados a los pueblos originarios (incluso los tan llevados y traídos mapuches).

Los independientes se imponen a los partidos tradicionales con cerca de un 40 por ciento de los sufragios. La participación se situó en cerca de un 37 por ciento de los 14,9 millones del electorado, por lo que la abstención tuvo el mayor protagonismo en la votación, algo común desde que el voto en el país andino es voluntario.

TRAS EL PLEBISCITO

Esta es la secuencia del plebiscito del 25 de octubre de 2020 en el que los chilenos eligieron por casi un 80% redactar una nueva Carta Magna para reemplazo de la vigente, que saca 99 papeletas de 100 en la responsabilidad de la sociedad desigual que generó las masivas protestas,  cuyo estallido se dio el 18 de octubre de 2019.

Los chilenos tuvieron que elegir entre 1.373 candidatos para integrar la Convención Constitucional. En las papeletas había actores, escritores, profesores, activistas sociales, abogados y también políticos tradicionales.

La elección se celebró en dos días por la pandemia, luego de ser aplazada cinco semanas, desde el 11 abril, ante una nueva ola de COVID-19. «Esta es la elección más importante que hemos tenido los chilenos, marcará el futuro de las generaciones más jóvenes», explicó a la AFP Felipe Gutiérrez, ingeniero de 32 años a la salida de un centro electoral en Santiago.

Los datos de participación por regiones y comunas señalan una importante diferencia en la afluencia de votantes en los sectores más acomodados y más conservadores, marcadamente mayor que en zonas más pobres.

PAÑOS TIBIOS EVITANDO EL RINCÓN

La reforma constitucional fue la forma que el sistema político chileno encontró para apaciguar las masivas manifestaciones del 2019, que dejaron alrededor de 30 muertos y daños millonarios. Casi un mes después, cuando el país ardía, se anunció un acuerdo de plebiscito para decidir el cambio de Constitución, que se celebró el 25 de octubre de 2020.

Un abrumador 80% apoyó la opción “Apruebo” al cambio constitucional en un día que culminó con masivas manifestaciones. El 20 por ciento que se decantó por el “Rechazo” se concentró en las tres comunas más ricas de Chile.

PARITARIA Y PIONERA CONSTITUYENTE

Los chilenos votaron también por alcaldes, concejales y, en otro paso democrático, por gobernadores regionales, hasta ahora elegidos dedocráticamente por el mandatario. Por primera vez en la historia universal, una Constitución se escribirá por elegidos de forma paritaria y se incluyó para ello en la Convención 17 lugares para sus 10 pueblos originarios.

Hay esperanza en que los 9 meses (prorrogables por único plazo de tres más), den paso al parto de una nueva sociedad, cerrando la larga transición política de 30 años desde que Chile recuperó la democracia en 1990. Según sondeos, los chilenos esperan que se garanticen varios derechos sociales, como el acceso a la salud, la vivienda o la educación.

Además la mayoría confía en que la nueva Constitución sea positiva para el país, una minoría; indudablemente parte de quienes perderían privilegios; expresan  temores de que pueda derivar muy a la izquierda, con cambios radicales para el modelo económico ultraliberal y político que, sin embargo, es el causante del estallido social.

NUEVO MAPA POLÍTICO Y SUS CONSECUENCIAS

Un nuevo mapa político se ve en Chile. La coalición oficialista de derecha “Vamos por Chile”, que obtuvo apenas 21% de los constituyentes (38) fue la gran perdedora y los candidatos independientes dieron el paso mayor (48). La centroizquierda e izquierda lograron un número que si se une, les dará poder para definir la nueva Carta Magna.

Los ganadores de la jornada dentro de la política tradicional fueron los dos comandos opositores de izquierda y centroizquierda, Apruebo Dignidad (27) y la Lista del Pueblo (25), que juntos alcanzan 52 delegados (33% del total).

Si necesitaran más votos para llegar a los dos tercios, los dos bloques de izquierda buscarían apoyo en opositores tradicionales o los independientes, que son la primera mayoría. Tienen capacidad de veto y de generar propuestas ganadoras para construir los cambios que exigió buena parte de la sociedad chilena en las protestas.

LA DERECHA LLORA CASTIGADA EN EL RINCÓN

El costo del estallido social y mal manejo gubernamental de la crisis sanitaria por la pandemia, suman al castigo a la derecha chilena, dilatado por 30 años mientras se erigía una sociedad para pocos, que sin embargo, era vista como modelo de desarrollo por varios sectores regionales e incluso a escala mundial.

“La ciudadanía nos ha enviado un claro y fuerte mensaje, tanto al Gobierno como a todas las fuerzas políticas tradicionales: no estamos sintonizando adecuadamente con sus demandas y anhelos”, salió a decir el presidente Sebastián Piñera, desde La Moneda.

Y es profunda y sangra la herida. A la paliza en la elección de convencionales se une la pérdida de municipios importantes como Maipú, Estación Central y Viña del Mar. El Partido Comunista le arrebató la alcaldía de Santiago, un símbolo con más rojo agregado a los números de su gestión. La predicción de Allende sobre las grandes alamedas abiertas a una sociedad distinta, tiene visos de profecía hoy en Chile.