No hay dudas de que César Prieto Echevarría es un hombre veloz, creo que rivalizará desde ahora con Mohammed Alí por aquello de “apreté el interruptor y antes de que se apagara la luz, ya estaba en mi cama”. El mejor prospecto del béisbol cubano, campeón de bateo en la recién concluida Serie Nacional y segunda base titular… ya no está en el equipo. Pasó a mejor vida y no por morir precisamente.

No dio chance a que lo contaran en el hotel. Ni bien se bajó del bus que trasladó al equipo desde el aeropuerto de Miami, puso en acción su rapidez de home a primera, pero esta vez para llegar a “otro” home. El ruido es infernal aún por todas partes, los medios de prensa más que eco, se hacen gritos por la nueva “deserción”, “fuga”, etc, etc, etc…

INCOMODIDAD

Para quienes nacimos en la Isla y/o seguimos el deporte cubano, no es un secreto que el atleta de allí pasa por las mismas carencias que el resto de los habitantes, a las que se les suman los implementos necesarios para la práctica de sus disciplinas, las imposiciones de burócratas y el despojo de premios (sobre todo monetarios) tras sus triunfos.

La lista sería inmensa y varía en su dimensión según la mirada. Antaño eran mayoría quienes los tildaban de “traidores”, “vendidos”, “desertores” y otros carteles. Hoy la vista es otra y también distinta la mayoría en cuanto a opiniones. Mucha agua corrió bajo el puente o sirvió como puente hacia otros lugares y realidades.

Atletas de boxeo, pesas, fútbol, básquet, campo y pista, clavados, voleibol y sobre todo de béisbol, han abandonado concentraciones en el extranjero, eventos o incluso se tomaron una lancha o un avión para largarse. Las consecuencias siempre las mismas: vedado su regreso al país por largos años como castigo.

INSOPORTABLE

Pero las fugas han sido una permanente. De nada valieron las palabras, diplomas u homenajes cuando por otro lado las federaciones nacionales bloqueaban la contratación de deportistas en ligas foráneas en las que pudieran superarse y ganar de acuerdo con sus méritos, o por el contrario, les despojaban de tales ganancias al retorno, dándoles migajas a cambio.

La burocracia y la corrupción detrás de ella propician los casos pues todo fluye (o se traba) de acuerdo con “la línea oficial”; política por más señas; por eso los atletas y hasta sus entrenadores toman otras “señas” y se largan. Y ni hablar de la «atención» tras el retiro oficial: hay «Confesiones de Grandes» para hacer dulce sobre el abandono y el olvido.

Y la mentalidad cerrada y la estúpida panacea de que; en un mundo donde el atleta que descuella gana por su desempeño; los cubanos están bien con “hacer equipo” y “salir al mundo” como aspiración máxima, hacen el combo ideal para que tales equipos nacionales se desintegren cuando apenas comienzan a ser eso: equipo.

EJEMPLOS

Los 90 del pasado siglo fueron los mejores para el voleibol cubano en ambos sexos. Las mujeres eran casi invencibles y lograron 3 títulos olímpicos (Las Espectaculares Morenas del Caribe), entre los hombres la competencia era más grande, más equipos de élite y sin embargo el equipo cubano estuvo casi 10 años entre los primeros 4 del ranking mundial.

En Sidney 2000, perdieron (los hombres) el pase a discutir medallas frente a Rusia en un partido que aún se recuerda y la Federación canceló los contratos en Italia. “Nos durmieron con el cuento de que será después, lo vamos a pensar y más cuentos”, dijo Ihosvani Hernández, ex capitán de esa selección, que desertó casi en masa en un evento europeo.

Y ese es uno de miles de ejemplos. Se podría recordar el bochorno del atletismo cuando en un evento en Italia el premio consistía en un Ferrari para los ganadores e Iván Pedroso; en la cúspide de su carrera en ese entonces; se llevó uno y la Federación argumentó ante los organizadores que “les dieran en metálico el importe del Ferrari”, a lo que por supuesto se negaron.

EL POR QUÉ O LOS MILES DE INCÓMODOS POR QUÉS

Hay casos para llenar un libro de la vergüenza, pero no es el objetivo del presente artículo, sino ahondar en por qué los atletas cubanos desafían la perspectiva de separarse de sus familias por años, algunos de no poder estar con sus seres más queridos antes de morir o siquiera despedirlos.

Y es que la otra cara de la moneda es que pueden desarrollarse como deportistas y acceder a lo que cualquiera en estos tiempos desea tener. No solamente a bienes de consumo sino a comodidades y cuestiones elementales que van desde la comida hasta el agua caliente, al alcance de cualquiera con un nivel de ingresos medios en otras partes del mundo (doy fe).

Y lo más hipócrita es la cuestión “política” y de doble moral, que permite que mientras son denostados y a sus familiares se les impide salir del país si lo quisieran, se les impone el “castigo” de solventar sus necesidades con los dólares conseguidos con su sudor y que van a parar a las arcas del estado.

Los esfuerzos por formar atletas podrían ser menos si las federaciones fueran autónomas, se organizaran mejor las competencias, se permitiera a los atletas que participen en ligas y eventos acordes con su nivel y no se manejara todo… como todo.

¿Habrá alguien que se asombre de que César “el veloz” Prieto; antaño calificado como “la Nueva Joya del béisbol cubano” haya tomado la misma decisión que miles antes que él? Viviremos, veremos…