Standartenführer Otto Skorzeni con comandos paracaidistas en 1945. Foto: Bundesarchiv.

La vida de Otto Skorzeni es en sí misma una novela en la que se mezclan aventura, espionaje, hazañas bélicas increíbles y acciones infames. Durante la Segunda Guerra Mundial, pasó de ser un oscuro ingeniero civil hasta las  altas esferas del Tercer Reich, luego espía y colaborador de servicios de Inteligencia, lo que llevó incluso a elaborar un plan de secuestro a Fidel Castro.

Y aunque en sus inicios, jamás pensó en abandonar Europa sino vivir en el Rech Milenario de Hitler, con su figura imponente de 1.93 m, una cicatriz de un duelo  en la cara (que le valió el mote de “Caracortada”) y más de cien kg de peso, Skorzeni se hizo valer salvando al presidente austríaco Wilhelm Miklas, durante el Anschluss (anexión de Austria por Alemania), luego en las Waffen–SS en Francia, Holanda, los Balcanes y la URSS.

El Hauptsturmführer SS (capitán) creó y entrenó comandos de élite para Inteligencia, sabotaje y guerra de guerrillas en su unidad Friedenthal. En los anales de las operaciones especiales están inscriptas la liberación de Mussolini, impedir la capitulación ante los soviéticos de Miklós Horthy; regente de Hungría; y reprimir a los complotados del coronel Stauffenberg tras el atentado a Hitler.

El culmen del genio de Skorzeni fue la Operación Cóndor, durante la ofensiva de las Ardenas. Infiltró las líneas enemigas con hombres vistiendo uniformes aliados, creando caos en comunicaciones y desplazamientos y se ganó el mote de “El hombre más peligroso de Europa”, pues hizo creer que el objetivo era asesinar a Eisenhower.

Si algo no pudo anotarse como mérito Skorzeni, fue eliminar al Mariscal Josip Broz “Tito”, líder de los partisanos yugoslavos, durante la operación “Rosaleda”. Aunque logró dar cuenta de casi todos los efectivos de su guardia, el anillo de seguridad de Tito logró detener a los alemanes lo suficiente para que este escapara. Aún faltaba mucho para intentar el secuestro de Fidel Castro.

Mussolini junto a Skorzeni, tras su rescate en el Gran Sasso, 1943. Foto: Bundesarchiv_Bild_101I-567-1503C-15

DERROTA, DESNAZIFICACIÓN Y ESCAPE

Y cuando Alemania capituló, Skorzeni se entregó a los norteamericanos, que lo juzgaron en Núremberg pero fue hallado inocente y recluido en un campo de “desnazificación”. Allí estuvo hasta que llegó a un acuerdo con la Inteligencia inglesa y, acompañado de sus hombres de confianza, salió caminando disfrazado de Policía Militar por la puerta principal del campo.

Según informes desclasificados de Inteligencia, el antiguo Standartenführer se dedicó a favorecer el escape de otros ex SS por las conocidas como “Rat Lines” (Ruta de las Ratas) desde España; amparado por Francisco Franco; donde se radicó. Sin ser molestado por nadie, siguió creyendo en las ideas nacionalsocialistas y que “su tiempo volvería”, frase que repetía a sus allegados.

Es entonces cuando entra en su biografía Latinoamérica, a la que se había vinculado a través de la Red Bolívar; la estructura de Inteligencia nazi en la región; cuando en  1950 viaja a Buenos Aires y; por intermedio de Carlos Fuldner, otro ex SS nacido en Argentina; conoce a Juan Domingo Perón y se convierte en el guardaespaldas de su esposa María Eva Duarte.

Y creyó que se quedaría, pero en el 55 Perón es depuesto por un golpe de Estado y Skorzeni retorna a Europa, esta vez a Irlanda donde es desenmascarado pronto (era imposible que “Caracortada” pasara desapercibido) y vuelve a su refugio seguro de España, donde pasa por empresario, pero actuando entre telones contra todo lo que oliera o pareciera comunista.

Skorzeni con Juan Domingo Perón y Carlos Fuldner en Buenos Aires, 1950. Foto: Archivo de CABA.

REVIVIENDO AL CÓNDOR BAJO OTRA BANDERA

Entrando en una de las etapas más infames de su vida, Skorzeni usó sus talentos de espía y comando por cuenta del Mossad para privar a Egipto de Heinz Krug; experto alemán en misiles y explosivos; que trabajaba contra Israel. Krug desapareció, aunque fuentes de Inteligencia aluden a que su destino no fue una fosa, sino los Andes, según se revela en “El IV Reich. La conexión verdeolivo”.

La persistencia de Skorzeni en sus ideales nacionalsocialistas parece confirmar los informes de que continuaba en Latinoamérica el trabajo de creación de bases para un IV Reich, principalmente en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia y Colombia, donde radicaban las mayores colonias alemanas de post guerra.

Y ello incluía el fomento de la investigación atómica, creación de nuevas armas y métodos de lucha anticomunista. La caída de Perón le privó de un gran aliado, pero fomentó las inversiones y la colaboración con las dictaduras que fueron tomando el poder en el Cono Sur. Es por estas fechas en que empieza su fijación por raptar a Fidel Castro y desaparecerlo.

Entonces renació el Cóndor, esta vez un operativo conjunto con la CIA y las dictaduras latinoamericanas para cortar de raíz el avance de la izquierda; motivado por la revolución cubana; en la región. Miles de informes desclasificados dan cuenta de que los métodos usados para reprimir provenían del III Reich y eran alemanes los “expertos” que entrenaron a los militares sudamericanos.

Informe desclasificado de Inteligencia sobre el Proyecto Tropikal, 1966.

EL SECUESTRO DE FIDEL CASTRO

Y para destacarse como siempre, Caracortada propuso a sus nuevos aliados un plan a la altura de sus habilidades. A través de Allen Dulles; viejo conocido ahora director de la CIA; hizo llegar su propuesta de raptar a Fidel Castro y sacarlo de circulación. La iniciativa, cuyo nombre en clave fue “Operación Tropikal”, concebía la infiltración en la Isla de un comando que recibiría el apoyo interno de agentes nazis estacionarios y algunos ex SS, que trabajaban con el entonces Ejército Rebelde cubano como instructores.

Y haciendo coincidir los “tempos”, con el advenimiento de la invasión por Bahía de Cochinos, el comando capturaría a Castro y lo sacaría del país con destino no revelado ni siquiera a sus auspiciantes de la CIA, como tampoco la vía por la que se haría el rapto. Skorzeni planteó tanto la aérea como la marítima, pero sin definir ninguna.

Dulles aprobó con placer dicha operación que, indudablemente, descabezaría al país en un momento crucial y lo dejaría en manos de Raúl Castro y el Che Guevara, algo que tanto Skorzeni como la CIA aplaudían, cada cual por sus motivos respectivos.

Pero a pesar de las perspectivas vistas por Dulles en el plan, este fue desechado por el presidente Kennedy, al igual que otras directivas de la administración Eisenhower, por lo que Caracortada se quedó con las ganas de otro líder al que echarle el guante en su larga carrera, que terminó en 1975, cuando la naturaleza y su empedernido vicio de fumador, lo llevaron a la tumba.

“Operación Tropikal” quedó como una nota pintoresca, revelada el 7 de agosto de  1966 por el diario “La Crónica” de Lima, Perú, tras una filtración de un agente nazi involucrado, radicado en Paraguay desde poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial.

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