Hotel Nacional de Cuba. Foto de ZBKTV

Nadie imaginó que el singular promontorio de la topografía costera de la Habana de arrecifes y uvas caletas, en el cuadrilongo que hoy conforman las calles 23, 19, 0 y Ave. Malecón, fuera el lugar elegido para construir al Hotel Nacional de Cuba. Famoso, desde los primeros siglos de fundada la villa, por estar vinculado a importantes batallas que le otorgaron al sitio valor histórico patrimonial. La expansión de la ciudad convertiría este lugar inhóspito en la céntrica y cosmopolita Rampa.

Batería de Santa Clara, puesto de artillería emplazado en donde hoy está el Hotel Nacional.

La urbanización de esa zona comenzó entre las décadas del 20 al 40 y alcanzó su máximo esplendor a mediados del 50, mediante un proyecto propuesto por los urbanistas Serti, Winer y Schultz. Este fue el inicio  del boom arquitectónico de la época.

Tal desarrollo urbanístico y arquitectónico posibilitó que el hotel quedara ubicado en una de las zonas más modernas de la ciudad, cercano a las principales oficinas de las líneas aéreas que operaban en el país. En sus inmediaciones se establecieron importantes emisoras de radio y televisión como el Instituto Cubano de Radio Difusión. La zona era el corazón del país, en pocas cuadras encontrabas importantes ministerios, cines y centros recreativos.

Un hotel es nada sin su entorno

Los transeúntes podían admirar obras de afamados plásticos cubanos entre los que figuran: René Portocarrero, Wilfredo Lam, y Mariano Rodríguez. En el restaurante Monseigneur, amenizado por las glorias de la música cubana, Ignacio Villa, Bola de Nieve. Cerca de la Piragua, el famoso club El Gato Tuerto, recibió a artistas y poetas de moda.

Por su parte la extensa área que bordea el litoral -con sus furnias, lengüetas de mar y cuevas naturales como las de Oliver o Taganana- se modificó para dar paso al Malecón habanero, cuya construcción fue realizada en varias etapas, desde fecha tan remota como el año 1900 hasta 1950. Correspondió para el Hotel Nacional el tercer tramo de construcción – del parque Maceo a la calle O- donde hoy se encuentra el Monumento a los Mártires de la explosión del acorazado norteamericano Mayne. 

Hoy nos detenemos a admirar este entorno privilegiado e inimaginable en aquellos primeros siglos de existencia de la naciente villa de San Cristóbal de la Habana, donde está enclavado el hotel. Su descollante arquitectura, rematada por un pretil que añade elementos escultóricos decorativos propios de su estilo con elementos hispánicos: soles, delfines, barcos, peones, alfiles, escudos, banderas y cuernos de la abundancia, sosteniendo la palabra Cuba. 

Al admirar los detalles de la obra en su conjunto comprendemos porqué, independientemente del lujo, confort, excelente servicio y facilidades que ofreció la instalación a todos sus visitantes y huéspedes ilustres, el Hotel Nacional se convirtió -desde su apertura- en un sitio hechizante, evocador y de obligada estancia para los viajeros que llegan a nuestra amada ciudad.