Boulder, Colorado, es el triste escenario de una nueva masacre en los Estados Unidos. Como en el resto de las anteriores, varios ingredientes se mezclaron para resultar en el coctel sangriento de una lista de bajas mortales, consternación y pedidos de reforma a las legislaciones que regulan las ventas de armas.

El tirador esta ocasión, Ahmad Al Aliwi Alissa, un sirio emigrado en 1999 y nacionalizado estadounidense tenía antecedentes de agresión a un compañero de su escuela, pero compró un arma semiautomática, con la que provocó 10 muertos, incluyendo a un policía que intentó detenerlo. Solo hace días que un juez eliminó la restricción a cargadores de alta capacidad en Boulder.

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Hoy Boulder llora y se horroriza pues le tocó en desgracia lo que ya sufrieron desde 1996; cuando la masacre de Columbine; buena parte de los estados de la Unión. Las causas van desde leyes limitadas sobre control y ventas de armas de fuego, fallas en verificación de antecedentes y desatención de autoridades a llamados sobre comportamientos preocupantes.

Boulder y el control de armas para cuándo

Como siempre, surgieron las exigencias de leyes sobre armas más estrictas, prohibir las armas de asalto y ampliar la verificación de antecedentes. También como siempre, muchos republicanos se oponen a las medidas, y la Asociación Nacional del Rifle salió a criticar los alegatos como “afán por politizar esta horrible situación”.

Desde fuera y bien lejos, solo se puede mirar con asombro cómo la lista de bajas crece  por año y todo se repite. Los nombres de Robert Aaron Long, Seth Aaron Ator,  Connor Betts, Patrick Crusius, Patrick Crusius, Ian David Long, Devin Patrick Kelley, Stephen Paddock, Omar Mateen y James Holmes saltaron tristemente a la celebridad por tiroteos y muertos en escenarios diversos, pero circunstancias parecidas.

Ahmad Al Aliwi Alissa asesino de Boulder.

Vacíos legales aprovechados por gente perturbada, violenta, con antecedentes penales visibles o no, errores de las autoridades encargadas de verificarlos, la no obligación de declarar ventas de armas de carácter privado entre otras cuestiones, han traído como consecuencia más de 300 muertes y el triple de heridos, lesionados o con traumas severos.

Prácticamente ningún estado se libra de las masacres, desde Georgia, pasando por Texas, California, Florida, Oregon, Nevada, las Carolinas, Pensilvania hasta la propia Washington DC, han experimentado en algún momento masacres como la de Boulder y lo que cabe preguntarse es: ¿existirá alguna vez una legislación federal firme, con controles adecuados y sin fallas en “el sistema” que impida que se repitan sucesos como los de esta semana?

Hoy llora Boulder, mañana… cualquiera.

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