Pasaron 28 años para que Argentina levantara de nuevo la Copa América de Fútbol. Varias finales consecutivas perdidas pasaron antes del alegrón de este fin de semana. Messi por fin pudo hacerse honores en el torneo y alzar, capitaneando a una renovada selección, la Copa de la Conmebol.

Fue sin embargo Angel di María; el fideo explosivo; quien acongojó los corazones brasileños e hizo explotar los argentinos y a una buena parte de América que hincha por la albiceleste, con un golazo de leyenda, digno de una final: un sombrero magistral sobre el guardameta verde – amarelo que solo pudo ver pasar el esférico y anidarse en la red.

Y hablando claro y con la verdad: Brasil dominaba el balón y Argentina esperaba agazapada, recuperaba y perdía, hasta que Rodrigo de Paul vio el filón y con precisión quirúrgica dio el pase al “Fideo” para que este ejecutara su magia de velocidad, control y definición. Millones de gargantas atronaron la noche y se oyó clarito: ¡GOOOOOOOOL!

Vibrando el partido. Foto: Editorial24

AGUANTE CORAZÓN, AGUANTE

El reloj corría y los vaivenes en el terreno nos hacían levantarnos del asiento o aferrarnos a él. La presión sanguínea era un subibaja, una montaña rusa de emociones bruscas, de gritos, de morderse los labios, de adelantar el cuerpo en la inminencia de otro gol… pero no llegaba.

Y el entretiempo nos salvó. Nos permitió fumar, abrir una nueva cerveza porque la otra; abierta en algún momento del primer tiempo; se calentó sobre la mesita, o perdió todo el gas en la hielera porque nadie le prestó atención. Era demasiado pedir el desviar la vista un momento de la pantalla.

Los últimos 50 minutos (con los cinco agregados) fueron eternos. Un estrujón enorme con un gol de Richarlison… pero ¡OFF SIDE! Y todas las almas en el terreno pero los ojos divididos entre la grama, el balón, los 22… y el reloj. Hasta que el pitazo final, nos liberó, los gritos y las lágrimas salieron, se olvidaron los malos tiempos, la pandemia pasó a un segundo plano, la tristeza de estos días fue castigada a un rincón. ¡Argentina Campeón!

Celebración en las calles de Clorinda, Formosa, República Argentina, tras la conquista de la Copa América. Video: Editorial24

Y A CELEBRAR

Y en los 3.761.274 km² de las 23 provincias de la república, los más de 40 millones que habitan esta austral tierra inundaron las calles o salieron a sus puertas, a sus patios a gritar a voz en cuello, a delirar, a lanzar petardos, a agitar miles de banderas albicelestes. Las caravanas de autos y motos coparon las vías y la música a todo dar acompañó el jolgorio.

Quedaron atrás o de lado las críticas, los resabios, las dudas sobre Messi, el técnico Scaloni, algún que otro jugador y las filias y fobias, los bandos políticos o las casacas. Hoy no hubo Boca, ni River, ni peronistas o no peronistas: hubo solo albiceleste Argentina, algo que solo consigue; comprobado mil veces; la casaca de una selección y más si triunfa.

Este equipo argentino tiene mucho aún por dar y el próximo reto es la Copa del Mundo. Hacia el máximo galardón apuntan. Condiciones tienen y ganas también. Se verá en el terreno, pero ahora quienes jueguen con Argentina, lo harán con el Campeón de América.