Todos conocen  a “El flautista de Hamelín”, una leyenda con demasiadas moralejas que perduran y se renuevan con el tiempo. Cuenta la historia de una misteriosa desgracia acaecida en la ciudad homónima de Alemania, el 26 de junio de 1284, documentada por los Hermanos Grimm.

El título original en alemán es Der Rattenfänger von Hameln, que se traduciría como “El cazador de ratas de Hamelín”, y fue publicado en el volumen Deutsche Sagen en 1816 de los famosos creadores de literatura infantil, También existe un famoso poema en inglés sobre el tema, escrito por Robert Browning.

Más allá del mito, leyenda o como se le quiera llamar, está el increíble número de moralejas y paralelos que la historia provee a quien la lea o escuche. Las más comunes son el cómo la muchedumbre sigue a alguien que es capaz de encantarla con dulces sonidos y por otro lado las consecuencias de la ingratitud y la avaricia.

LA LEYENDA

En 1284 la ciudad de Hamelín estaba infestada de ratas. Apareció un desconocido que ofreció a los habitantes librarlos de ellas por un pago, a lo que se comprometieron. El hombre empezó a tocar su flauta, las ratas salieron de sus cubiles y fueron hacia la música. El flautista fue entonces al río Weser y las ratas tras él, por lo que murieron ahogadas.

Cumplida parte del trato, el hombre volvió al pueblo a cobrar, pero la gente se negó a pagarle. El cazador de ratas se fue molesto y regresó el 26 de junio (Fiesta de San Juan y San Pablo) a consumar su desagravio. Con los habitantes en la iglesia, el hombre tocó la flauta con su extraña música, pero esta vez para otros destinatarios.

Fueron los niños, ciento treinta niños de ambos sexos, los que le siguieron y abandonando el pueblo los llevó hasta una cueva. Nunca más se volvieron a ver. Algunas versiones dicen que se quedaron atrás tres niños: uno cojo por no caminar bien, un sordo, que los siguió por curiosidad, y otro ciego, que no veía adonde los llevaban y se perdió. Ellos informaron a los aldeanos.

VERSIONES, LEYENDAS E INCERTIDUMBRE

Algunas versiones de la historia dicen que el flautista devolvió a los niños cuando la gente le pagó lo prometido, e incluso más, por el destrato sufrido. Otras que nunca los retornó como castigo y lección a la ingratitud y la avaricia de los habitantes de Hamelín. Lo cierto es que el origen de la leyenda está poco claro pero sus moralejas son prístinas.

Se acepta que la cuestión de los niños es el núcleo original de la historia, a la que se añadió la expulsión de las ratas a fines del siglo XVI. Sobre el rapto hay varias interpretaciones. Una de las más plausibles menciona la expansión hacia el este (Ostsiedlung) de los habitantes de la Baja Alemania entre los siglos XII y XV. Los niños de Hamelín serían los jóvenes de la ciudad que fueron reclutados para tal empresa.

Las primeras menciones de esta historia parecen remontarse a un vitral que existió en la iglesia de Hamelín alrededor del año 1300, descrito en documentos entre los siglos XVI y XVII y al parecer destruido alrededor del siglo XV. Inspirado en ello, Hans Dobbertin creó el vitral que puede verse en el templo, donde recrea la leyenda con el flautista guiando a los niños.

CASI CERTEZAS, LEJOS DE MORALEJAS

Y las teorías más aceptadas son las de que los niños (o jóvenes) dejaron el pueblo para tomar parte en una peregrinación o campaña militar y nunca regresaron con sus padres, o que abandonaron voluntariamente Hamelín para independizarse y conseguir una vida mejor lejos de su ciudad natal.

Por ese tiempo Premysl Otakar I entregó tierras a Bruno von Schauen Burg junto a la ciudad de Olomouc y este necesitaba repoblarlas, para lo que envió a uno o varios agentes con el fin de conseguir colonos. Los niños, que en este caso serían jóvenes, el flautista un reclutador y el destino de todos a unos 846 kilómetros de Hamelín (casi un mes de marcha).

Hay que considerar que la palabra alemana Kinder haría referencia no sólo a los niños, sino de manera más genérica a “los hijos del pueblo”. En este caso, se refuerza la idea del flautista como reclutador y líder de los futuros colonos.

DEMASIADAS CONSECUENCIAS, MUCHAS MORALEJAS

Existe una ley/tradición no escrita en Hamelín, que prohíbe cantar o tocar música en una de sus calles, por respeto a las víctimas del legendario acontecimiento: la Bungelosenstraße, adyacente a la “Casa del Flautista”. En desfiles públicos con música, incluidas procesiones matrimoniales, la banda deja de tocar al llegar allí y sigue después de atravesarla.

En el libro “Un par de días de Tony Vigorito”, el flautista de Hamelín es un virus creado por el gobierno de Estados Unidos, la banda de thrash metal Megadeth en su álbum Countdown To Extinction incluyó el tema “Symphony of Destruction”, analogía entre el flautista guiando a las ratas y la humanidad guiada por la sinfonía de la destrucción.

El cantante Ismael Serrano compuso una canción titulada “Rebelión en Hamelin” donde plantea la hipótesis de qué sucedería si las ratas decidieran liberarse del flautista… y podrían mencionarse decenas de paralelos, homenajes y sobre todo, alegorías y moralejas de una historia que, por enseñanza, tiene vigencia inmortal.

Siempre ha adolecido la Humanidad de los gérmenes de la ingratitud, de la avaricia, pero más que todo (e incrementado en el tiempo) del de seguir a cuanto flautista le encante los oídos con una dulce melodía, sin parar mientes ni pensar en el camino por el les conduce, casi siempre el de su propia perdición.