Bandera soviética sobre el Reichstag, ilustración de Antonio Marín Segovia

Resuenan fuerte los acordes de una banda de música y por la Plaza Roja de Moscú desfilan 8 militares con paso firme. Delante la bandera de la Federación Rusa, detrás la izada por las tropas soviéticas sobre el Reichstag alemán en mayo de 1945, actual símbolo de la Victoria sobre los nazis. Es la parada militar tradicional desde hace más de sesenta años.

A mi lado mi hermano paraguayo graduado en la ex URSS, ve con emoción imposible de ocultar la evolución de los soldados, mientras la música nos pone la piel de gallina. Mi pasado militar y amor por los desfiles y la Historia me hace compartir el sentir y el vodka sobre la mesa, que por ahora, sustituye al tereré omnipresente.

Se acerca el Día de la Victoria (en ruso: День Победы, Dien’ Pabiédy), día festivo en Rusia, Bielorrusia y en la mayoría de las antiguas repúblicas soviéticas, y aprovechamos para ver de nuevo el desfile del Aniversario 75 (año 2020) y seguimos en youtube hasta la Parada de la Victoria el 24 de junio del 45.

“Podrán decir lo que sea, estar o no de acuerdo, pero gústele o no a cualquiera, fueron los vencedores con más peso en la 2da Guerra Mundial. Ninguna otra nación soportó como los rusos (soviéticos): 27 millones de muertos, media zona europea del país destruida y se levantaron con soldados y armas propias, carácter… y llegaron a Berlín”, dice con ímpetu.

Y es cierto, de los cerca de 50 millones de víctimas de la última contienda mundial, más de la mitad residían en la antigua URSS. Contra ese país eurasiático se lanzó la maquinaria bélica más contundente hasta entonces: la Wehrmacht alemana, con el apoyo de tropas de Rumanía, Bulgaria, Italia, Hungría, Eslovaquia y la industria de la Europa conquistada.

Los golpes fueron devastadores en 1941, al iniciar lo que los rusos llaman “la Gran Guerra Patria”: casi cinco millones de soldados muertos, heridos o hechos prisioneros durante la “blitzkrieg” (guerra relámpago) y los alemanes llegando a las puertas de Moscú. La industria bélica soviética, mudada a los Urales y Siberia, producía y enviaba al frente en la medida que la maquinaria de las fábricas llegaba a destino.

“Los alemanes llegaron a 27 km de Moscú. En toda esa zona se conservan lugares de batallas que hoy son monumentos y cementerios de los caídos. Conocí veteranos que tenían aún lúcido recuerdo de lo que pasaron y se les hinchaba el pecho con orgullo y al mismo tiempo dolor por participar en esa guerra”, me cuenta mi amigo y se zambulle en memorias.

“No puedo entender cómo hay gente que hoy trata de reescribir la Historia. Las cosas están claras, es cierto que hubo ayuda de Occidente, pero se demoraron en llegar a Europa hasta 1944, cuando ya la URSS tenía a los alemanes en jaque y retrocediendo”. Y también es cierto.

Tras cuatro años de incesante lucha, los aliados hicieron rendirse al Reich “milenario” de Hitler. El 8 de mayo de 1945 a las 22:43 hora central europea (9 de mayo a las 0:43 hora de Moscú) la Alemania nazi, representada por el Mariscal Wilhelm Keitel, firmó la rendición incondicional ante el Mariscal del Ejército Rojo Gueorgui Zhúkov, poniendo fin así a la Segunda Guerra Mundial en el continente europeo.

La diferencia horaria explica por qué en los países occidentales la victoria se celebra el 8 de mayo (Día de la Victoria en Europa), y en la Europa Oriental se celebra el 9. Dos capitulaciones separadas tuvieron lugar. En primer lugar, la rendición a las naciones aliadas en Reims (Francia) firmada el 8 de mayo a las 23:01 en la hora central europea.

Esta fecha se conoce comúnmente como el Día de la Victoria en Europa en los países de la zona occidental europea. El otro Día de la Victoria de la Segunda Guerra Mundial, el Día de la Victoria sobre Japón es conmemorado en agosto y tiene una importancia considerablemente menor en Europa.

El único representante de la Unión Soviética en Reims fue el general Iván Suslopárov, el comandante militar de la misión de enlace. El alcance de la autoridad de Suslopárov no está claro, y no tuvo medios de contacto inmediato con el Kremlin, pero igual decidió firmar por el lado soviético. Si no firmaba, habría arriesgado una rendición alemana sin participación de la URSS. Señaló que podría ser reemplazado por una nueva versión en el futuro.

Marical Zhúkov, foto de Министерство обороны Российской Федерации

Stalin se disgustó, creyendo que la rendición alemana debería haber sido aceptada solo por el enviado del mando supremo de la URSS y firmada sólo en Berlín, insistió en que el protocolo de Reims fuera considerado preliminar, para dejar que la ceremonia principal se llevara a cabo en Berlín, donde Zhúkov estaba, como este último relató en sus memorias:

“La principal contribución, fue hecha por el pueblo soviético y no por los aliados, la capitulación debe firmarse frente al Comando Supremo de todos los países de la coalición anti Hitler y no sólo frente al de las fuerzas aliadas. No estoy de acuerdo con que la rendición no haya sido firmada en Berlín. Nos pusimos de acuerdo con los aliados para considerar al protocolo de Reims como preliminar.”

Así, otra ceremonia fue organizada en una casa en las afueras de Berlín al finalizar el 8 de mayo, cuando ya era 9 de mayo en Moscú debido a la diferencia de husos horarios. El Mariscal de Campo Wilhelm Keitel presentó la capitulación de la Wehrmacht al Mariscal Georgi Zhúkov en el cuartel general del ejército soviético en Berlín-Karlshorst.

https://www.youtube.com/watch?v=AGJktUEQG_s

La Capitulación alemana fue firmada además por el Almirante General Hans-Georg von Friedeburg, jefe de la Armada; Coronel General Hans-Jürgen Stumpff, representante de la Luftwaffe; el Jefe Mariscal del Aire Arthur Tedder (Reino Unido) como Comandante Supremo Adjunto de los aliados y el Mariscal Zhúkov. Como testigos, el general Jean de Lattre de Tassigny comandante del Primer Ejército Francés y el general Carl Spaatz comandante de las Fuerzas Aéreas Estratégicas de los Estados Unidos.

Las notas del antiguo Himno soviético (hoy de la Federación Rusa aunque con otra letra), acompañada de 21 salvas resuenan y mi interlocutor y yo nos quedamos viendo el desfile posterior de las tropas en la pantalla. La música no ahoga el sonido de las botas sobre las duras piedras de la Plaza Roja, que hace 76 años soportaron la marcha de los victoriosos en la mayor carnicería humana que ha existido hasta hoy.

“El que crea que la guerra se ganó solo por las armas, no conoce Rusia, no tiene ni idea del alma y el carácter de esa gente, para la que ofender su Patria es buscarse un enemigo a muerte”, sentencia mi amigo/hermano y, alzando su vaso, enfatiza su aserto con un: “Na zdarobia (¡Salud!).