Por Igor Alfonso

Una vez llegamos a la vida, muchos sucesos pueden o no ocurrir. Algunos de ellos dependen de nuestra voluntad. Pero existe una constante para todos los seres vivos: la muerte. Hay quienes ponen fin a su vida y encuentran en la mismísima parca una salida a disímiles problemas. Pero no todos pueden hacerlo. No si eres cubano.

A lo largo de nuestra Historia ha habido momentos en que ha quedado demostrado la afirmación del título. A nosotros los cubanos nos es difícil hasta morir cuando queremos. Evidencia de eso la encontramos en La Guerra de los 10 Años. Corría el 6 de septiembre de 1874 en el poblado de San Antonio de Baja en las cercanías de Veguitas, Bayamo.

En combate desigual y al verse el General Calixto García cercado por el enemigo, en un acto de total desesperación, para no caer en manos de los peninsulares, se dispara por debajo de la mandíbula para ponerle fin a su vida y no ser prisionero de los españoles.

Es muy conocida la anécdota sobre cuando le comentan a su madre Lucía Íñiguez que habían hecho prisionero a su hijo y esta, lejos de creerlo, hace caso omiso al comentario. Otra persona se le acerca y le comenta sobre el suicidio de su hijo y esta rompe a llorar diciendo la célebre frase: ese era mi hijo Calixto. Pero, ¿saben qué? No murió el hombre. La bala le sale por la frente dejándole una marca de por vida. Como dato curioso, el General muere 24 años después por razones completamente ajenas a este suceso.

Cubano, cuando toca… toca

Otro triste momento tuvo lugar el 7 de diciembre de 1896. Ese día murieron 2 grandes de nuestra historia, el Lugarteniente General Antonio Maceo y el Capitán Francisco (Panchito) Gómez Toro. En el caso del primero, muere luego de recibir dos balazos en pleno combate. El segundo, Panchito, quiso ponerle fin a su vida y no lo logró, fueron los españoles los que lo ayudaron a pasar al otro mundo.

Panchito, estando en el campamento recuperándose de una herida de bala del día 3 de diciembre, se entera de la muerte del Lugarteniente General. Sabiendo que el cuerpo del mismo se encontraba aún en la manigua sale a toda velocidad a su rescate. Una vez con Maceo, lo monta en su caballo y cuando disponía a retirarse a todo galope es alcanzado por las balas enemigas.

Una vez en el suelo, escribe en un papel unas palabras a su madre y padre que pasó a la historia como La nota suicida. En ella explica que se encontraba con el cuerpo del general y que se iba a suicidar para no caer en manos de los españoles. Agarra, ya herido, un cuchillo y se apuñala en la zona entre la 3ra y 4ta costilla izquierda. Para sorpresa de todos, este joven hombre tampoco muere y es acribillado a machetazos por los guerrilleros de Punta Brava.

Excepción de la regla

Por último y contrario a todos los casos anteriores tenemos el caso del suicidio de Eduardo Chivás. Este hombre era el líder del Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo. Contaba con un programa radial llamado El Aldabonazo. En él, denunciaba toda la corrupción que tenía lugar en nuestra amada Isla. Mantuvo una férrea lucha en demostrar los robos de los fondos para la educación del por aquel entonces ministro de educación Aureliano Sánchez Arango.

Eduardo Chivas denunciando la corrupción.

El 5 de agosto de 1951, en su programa radial, decide pegarse un tiro ante la vergüenza de no poder probar sus planteamientos contra el ministro y se dispara entre la ingle y el abdomen. Sus últimas palabras fueron: …»pueblo de Cuba, levántate y anda». Se puso tan fatal el hombre que con el disparo, se atraviesa la aorta y muere por complicaciones el 16 de agosto del mismo año.

Recuerden, el cubano no muere cuando quiere.