Ernesto Guevara de la Serna, «Che», 1959. Foto coloreada de archivo. Dominio Público.

Desde muy joven Ernesto Guevara de la Serna tuvo inquietudes sociales, emanadas de su apetito voraz por la lectura y su carácter indómito. Esto derivó primero en afinidad con el peronismo en su natal Argentina y; a pesar del rechazo al sectarismo del partido comunista; la adopción temprana de un antimperialismo enfocado en los Estados Unidos y posterior estudio del marxismo, pero también con el tiempo a un divorcio con la entonces URSS.

Las comparaciones entre la vida acomodada familiar con las carencias de buena parte del entorno en Rosario, Buenos Aires y luego el resto de la Argentina y Latinoamérica, llevaron al futuro Che a tomar posiciones cada vez más radicales, tendientes a construir una sociedad diferente, guiada por las teorías y cánones comunistas. Sus viajes, asumidos al inicio como aventuras, alimentaron las ideas y posturas del joven.

Y existen referencias claras de que el trato continuo con las colonias de emigrados alemanes durante y después de la segunda guerra mundial, llevaron a Guevara a investigar hechos y teorías emanadas del enfrentamiento y la lucha de clases, además de las realidades emergentes del conflicto bélico, tras el cual la URSS emergiera como potencia mundial.

El Che y la URSS. Primer acercamiento

En 1954 el gobierno de Jacobo Árbenz en Guatemala resultó atractivo para el joven Guevara, por las innegables transformaciones que propugnaba en el orden social. Había salido de la Argentina mientras el primer gobierno de Juan Domingo Perón se tambaleaba y buscaba colaborar como médico con inquietudes revolucionarias en el proyecto guatemalteco.

A pesar de su relación establecida con la economista peruana Hilda Gadea – luego su primera esposa – una miembro del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) también inserta en el proceso de Árbenz, a Guevara le resultó imposible trabajar como galeno por el estado, pues la condición impuesta de militar en el partido comunista, la rechazó por considerarla sectaria y denigrante.

Fue testigo de la penetración soviética en el gobierno guatemalteco, a través de las estructuras del Partido Socialista Popular (comunista) cubano, cuyos cuadros más relevantes y preparados en el entonces campo socialista, poseían una estructura de inteligencia y acción apoyada y financiada por la URSS tras bambalinas.

De esa experiencia y tras el fracaso de Árbenz, Guevara sacó varias conclusiones sobre el accionar soviético, aunque esto no le impidió el compartir ideas y destinos de los cubanos, cuyo resultado fue su amistad con Antonio “Ñico” López y su inserción en el Movimiento 26 de Julio, con el que llegaría a Cuba para comenzar su vida de guerrillero y luchador comunista.

Ernesto Guevara e Hilda Gadea. Foto: Wikimedia commons.

Cuba, un matrimonio por conveniencia entre el Che y la URSS

Y con la entronización de Fidel Castro tras el triunfo sobre la dictadura de Fulgencio Batista, el Che tuvo posiciones acordes con la confianza depositada en él por el caudillo cubano. Los primeros roces por la derivación comunista del proceso se dieron desde los primeros días, por la ambigüedad de Castro al respecto, la reticencia de amplios sectores nacionales y la hostilidad creciente hacia los Estados Unidos.

Aunque el Che ya había manifestado durante esos tiempos al comandante Hubert Matos; uno de los principales de la revolución, luego acusado de traidor y sedicioso y encarcelado veinte años por Castro; que “nunca sería comunista a la manera totalitaria de los soviéticos”, también su lado pragmático le decía que era ineludible una alianza con la potencia comunista para la supervivencia.

Durante la primera visita a Cuba del entonces ministro de Exteriores soviético Anastás Mikoyán, su hijo Sergo fue testigo de la influencia de Guevara sobre Castro. En una de las entrevistas privadas, Castro reflexionaba sobre los duros tiempos que sobrevendrían tras aliarse con la URSS y fue interrumpido por el Che con una sentencia lapidaria: “Si no lo haces, en tres años estarás liquidado”.

La llamada Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, fue una campanada de alerta más para el Che sobre el comportamiento soviético. Tras llevar a la Isla armamento nuclear de modo secreto, a contrapelo de la exigencia de Castro de hacerlo abiertamente, y desatarse la crisis con peligro de hecatombe nuclear, Jruschov negoció con Kennedy la retirada de los misiles, dejando de lado a Castro, a Cuba y sus intereses.

Che Guevara junto a Nikita Jruschov, entonces líder soviético. 1964. Foto: Archivo del PCUS

Un paseo por la URSS y el comienzo de un divorcio con el Che

Tras el fiasco de 1962, el Che no se quedó callado y en diversas entrevistas con medios de prensa internacionales criticó duramente las acciones de la dirigencia soviética, calificándolas de pusilánimes e interesadas. Llegó a afirmar a un periódico inglés que “de haber tenido esas armas (nucleares) las habríamos usado, pero como no las tenemos, lucharemos con lo que hay”.

Y quizás con ánimo conciliatorio, el Partido Comunista soviético (PCUS) invitó a Guevara a un recorrido por la URSS en 1964, que se extendería a buena parte del campo socialista europeo. Durante la permanencia en Moscú, fue invitado a la tribuna sobre el Mausoleo de Lenin, cuando se celebró el desfile por el aniversario de la Revolución de Octubre, un honor nunca antes otorgado a ningún extranjero.

Pero a pesar de todas las atenciones y visitas, el Che observó con mirada crítica el desenvolvimiento social, político y económico de la URSS y de los países socialistas visitados. A su regreso a Cuba sostuvo una entrevista secreta con Castro, de la que surgió su decisión de retirarse del proceso cubano y dedicarse a expandir la lucha guerrillera de liberación en “otras tierras del mundo”.

Según diversas versiones, la percepción del Che sobre la URSS y su dirigencia, con las imposiciones a sus aliados (más que aliados, los consideraba satélites) lo hizo rechazar sus concepciones que abandonaban a los movimientos de liberación nacional y anticolonialistas en pos de una hipotética “coexistencia pacífica». En sus «Cuadernos de Praga» predijo la caída del gigante comunista.

Un divorcio definitivo entre el Che y la URSS que llevó a su muerte

La “coexistencia pacífica” fue denunciada ácidamente por el Che durante la Conferencia Tricontinental (que agrupaba a la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina) en 1966. La crítica al abandono de Vietnam “haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna”, apuntó contra la inactividad del campo socialista en la lucha de liberación de otros pueblos y al cobro de la escasa ayuda brindada.

Y tenía Guevara bien fresco su fracaso en la expedición al Congo belga, en la que sufrió el abandono de los líderes de las facciones guerrilleras locales, tras la negociación entre belgas, soviéticos y norteamericanos, a espaldas del movimiento de liberación, para su expulsión de África. Los soviéticos prefirieron arreglar con los colonialistas belgas, los mercenarios a su servicio y los servicios de inteligencia occidentales, que ayudar a los africanos a independizarse.

Che en la Conferencia Tricontinental. Foto: Wikimedia Commons.

Entonces ese “Mensaje a la Tricontinental” resultó el certificado de divorcio entre el Che y la URSS, por la connotación totalmente negativa para la burocracia totalitaria soviética y el final de la colaboración de Fidel Castro con Guevara. A partir de entonces, el dictador cubano solo pensaría en una cosa: deshacerse del Che, por lo incómodo que resultaba para mantener el flujo de financiamiento desde la URSS que posibilitaba su supervivencia.

El fin del Che no podía ser otro

Y como no podía ser de otra manera, todas esas consideraciones influyeron en la elección del destino que resultaría mortal para el Che: Bolivia. En un país sin condiciones para una revuelta social, con una reforma agraria reciente y con un partido comunista totalmente pro Moscú, era imposible la tarea auto impuesta por Guevara, aunque según algunas fuentes de inteligencia, contaba con otros apoyos, algo que desvela el libro «El IV Reich. La conexión verdeolivo».

Con el abandono de Castro y Mario Monge; secretario general de los comunistas bolivianos; orientados directamente por el PCUS, y el fallo de los otros aseguradores de su pequeña guerrilla, el Che se encontró en total soledad. Entonces, privado de información sobre el terreno y de cualquier índole, sin logística ni comunicaciones, la traición lo llevó a la tumba.