«un luogo surreale» by * RICCIO is licensed under CC BY-NC-SA 2.0

Por: Pietro Sánchez Quesada

Hace muchos años, más exactamente en 1928, el escritor ruso Yuri Olesha escribió la novela-cuento “Los tres gordiflones”, cuyo argumento; que ahora sería calificado como de “en un mundo distópico”; narra las incidencias de un país gobernado por tres gordos solo interesados en comer y mantener el estado de cosas, rodeados por una corte de aduladores y protegidos por un ejército. El pueblo sostenía sobre sus necesidades, su hambre y su casi conciencia de que ESE era el estado natural de las cosas, los banquetes, el fasto y las armas.

Antes de seguir, aclaremos los términos “distópica” o “distopía”, que refieren a una sociedad ficticia indeseable en sí misma.​ La palabra viene del griego, creada como antónimo de utopía, acuñada por santo Tomás Moro y que titula su obra más conocida, publicada en 1516, donde describe una sociedad ideal con mínimos crimen, violencia y pobreza. Las distopías tienen la deshumanización, gobiernos tiránicos, desastres ambientales u otras características que llevan al declive catastrófico de la sociedad.

Seguimos con los gordiflones. Como para una buena trama hace falta un conflicto, no faltaron los inconformes ante la distopía, liderados por el acróbata Tibul (un artista) y el armero Prospero (un obrero), a los que se suma, primero inconsciente, pero luego conscientemente, el doctor Gaspar Arnieri (un científico e intelectual) con la colaboración de otra artista callejera: Suok, una niña a la que hacen pasar como la muñeca mecánica del príncipe heredero Tutti.

Sin detenernos en las subtramas y mucho menos querer contar el libro, nos centraremos en analizar varios puntos interesantes. Por ejemplo que el reinado de los tres gordiflones databa de varias decenas de años sin que nadie lo cuestionara, o que la corte seguidora mantenía sus privilegios por la adulación y/o aquiescencia callada de las tragadas y banquetes; en los que no participaban sino de las migajas; y de baile en baile, mientras el ejército mantenía “tranquilo” el país.

Hasta que Tibul y Suok aparecen en la escena, en las calles y; entre versos, canciones y cabriolas; despiertan la curiosidad y el disentimiento, encausan el malestar y la certeza de que “esto no puede seguir así”. Por supuesto que son perseguidos, ellos y Prospero que también alzó la voz para decirles a quienes sostenían el estado que “la comida no es para la mesa de los gordiflones sobre el hambre del pueblo”… y el ejército empieza a virarse.

 James Vaughan 1899–dystopia

El doctor Arnieri es convocado por los gordiflones para reparar la muñeca; hecha por él años atrás para el príncipe heredero; que ha sido sableada por soldados rebeldes y con temor al principio accede a sustituirla por Suok que llega así al palacio y se relaciona con Tutti. Descubren entonces que son hermanos, separados por la conveniencia de los gordiflones para dotar al estado de una continuidad en el status quo. Gaspar Arnieri ve su propia miseria, un poco menor que los descamisados del populacho, pero miseria al fin y se une al reclamo que se hace general.

Por último el pueblo toma conciencia de su fuerza y, al grito de: “¡Abajo los gordiflones!”, con el liderazgo del artista y el armero, con el concurso del ejército; cansado de enfrentar al propio pueblo del que viene para favorecer a los vividores; toman el palacio, expulsan de él a la corte y encarcelan a los gordos, para empezar a construir entre todos, un país distinto.

Puede sonar demasiado añosa la historia, quizás hasta romántica y desfasada, pero puedo garantizar que quien lea este artículo hoy, podrá discernir muy claramente que la sociedad distópica que refleja la obra vive, junto a varios gordiflones y sosteniendo sus banquetes, en un lugar no muy lejano, que los artistas entre canciones y versos llaman a cambiarlo, que la gente que sostiene sobre sus carencias la fiesta, está empezando a aplaudir a los Tibul, las Suok y vendrán los armeros y los doctores, cansados de vagar entre miserias.

Y sin que diga nada más, cualquiera reconocerá la distopía y por mucho que cueste desembarazarse de miedos, velos o certezas erradas, nacerá de las ruinas la utopía y serán desterrados los gordiflones.