La historia universal recoge extraordinarias invenciones que han surgido de manera accidental, tal es el caso del Daiquirí.  Se cuenta que la creación del más literario de los cocteles clásicos cubanos había sido atribuida a Emilio González, Maragato.  Así apareció en reseña publicada en el periódico El País, a propósito de la muerte del antológico cantinero del Hotel Plaza en La Habana.

Pronto el director del diario recibió una carta de un ingeniero de apellido Pagliuchi, comandante del Ejército Libertador de Cuba.  La misiva daba cuenta de que la mezcla había sido creada, casualmente, por el ingeniero norteamericano Jennings S. Cox.

La historia, supuestamente ocurrida en 1899, es bastante conocida: después de una entrevista de trabajo para la explotación de una mina ubicada en la región de Daiquirí, en el Oriente cubano, deciden beber algo.  Cox echa mano a los únicos ingredientes que tiene: ron cubano, limones, azúcar y hielo; los mezcla como en el Whisky Sour, e interrogado por Pagliuchi sobre el nombre de tan exquisito coctel, el norteamericano sugiere que Ron Sour, pero, inconforme, Pagliuchi replica: ¿Por qué no Daiquirí?

Ya en tiempos de la guerra por la independencia de Cuba, los mambises (soldados cubanos independentistas) tomaban una bebida a base de ron, limón y azúcar.  Narran que fue probada por el general Shafter, jefe de las fuerzas norteamericanas.  El obeso oficial —mejor gourmet que estratega militar, atendiendo a errores tácticos que cometió en Cuba—, exclamó confiado: “Lo único que le falta es hielo.”

La historia de Cox y Pagliuchi añade que luego, estos enseñaron al cantinero del Club Americano de Santiago de Cuba, la forma de preparar el coctel.  Sin embargo, no hay dudas de que su carrera entre los cocteles clásicos cubanos inicia con Maragato, allá por la década del 10 del siglo XX.

Otro barman estelar, Constantino «Constante» Ribalaigua, creó la variante que definitivamente convirtió al Daiquirí en una obra superior.  Sobre la barra del Floridita, convertida en escenario de alquimia, atina Constante agregando unas gotas de licor Marrasquino, que suavizan y perfuman una mezcla que ahora es también encantadora gracias a la nieve del frappé.

Estatua de Ernest Hemingway en el bar Floridita

«Ernest Hemingway in Floridita, par Franck Vervial» by Franck Vervial is licensed under CC BY-NC-ND 2.0

No sin razón se considera al famoso bar-restaurante como la cuna del Daiquirí, y a la variante de Ribalaigua: Daiquirí Floridita.

Allí sedujo al novel de literatura Ernest Hemingway, quien no solo escribió en su novela Islas en el Golfo sobre aquellos “grandiosos daiquirís”, sino que sugirió variantes a Constante: “sin azúcar y con doble ron”, para dar vida al coctel Papa Hemingway, o el Hemingway Special o Daiquirí Salvaje, elaborado con jugo de toronja, un limón verde, marrasquino, ron y hielo. 

Varios famosos, de visita en La Habana, acudieron al Floridita tras la notoriedad de su Daiquirí y de las variantes hemingwayanas. Entre las celebridades que asistieron al Floridita estuvieron Gary Cooper, Spencer Tracy, la bella Ava Gardner y el pensador francés Jean Paul Sartre.

Cierta noche, también acudió al Floridita Marlene Dietrich, en busca de Hemingway.  Tras un vehemente intercambio de besos, el gran novelista no encontró mejor modo de celebrar aquel reencuentro con su viejo amor.  Y convidándola a la barra dijo emocionado: “hay un coctel local que es magnífico… Daiquirí”.  

 

Entorno del Bar Floridita, cuna del coctel Daiquirí