Parado en la ribera del río Pilcomayo, afluente del Paraguay que se mete entre Argentina y el país guaraní, escribo garabatos con un palo en la arena húmeda. Tras casi 20 años de emigrar a esta zona americana, escribo el nombre de Damaris. Fue mi primera novia… sin que ella lo supiera. Y la verdad no entiendo bien qué tiene que ver con un curso abreviado para entender el socialismo cubano.

Rivera del río Pilcomayo. Recodo de afluencia al río Paraguay. Foto: Pietro Sánchez Quesada

Allá por los 80 nos debatíamos en Cuba entre el 2000 que llegaba; según Silvio Rodríguez, trovador cubano reconocido internacionalmente; para llenar las expectativas de todos con la construcción de un socialismo de panacea en el que los rusos y sus acólitos eran “los buenos” y los otros, “los malos”.

El bloqueo yanqui; instaurado en la vida cubana desde que Kennedy se quedara con las ganas de ser el libertador de la dictadura castrista y la cagada que se mandó cuando casi le meten cohetes nucleares rusos en la Florida; era y sigue siendo el mandón de las existencias. Lo que faltaba; que es bastante aun hoy; era su culpa… lo que no se dice es que no a todos les falta.

“Pionero soy, de corazón…” “Seremos como el Che”, eran nuestras normas oficiales, pero las no escritas eran asistir a actos, corear consignas, aplaudir el discurso de turno en cualquier púlpito, odiar a los yanquis, desfilar bajo el asfixiante calor con caras de felicidad, odiar a los yanquis, sacar buenas notas, odiar a los yanquis, visitar lugares que no nos interesaban un carajo pero parte de la “obra de la Revolución” y… odiar a los yanquis.

CURSO ABREVIADO

Damaris era una chica alta, blanca, ya bien formada para sus años, de la que me prendé y acariciaba en sueños, primero infantiles, luego no tanto. Y hasta ahí. De pronto me enteré de que TENÍA que olvidarla, porque la embajada del Perú, el puerto del Mariel y su familia en Estados Unidos me “dieron la mala” y se la llevaron.

De tierno enamorado dispuesto a regar flores a su paso, me vi convertido en parte de una masa vociferante de pioneros y gente adulta frente a la casa de Damaris que le gritaban palabras que hasta entonces estaban vedadas para nuestra cotidianidad. A ella, a su madre, a su padre y a cuantos recordaron de su genealogía.

Los huevos que siempre venían racionados se traían ahora por cajas para lanzarlos contra su vivienda y sus humanidades, le pincharon las gomas a su auto, instalaron música fuerte, les cortaron el agua, la luz y el gas y pintarrajearon sus paredes con consignas revolucionarias y palabrotas.

Me pregunté si Fidel se mudaría a aquella casa, porque por todas partes aparecía: “Viva Fidel”, como si le faltara vivienda al “siempre invicto comandante en jefe”. Dudas existenciales evacuadas con el paso de los días, al ver el desmadre EN la embajada del Perú en La Habana y la locura extendida a todo el país con marchas del Pueblo Combatiente.

Consecuencias

Después del éxodo al Perú, el desfile de lanchas desde los Estados Unidos al Mariel y viceversa, el surgimiento de los “Marielitos” y la continuación más o menos intensa de la regata de balsas hasta el norte, dividieron familias, se perdieron amistades y la era parió una nueva generación de traidores que más adelante se convirtió en “traidólares a la Patria”.

Y también más adelante, la “Marcha del Pueblo Combatiente”, que batía con furia exaltada los oídos y acompañaba los ríos humanos cargados de improperios hacia los “lumpens”, “la escoria”, dejó de escucharse de pronto: su autor, un ciego llamado Osvaldo Rodríguez se quedó fuera con una razón que sonaba a estocada: “Si pudiera ver, me habría ido antes”.

Una calle de la ciudad de Camagüey, centro oriente de Cuba. Al centro la infaltable patrulla militar. Foto: Autor. Editorial24.com

ENTENDER EL SOCIALISMO CUBANO… MISIÓN IMPOSIBLE

La gente volaba, reptaba, nadaba y remaba hacia el “Paraíso de la Yuma”. Mientras que a nosotros nos arrastraban a repudiar a la «gusanera», los lumpen y demás fauna de la que no teníamos noticia de existencia en el paraíso tropical del socialismo. ¿De dónde había salido toda aquella caterva de gentes? Si según nuestros líderes éramos semejanza del Edén terrenal…

En 1982 nos enteramos a medias de lo que también sería develado (bien dicen que entre cielo y tierra no hay nada oculto). Cuba andaba por el mundo repartiendo experiencias de cómo hacer socialismo. Los casos de Angola, Etiopía y Nicaragua eran más que conocidos, muchos habían peleado y muerto en las guerras libradas para mérito, laureles e “invictus” de Fidel.

Pero en la América el secreto dejó de serlo cuando la 82 división aerotransportada del U.S. Army cayó sobre la pequeña islita caribeña de Granada, donde  Maurice Bishop; un demócrata con tendencias de izquierda; instauró un gobierno afín con el rojo ruso y constructores cubanos fueron a construir entre otras cosas un aeropuerto.

Al ya fallecido, mal actor y ex presidente Ronald Reagan se le antojó que el tema era una nueva base soviética en la zona. Consideró que ya era suficiente con Cuba y mandó a sus boys que eran casi más que los habitantes de Granada a invadirla, lo que hicieron con todo el acostumbrado énfasis que ponen en tales tareas.

AL CARAJO EL PARAÍSO Y DIME SI ENTENDISTE

Y entonces supimos que junto a los constructores había instructores militares, cuyo jefe era el coronel Tortoleaux – apellido francés de un negro inmenso que en castellano suena Tortoló – quien supuestamente había salido corriendo junto a los que resistieron hasta la última bala con la bandera cubana por el aeropuerto en construcción.

Pero como la mentira tiene patas cortas, después se filtró que la corrida fue en otra dirección, rompiendo el cerco y las órdenes “de arriba” de resistir hasta la muerte; ante una pelea perdida por completo;  dejó a los que no pudieron seguirle y se refugió en una embajada hasta que se calmó el último tiro.

Cuando llegaron los sobrevivientes a La Habana, el coronel se bajó del avión y dio un parte vibrante y lleno de patriotismo ante Raúl Castro. Todos lloraban de emoción y felicitaban al heroico representante del ejército cubano hasta que la verdad se abrió paso (recordar que los cuarteles putean y chusmean peor que los burdeles).

Y entonces se regaron dos cosas: una, que en privado el general le arrancó las charreteras al coronel y le dijo que si las quería de vuelta tenía que traerle la cabeza de Jonás Savimbi; líder de la UNITA angolana. La otra fue un estribillo a propósito del hecho: “Si quieres correr veloz, compra zapatillas Tortoló”.

A Savimbi lo mató el ejército angolano años después, Tortoló manejaba un taxi particular en La Habana y a Damaris la encontré en Facebook. No se acordó de mí, ni me importó. No entiendo por qué carajo escribo su nombre ahora. Tampoco entiendo qué carajos es el socialismo cubano… y la verdad, tampoco me importa.