Para que los «perdedores» no se sientan derrotados; ni los «vencedores» se sientan que ganaron… Cuba no es la Yuma.Los cubanos en las elecciones de Estados Unidos, un choque cultural con graves efectos. 

Cuba es ese país del que salimos con una autoestima social bastante baja en el fondo, aunque por fuera nos sintamos la Tiza del mundo. Eso puede ser normal en sistemas alienantes.

Con el paso del tiempo, la mayoría de los que hemos llegado a E.U. lo hemos hecho desde un país donde un hombre-Partido pensó por millones durante varias generaciones y de algún modo nos programaron para que esa fuera nuestra normalidad.

Pero la vida del siglo XXI cada vez debe funcionar menos bajo ese esquema de figuras o partidos en representación de los individuos. Cambiar esa matriz, como pasar de combustibles fósiles a energía renovable, llevará su tiempo pero debe ser inevitable según el concepto más importante de la ciencia que es la Evolución.

Me comentaba un amigo cubano desde Europa que para ellos allá es más difícil entender esa vehemencia con que se enfrentan cubanos Republicanos y Demócratas en E.U. Otro «amigo» de Facebook, que vive en Cuba, «bromeaba» en una publicación de una muchacha que se declaraba Republicana hasta las últimas consecuencias: “¿Republicana?, pensé que eras guantanamera.”

Pero vamos, coño, llegar de una ciudadela en Santos Suárez o de un campito en Yateras, y de pronto tener la oportunidad de declararte Republicano o Demócrata, con toda la épica (películas de superhéroes incluidas) que subyace en la historia del país que terminó por imponer su hegemonía global, como que es de pinga, queridos amiguitos.

Luego vuelve el amigo en Europa, y me comenta que se puede traer ese arrastre de país dañado y dividido, pero que se puede llevar con dignidad y adaptarse a la nueva realidad siendo uno mismo. Y yo creo que eso, además de una posibilidad, es una necesidad, porque por más que explotemos esa capacidad de adaptarnos y hasta de triunfar en tierra extraña, los cubanos no seremos nunca otra cosa que cubanos, nos guste o no.

Por mucho que en E.U. hayamos ayudado a construir una ciudad preponderante como Miami; logrado, según ciertas estadísticas, que nuestra segunda generación nacida aquí sea más exitosa que la media blanca americana; escalado a posiciones de primer nivel; criar y educar al actual hombre más rico del planeta; los cubanos nunca seremos en esencia americanos (me refiero al país). Ni Cuba va a ser como ningún otro país en el que hayamos vivido. Cuba es y va a ser a nuestra imagen y semejanza. Si nos comportamos como mierda y con odios entre nosotros, pues eso será siempre Cuba: un país de mierda y odioso.

No hay otra solución que tratar de entendernos, nos guste o no lo que otro asere pueda traer a la mesa. Y acabar de asumir la responsabilidad que nos toca a nosotros y a nadie más. Creo que cifrar las esperanzas de mejoramiento de Cuba en un gobierno extranjero del color que sea ha sido una histórica pérdida de tiempo en la que lo único que ha crecido son los odios y divisiones. Los cubanos en las elecciones van dejando su impronta, el reflejo de los males que arrastramos desde Cuba. 

Mejor sería comportarse responsablemente y hacer lo que han hecho las grandes naciones como E.U., diseñar un proyecto de país propio. En definitiva es lo que intentaron los grandes pensadores históricos como Varela, Agramonte, Martí.

Con las tecnologías actuales, no es difícil crear redes para trabajar en equipos; diseñar acciones cívicas dentro y fuera de Cuba; buscar vías para fomentar pensamiento libre y crítico; estimular el liderazgo; conectarse y tratar de influir en organizaciones internacionales; empoderar al ciudadano de a pie para que pueda luchar por sí mismo sin tener que depender de otro que venga a solucionarle la vida.

Y para empoderar al ciudadano hay que entender que si se le ponen las cosas más duras desde el punto de vista material, lo más probable es que su sentimiento de dependencia y vulnerabilidad aumenten, y su sentido de dignidad humana disminuya. La miseria no moviliza ciudadanía; la indignación sí.

Ahora pueden seguir revisando cómo va la votación; y recuerden que cuando todo esto termine, los cubanos seguiremos sin presidente.