El 20 de mayo de 2021 se cumplen 119 años del nacimiento de la República de Cuba. El día transcurre sin penas ni glorias desde que la Revolución decidió remover fechas y símbolos e imponer su propio calendario. La fiesta nacional cubana era comparable con el 4 de julio en Estados Unidos, pero con la grandilocuencia de los festejos cubanos. Es posible que luego de leer, comprenda por qué los cubanos amenazan: «te viene encima un 20 de mayo».

La fecha y nombres asociados provocan debate y, en algunos, más que eso: se llega al paroxismo seguido de bofetadas al aire. Pero no tiene por qué causarlo: en esa fecha se dio por terminada la intervención y ocupación norteamericana de Cuba, tras la salida de España por el Tratado de París y se izó en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales y el Morro de La Habana, la bandera de la Estrella Solitaria.

LA LLAVE PARA LA PUERTA DE LAS AMÉRICAS

El vecino norteño siempre apeteció incorporar la fruta caribeña a su ya frondoso canasto, pero por el contrario de otros territorios sumados, como Luisiana, Florida y Alaska (compradas a Francia, España y Rusia) y los estados del Oeste (anexados en detrimento de México), la “cuestión cubana” iba por otro cauce, impuesto por una lógica: Cuba está llena de cubanos.

Con esas miras, intervino en la llamada «Guerra Necesaria» (1895 – 1898), arrancando a España un territorio que, lejos de ser una colonia, era una autonomía desde 1897 y, por ende, considerado provincia de Ultramar por el reino hispano. En este destalle está la herida por el desgajamiento y por el que afloran los paroxismos antes citados, tanto en Cuba como en España, y por razones propias.

EL TRATADO DE PARÍS

Tras el hundimiento de la flota española del almirante Pascual Cervera en Santiago de Cuba, el gobierno de Sagasta pidió la mediación de Francia para entablar negociaciones de paz con Estados Unidos que llevaron a la firma del protocolo de Washington el 12 de agosto. Comenzaron el 1° de octubre de 1898 y culminaron con la firma del Tratado de París, el 10 de diciembre.

Este acuerdo fijaba la futura independencia de Cuba para 1902. España renunciaba a toda soberanía y propiedad sobre Cuba. En atención a que, evacuada por España, sería ocupada por Estados Unidos, éstos, durante su ocupación, tomarían sobre sí y cumplirían las obligaciones que, por el hecho de ocuparla, les impuso el derecho internacional.

LOS CUATRO AÑOS DE OCUPACIÓN

Entonces, fuera España, Cuba tuvo un cuatrienio de gobernación militar estadounidense, mientras se organizaban las estructuras de gobierno, leyes y se recomponía la infraestructura del país, dañada y atrasada por los años de guerra. Se preparaba a un país que nacía para su futuro independiente, aunque no como lo deseaban las corrientes políticas de la época: los frustrados autonomistas e independentistas. Solo los defensores de la anexión pretendían el cambio de estatus hacia la incorporación a Estados Unidos.

Y volvemos al problema: Cuba está llena de cubanos, bien definidos por el Generalísimo Máximo Gómez; si no llegamos, nos pasamos. Por un lado los siempre pendulares deseos de los vecinos de arriba de mantener el archipiélago bajo su órbita de intereses, y por otro los de los recién desmovilizados mambises, cuyos líderes más prominentes se volcaron hacia trocar galones en provecho, trajeron temores sobre la viabilidad de la República en ciernes.

LA ENMIENDA PLATT Y LA INDEPENDENCIA

Entró entonces en escena el senador Orville Platt, quien planteó la Enmienda que lleva su apellido como apéndice para apoyar al naciente gobierno; con el trasfondo de garantizar sus intereses, claro está ; y con miras a que una revuelta por contradicciones de la política criolla, no hiciera temer por la vida y la propiedad. Otra vez hubo gritos y oposiciones a mares, pero el ocupante se mantuvo en sus 13: «Sin Enmienda, no hay independencia».

Y llegó el 20 de mayo, en que al mediodía, el gobernador Leonard Wood hizo entrega del mando en la ya nacida República de Cuba, al primer presidente: Tomás Estrada Palma. La bandera nacional subió a los mástiles de todos los edificios públicos y por toda la Isla se extendió el júbilo de tener al fin un país propio, aunque indudablemente, con algunos lastres que no eran lo que habrían deseado Martí y los partidarios de la independencia total.

CUBANOS, INDEPENDENCIA Y TEMORES CONFIRMADOS

No pasó mucho tiempo para que se confirmara que faltaba mucho de civismo y valores en la nueva República. En 1906, tras la pretensión de reelegirse Estrada Palma, los liberales encabezados por el general José Miguel Gómez tomaron las armas y se alzaron en lo que se llamó «Guerrita de Agosto», donde entre otras cosas, se produjo la última carga al machete de que se tiene noticias en la Isla.

Estrada Palma renunció y antes pidió en una carta al presidente Theodor Roosevelt la intervención. En la misiva dijo: «Cuando vi que la insurrección tomaba serias proporciones, sentí mi alma herida de profundo desencanto, contemplando por tierra la obra paciente y gloriosa de cuatro años, y resolví de una manera irrevocable renunciar la presidencia, abandonando por completo la vida pública«.

«La conciencia de un deber superior, de esos que hacen manar sangre del corazón y arrastrar consigo la impopularidad y el odio, me imponía como única salvadora medida, la necesidad de poner en conocimiento del gobierno de Washington, la verdadera situación del país y la falta de medios de mi gobierno para dar protección a la propiedad, considerando que había llegado el caso de que los Estados Unidos hicieran uso del derecho que les otorgaba la Enmienda Platt».

ENCARECIDAMENTE LE RUEGO QUE ASÍ LO HAGA

Roosevelt se negó a intervenir y conminó a Estrada Palma a «resolver entre cubanos»: «Es evidente que bajo las presentes circunstancias, no puede subsistir el Gobierno de usted, y que la tentativa de mantenerlo o de dictar los términos indicados por usted, respecto al nuevo gobierno, no significarían otra cosa que el desastre y quizá la ruina de Cuba».

Bajo su gobierno ha sido Cuba república independiente. No debe insistir en conducirse como lo hace, porque la responsabilidad del fallecimiento de la República, podría recaer sobre sus hombros. Le suplico que proceda de manera que aparezca que, al menos, se ha sacrificado por su país, y cuando deje su cargo, deje a su país todavía libre. Entonces no sería responsable de los desastres que más tarde pudieran acaecer a Cuba; y habría usted llenado su misión como un caballero y un patriota», instó el presidente norteño al cubano.

CUBANOS, INDEPENDIENTES DESDE EL 20 DE MAYO

Y al final, como todo siguió igual, volvieron las tropas norteamericanas a Cuba desde el 29 de septiembre de 1906 hasta el 28 de enero de 1909. Poco cambió en la política criolla desde entonces, sucediéndose revueltas (La Chambelona), fraudes, dictaduras (Machado y Batista), revoluciones… y más, para llegar a menos.

Pero más que todo y para todos, debería ser la fecha de la independencia algo inamovible. Somos nacidos, desde 1902 en la república de Cuba, y aunque la Isla hoy haya cambiado de receptora de inmigrantes a emisora de emigrantes, la República nació un día como hoy, y aunque esta afirmación… nos provoque «un 20 de Mayo».