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El 11 de julio pasará a la historia en Cuba como el día en que lo imposible se hizo realidad. La idea de manifestaciones multitudinarias a escala nacional y de manera espontánea se concretó en apenas unas horas. Como las revoluciones del siglo XXI, los cubanos usaron las redes sociales para armar la mayor jornada de resistencia pacífica en 62 años de gobierno comunista. 

En la mañana del domingo salían de Cuba informaciones confusas de una pequeña manifestación en San Antonio de los Baños, a apenas 15 kilómetros de la capital. En minutos la protesta tomaba todos los barrios de la localidad y amenazaba con llegar hasta la Habana.

La prensa independiente y los medios noticiosos no esperaron que el eco de la manifestación llegara a pueblos cercanos. Parecía que no saldría del contexto local, pero de manera sorpresiva comenzaron a surgir noticias de manifestaciones en Palma Soriano, en la provincia de Santiago y luego como efecto dominó se reportaban miles de personas en las calles de Camagüey, Sancti Spíritu, Matanzas, la Habana, Pinar del Río. El país completo se llenaba de focos de resistencia ciudadana.

¿Por qué ocurrió?

El contexto cubano daba signos que hacían pensar en un estallido social. No se sabía cuándo ni cómo, pero los pronósticos indicaban a que algo ocurriría y pronto. Hasta la literatura marxista-leninista mostraba altas probabilidades para este escenario. Pero el estatus quo genera comodidad mental y negacionismo de alternativas de cambio. 

El país lleva dos años continuos en desabastecimiento progresivo. El gobierno de Diaz-Canel arreció los controles de precios y la persecución de los productores privados. La falta de oferta de productos de primera necesidad y el aumento del salario generó una bomba inflacionaria, disminuyendo la capacidad adquisitiva del pueblo común y disparando la carestía de la vida.

A las precarias condiciones económicas se suma la mala gestión de la pandemia. El gobierno cubano, famoso por camuflar datos, provocaba denuncias de la sociedad civil sobre ocultamiento de la realidad sanitaria del país. Pero la saturación del sistema hospitalario no le permitió al régimen negar por más tiempo los picos de contagios. Dos días antes al estallido social se había reportado  un total de 13 345 nuevos casos. 

Las imágenes de cubanos en los pasillos de los hospitales y las noticias de los fallecidos, se agravaron por las denuncias de la escasez de medicamentos básicos como la dipirona. El bajar fiebres o aliviar dolores de cabeza puede costar en el mercado negro la mitad de un salario mínimo. Los pacientes psiquiátricos no cuentan con sus medicinas y se hacen frecuentes los suicidios y en fechas recientes la matanza de los vecinos de un edificio por un persona que no contaba con sus medicinas para controlar su mal mental.

La política de control asfixiante del gobierno y la peor crisis sanitaria desde el comienzo de la pandemia puso a los cubanos en la decisión de “no hay nada que perder y sí mucho que ganar”. 

Escenario inmediatos “La represión”

El régimen cubano, desde el Maleconazo en 1994, tiene un protocolo de acción inmediata para este tipo de acciones populares masivas. El plan está en marcha desde ayer en la tarde. En primera instancia el control de las comunicaciones. El país tiene cortes de luz por zonas, cierre selectivo de internet para zonas calientes y disminución de la velocidad de conexión para otros lugares. 

Desde horas de la noche se han desplegado fuerzas especiales y grupos antimotines en las localidades donde se producen las manifestaciones. Cuba amaneció militarizada con tropas dispuestas a reprimir los intentos de reactivación de las protestas. Si la población logra aglutinarse el régimen no dudará en reprimir.

La espontaneidad de los sucesos y la inexistencia de un liderazgo con planes definidos, atenta directamente contra los manifestantes, que no saben que paso seguir o cuánto tiempo permanecer en las calles. Es muy probable, que de mantenerse entre 72 horas o una semana, ese liderazgo aparezca y permita articular una estrategia de presión. El régimen conoce los riesgos, por lo que intentará disipar la resistencia popular lo antes posible. 

Escenarios de ficción “El Diálogo”

No habrá un camino al diálogo si no se mantiene la presión en las calles, esto es un hecho. El régimen ha sido claro, prefiere la confrontación entre cubanos que dialogar con los miles que piensan diferente. Pero si existiese un mínimo de cordura, y pensaramos que las palabras de Diaz-Canel ayer, convocando al sectarismo comunista y promoviendo la violencia en las calles no se hubiesen dado, y llamara a una mesa de unidad nacional sincera y sin limitaciones, se abrirían muchas puertas a un cambio pacíficio.

Diaz-Canel convoca a la violencia sectaria en las calles.

En caso de un diálogo, hasta hoy imposible por la postura gubernamental, pondría sobre la mesa la participación política diversa de los cubanos en el futuro del país. La legalización de movimientos y partidos políticos y la libertad de expresión, unido a elecciones democráticas para el ejecutivo y el parlamento. Sin contar debates económicos que son fundamentales, sin lugar a dudas. 

Este tipo de pasos daría camino a la democratización del país y por consecuencia al fin de las sanciones económicas al gobierno cubano por parte de Estados Unidos. La solución a todos los problemas está en el diálogo de las partes. Pero sin la intención del que porta las armas y la represión, este escenario es el menos probable a corto plazo.