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Pasados cien años de la gripe española, considerada por muchos la peor pandemia del siglo XX, una nueva peste sacude el mundo y ha pospuesto muchos proyectos, pero no ha podido frenar el ímpetu de arriesgarse a conquistar nuevos horizontes para tener una vida mejor.

Así piensan la mayoría de las personas que llegan no solo a Europa, sino a otras tierras del primer mundo dejando atrás su vida, familiares, costumbres y sueños. Es una dura decisión cuyo precio a veces es la propia vida y de eso se habla constantemente en medios de comunicación.

No todos tienen la posibilidad de adquirir una visa o boleto de avión para llegar a su destino. Muchos transitan de una frontera a otra como suele ocurrir en América Latina para llegar a Estados Unidos. En tanto, otros desafían las más cruentas mareas.

Pese a la crisis del Covid-19 a España siguen llegando pateras con personas procedentes, en la mayoría de los casos, de países africanos. Al ingresar en el país estas son llevados a centros de acogida y reciben atención médica, y por supuesto se les hace un PCR.

Movimientos migratorios indetenibles

Lo cierto es que se trasladan de una nación a otra sin muchas garantías, y sabiendo que el destino que les espera está marcado -hoy más que nunca- por la incertidumbre.

De acuerdo a lo que sucede en el mundo, entre los efectos más nefastos de la pandemia sobresale la reducción de ingresos y el desempleo, que ha dejado desamparados a millones de personas. Los pronósticos a mediano y largo plazo no son muy halagüeños. Si no hay para los de casa, ¿Qué quedará para los migrantes?

Pese a esta dura realidad, no son pocos los que esperan en sus países de origen que acaben los tiempos de pandemia para, de una manera u otra, salir a luchar por sus sueños, conscientes o no, de que será duro comenzar de cero en un lugar desconocido.

Daca y los dreamers