Quien ha escuchado el Concierto de Aranjuez podrá comprender algunas de las emociones que rodean la exquisita pieza creada en la primera mitad del siglo XX por el compositor español Joaquín Rodrigo (1901-1999).  

Y es que la obra establece un diálogo inusual entre guitarra y orquesta, intercambio no muy explotado por compositores que casi siempre han apostado por el protagonismo de otros instrumentos como, por ejemplo, el violín.  

Pudiera decirse que la pieza explora la grandeza de la guitarra, que llora y ama en sus tres movimientos: Allegro con spirito, Adagio y Allegro Gentile.

Quizás sea el Adagio una de las partes más interpretada en el mundo por exponentes tan diversos como el guitarrista flamenco Paco de Lucía y el jazzista estadounidense Miles David.

Escrita en París en los albores de la II Guerra Mundial (1939-1945), el Concierto de Aranjuez constituye una caricia para el oído. La tristeza tiene una fuerte presencia porque quizás desde ese sentimiento nacieron los acordes más intensos.

Concierto de Aranjuez interpretado a la guitarra por Joaquín Rodrigo II

Sin embargo, también se dice que fue inspirada en los jardines del Palacio Real de Aranjuez, la residencia primaveral del rey Felipe II en la segunda mitad del siglo XVI.

En ese ambiente paradisiaco, Rodrigo y su esposa -la pianista turca Victoria Kamhi- pasaron su luna de miel, de ahí el profundo romanticismo de la obra, sin embargo, es imposible no sentir en cada nota una profunda carga de melancolía.   

LA LEYENDA DETRÁS DE LA OBRA

En el Adagio -segundo movimiento de la obra- el dolor invade la existencia del autor, que ha sufrido la pérdida de un hijo neonato. La ilusión de mimar a su pequeño y abrigarlo en su regazo se vio frustrada ante la prematura muerte del bebé, que expiró en el vientre de su progenitora dejándola en un estado grave de salud.  

Así, el pulso acelerado de la guitarra en representación de los latidos del corazón humano cuestiona a Dios por lo sucedido y emite continuas manifestaciones de rabia e incredulidad.

Unos minutos después, como si hubiera recibido el consuelo divino, la quietud y la aceptación hacen su entrada en la pieza para convertirla en un himno de paz y armonía.

Y precisamente ese ambiente de reconciliación anuncia un milagro para Rodrigo: su esposa sobrevivirá para iluminar la oscura existencia en la cual quedó hundido.