Vendedora de frutas Concepción, Paraguay. Foto de Arcadiuš

Nada como salir a la calle en un país para enredarte en la idiosincrasia local. Comer en Paraguay genera choques culturales, como es lógico, comienzan con el doble idioma, mezcla de castellano con guaraní conocida como “Jopará” (se dice yopará) en la que suenan apóstrofes como na, pio, piko, tras las palabras castellanas y lo mismo suena un ¿mba’e? en lugar de ¿cómo?; que ere ere’a; antes que lo que sea o cómo sea…

En Paraguay se compra y se vende todo y no hay sitio donde no se venda. Hay vendedores que parecen quincallas ambulantes en las aceras, otros suben a los buses y; en dependencia de su nivel de educación; sueltan una ráfaga que suena como: “Amilguaranílajugo”, o “Tohallitaparalamanomediazoqueteypañueloatremíiiii”. Otros se dirigen al “estimado pasajero, con el permiso del amable conductor, quiero rogarles un minuto de su atención para presentarles en esta ocasión una oferta especial…” y a partir de ahí ponderan lo mismo un cepillo de dientes que un taladro chino o una enciclopedia que acompañan con cualquier otra baratija para enganchar clientes.

También se encuentra en todo sitio lo necesario para el hogar y la cocina, proveniente del contrabando desde la Argentina o el Brasil. Aceites, frutas, jabones, pasta dental, jugos, detergentes, máquinas de afeitar, golosinas, leche en polvo, todo en bolsitas vendidas por paquetes o al detalle. Usted elige y compra. Se lo traen al asiento del bus o en camino a casa lo compra. Siempre más barato que en los supermercados o despensas de barrio.

Matices y contrastes

Otra cuestión llamativa son los conciertos móviles. A la loca velocidad de un viaje en bus por las calles de Asunción o el Área Metropolitana, se puede escuchar desde el griterío chirriante de chicos tratando de cantar música cristiana, hasta excelentes interpretaciones de guaranias, polcas y canciones típicas al son de guitarra y requinto, de músicos solos o a dúo.

Sin embargo, lo que más hace tropezar al extranjero es la parte de la idiosincrasia paraguaya que los convierte en los búlgaros de América. Al igual que los balcánicos, el SÍ paraguayo significa NO. Cuando recibes un sí de entrada, ten por seguro que con certeza casi absoluta, al final es negativo el resultado de tu gestión. Forma parte de la herencia guaraní, una necesidad imperiosa de quedar bien y no molestar, lo que al final resulta en totalmente lo contrario. Perdí la cuenta de las veces que fui a empresas y lugares buscando trabajo o en gestión de lo que fuera y salí puteando en arameo.

El uso de ambos idiomas indistintamente le da la posibilidad a los paraguayos de comunicarse entre ellos sin que el interlocutor ignorante del guaraní se percate de qué rayos se están diciendo. Algo muy favorable para los comerciantes y vendedores de toda laya que abundan en los mercados municipales y cualquier sitio.

Pero…, siempre hay un “pero”. ¡Ahhh, la comidaaaa! La comida paraguaya tiene génesis precolombina con la raza guaraní y la herencia española en la colonización. Combina técnicas culinarias hispanas con productos nativos y otros introducidos y aclimatados por los españoles, llámese verduras, arroz o carne vacuna.

Matando el hambre en la calle

El producto básico, como en casi toda la América, es el maíz. Omnipresente ingrediente que se muele, se cose o se fermenta para distintos platos o alimentos, como el más emblemático de sus platos: la «sopa paraguaya», en el que se mezcla y hierve harina de maíz con huevos, queso fresco, cebolla picada y queso, resultando la ÚNICA sopa no líquida del mundo.

La otra tipicidad insoslayable es la chipa o pan paraguayo, fruto de hornear el almidón de mandioca (yuca) con queso o carne vacuna dentro; a este último se le llama “chipa so’ó”; para diferenciarlo; pero también se hace otra variedad con harina de maíz tierno, a la que se le llama “chipa guazú (guazú significa “grande” en guaraní), que tiene otra consistencia.

Asado, Choripán, Vorí vorí, Yopará, Soyo, Locro, Mandi’ó Chiriry, empanadas con toda clase de rellenos, son otras de las delicias culinarias del Paraguay que se hallan en las más finas y encopetadas recepciones u oportunidades, hasta en el más mugriento y zainoso de los locales comerciales de los mercados.

El asado es la cocción a la parrilla (casi exclusivamente) de cortes vacunos a los que se suman chorizos, morcillas, cerdo y pollo, a razón de medio kilo por comensal; menos cantidad es un “asadito”. Ahora, si tu objetivo es comer al paso y salir del paso, te conviene el choripán, un bocado de un pan tipo salchicha pero más grueso, con un chorizo dentro, que puede ser picante o no, con queso o simplemente una morcilla o el Mandi’ó Chiriry, un revuelto de huevos y queso con mandioca.

Comer en Paraguay pa los soperos

Capítulo aparte merecen los caldos: Vorí vorí; de pollo con vegetales y bolitas de maíz cocidas con el mismo caldo del pollo que se agregan al cocinar; el Yopará; otro en el que se avientan a la olla todo tipo de carnes, vegetales y legumbres, haciendo honor a su nombre guaraní que significa “mezcla”; el Soyo, de pescado con vegetales, ideal para combatir la resaca de las noches de cerveza a raudales; el Locro, con granos de maíz, trozos de carne vacuna y vegetales en el que predomina la sustancia grasosa y que ha de comerse bien caliente.

Hay mucho por recorrer entre tantos mercados y sitios. Es toda una aventura el llenarse la panza con los sabores de esa idiosincrasia enquistada de siglos, mediterránea y mezclada, rodeada de ríos; sin añoranza del mar como otras sudamericanas; pues ha adoptado como norma y forma el saberse en el corazón de América y así late entre selvas, llanuras extensas,  humedales y ríos, su propia identidad. ¿Entendé pa?

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