Gustavo Petro. Foto de Gustavo Petro Urrego

Reivindicaciones populares sin resolver, actuar errático del gobierno, polarización de la sociedad, conflictos políticos y una intransigencia estúpida de la administración Duque ante los reclamos populares, ponen a Colombia a punto de una radicalización del pensamiento político y allana el camino para un cambio sistémico. Uno de los primeros indicadores desde el padrón electoral, se experimenta con el apoyo de la ciudadanía a una futura candidatura de Gustavo Petro. 

Estamos a un año de las elecciones presidenciales en Colombia. El 29 de mayo de 2022 se llevará a cabo la primera vuelta, la que se prevé tendrá una segunda ronda para definir al mandatario. El senador Petro en este momento se adjudica el 20,6% de la intención de voto, según encuesta realizada por Guarumo. De seguir la presente situación con sus agravantes continuará el crecimiento vertiginoso de Petro.

El uribismo tiene las opciones limitadas para el evento democrático de 2022. Ivan Duque tendrá que revertir los criterios sobre su gestión si desea ceder el puesto a un presidenciable de su misma línea política. En Colombia no existe la posibilidad directa de reelección, a pesar de ello la influencia del expresidente Uribe es rectora en la política nacional. 

Desmoralización y búsqueda de chivos expiatorios

Con un 58,7% desfavorable a sus políticas, el presidente colombiano ve formar las “Crónicas de una muerte política anunciada”. Para colmo de males el mandatario y sus grupos acólitos buscan hacerle el pulso al senador Gustavo Petro. Está tan complicada la situación con Duque, que evitó darse un salto al vecino país de Ecuador, para la toma de posesión del presidente aliado Guillermo Lasso y se puso de inmediato a desplegar las artimañas de ataque a su contrincante.

En otra de las tantas acciones dilatorias para resolver la crisis y con el pretexto de usar como chivo expiatorio a Gustavo Petro, Ivan Duque pone al senador como el responsable de las manifestaciones. Esta acción es recurrente y se usa a conveniencia, como culpar al régimen de Nicolás Maduro de la realidad colombiana actual. En unos días el Consejo de Estado colombiano discutirá la remoción del senador Petro por incitar a la violencia en las manifestaciones. 

Duque alegó: Alguien que quiera construir su ascenso al poder a través del caos, la desesperación y la frustración no es el tipo de presidente que Colombia necesita”, adelantándose a cortar el vuelo al presidenciable de la “Colombia humana”. 

Así está Colombia…

El presidente colombiano está evitando discutir las verdaderas razones del conflicto social que consume a la nación sudamericana. Dígase sin tapujos, Colombia es el país más desigual del hemisferio occidental, ocupa el séptimo lugar en el ranking mundial de desigualdad del índice de Gini. La población del país ve crecer la pobreza que cubre ya al 43% de los colombianos. 

La falta de oportunidades afectan principalmente a grupos indígenas, afrodescendientes y a los trabajadores. Quienes han tenido que sufrir desde 2019 del discurso difamatorio de altas figuras del estado, además de exponerse al riesgo real de asesinatos selectivos de grupos paramilitares, sin que el gobierno asuma el deber de proteger a la ciudadanía el elemental derecho a la vida y la libertad de expresión. Desde enero de 2021 hasta hoy han sido asesinados 65 líderes sindicales, campesinos y representantes de comunidades vulnerables. 

En el abandono quedaron los acuerdos de paz con las guerrillas marxistas. La obstaculización del proceso de paz y el sicariato político han dejado 23 guerrilleros firmantes de los acuerdos de la Habana, muertos en lo que va de año. La falta de garantías y la reticencia de Iván Duque han provocado la reactivación masiva de los efectivos guerrilleros desmovilizados y se nota la presencia en las zonas fronterizas, al punto de desencadenar acalorados enfrentamientos.

Colombia no había tenido una gestión plausible de la pandemia, pero con el aumento de la presión fiscal sobre las clases trabajadoras han desencadenado el caos contenido. Al gobierno no poder aplacar con rapidez el descontento popular se dispararon el número de contagio con las protestas y en las próximas semanas se pondrá a prueba la respuesta hospitalaria. La nación sobrepasa los 400 muertos y más de 20 mil contagios diarios, pico alcanzados en este último período de inestabilidad. 

Cambio o continuismo

Un sistema de salud excluyente, educación bajo dogmas anticuados del neoliberalismo de los 70, falta de oportunidades para jóvenes, insuficientes subsidios a la pequeña y mediana empresa, así como al productor agrícola, son el caldo de cultivo de una revolución profunda del sistema colombiano. 

Pero el cambio, el consenso popular, las transformaciones sistémicas son disfrazadas con el terror al “Castrochavismo”. Para muchos ciudadanos de clase media y en el discurso de las élites, Petro es el principal representante de la ideología del “Socialismo del Siglo XXI”, aunque el mismo senador ha negado constantemente estas afirmaciones y ha expuesto públicamente sus críticas a los regímenes de Venezuela y Cuba. 

Dando presunción de inocencia hasta que los hechos demuestren lo contrario, un cambio del uribismo a la propuesta de Petro, no supondría un giro al sistema de Maduro en Colombia. La realidad es que por el camino actual el país va a la anarquía, se impone la moderación, el diálogo, la abolición del miedo como sistema de gobierno y el planteamiento de planes duraderos de mitigaciones de la pobreza, fortalecimiento de las clases medias y generación de oportunidades de crecimiento para todos los ciudadanos.