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Más de 400 muertos ha dejado la represión en Birmania (Myanmar), con un fin de semana cruento en que se reportan hasta niños masacrados con armas de guerra, mientras los militares celebraban el “Día de las Fuerzas Armadas” (Tatmadaw), con la asistencia del viceministro ruso de defensa Alexandr Fomin y representantes de otros países.

La realidad en las calles; alejada del discurso del líder golpista Ming Aung Hlaing que asegura “defender la seguridad, el bienestar y el orden del estado” con las masacres; es que la gente quiere que los militares vuelvan a sus cuarteles y dejen de inmiscuirse en la vida y la economía de Birmania como hasta ahora.

Informes filtrados por varias organizaciones y medios de prensa confirman que la práctica de dominar al país desde dentro para imponer dictados, aún sin tener el poder político, es normal desde 1962, cuando el Tatmadaw hizo norma que las unidades militares fueran “autosuficientes”. Hoy varios conglomerados empresariales son pendulares en el país y pertenecen a los uniformados.

Estos emporios económicos van más allá de la propia sustentación del ejército, sus mayores accionistas son el propio líder golpista, el generalato y sus familias, por lo que un gobierno civil, sin el escrutinio de los uniformes, daría al traste con un poder que les reportó más de 16 mil millones de dólares en beneficios entre 1990 y 2011.

La presión internacional contra el golpe se ha incrementado, pero aún cuenta con respaldo de China y Rusia. El canciller chino Wang Yi afirmó que «China no cambiará el curso de la promoción de la amistad y la cooperación, sin importar cómo evolucione la situación». En cambio, “Beijing intentará lograr la reconciliación comprometiéndose con todas las partes”.

El eje del mal

Beijing y Moscú continuaron defendiendo al régimen militar en una reciente sesión especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, insistiendo en que la toma del poder del gobierno elegido democráticamente fue un asunto interno.

Por tal actitud, China enfrenta un gran rechazo popular en Birmania. Decenas de personas se manifestaron frente a la embajada china en Yangon exigiendo que el gobierno del gigante asiático deje de apoyar al régimen militar. Jóvenes birmanos llaman a boicotear productos chinos y piden a empleados locales de grandes proyectos chinos que participen en el movimiento de desobediencia civil.

Ante la creciente ira hacia Beijing, Chen Hai, embajador de China en Myanmar, dijo a los medios locales que la situación actual en el país «no es en absoluto lo que China quiere ver».

Un documento filtrado reveló una reunión de emergencia entre funcionarios birmanos de Asuntos Internos y Exteriores. Según la filtración Bai Tian, ​​director general de Asuntos de Seguridad Externa de la Cancillería China, pidió al régimen militar que garantice la seguridad de oleoductos y gasoductos chinos que atraviesan el estado de Shan. La reacción de la gente fue decir que si los oleoductos explotan o no es un «asunto interno».

China y Birmania. La expansión de la dinastía Jinping

En este escenario, los intereses geopolíticos y económicos chinos penden de un hilo. Estos incluyen un corredor económico entre el sur de China y el puerto de Kyaukpyu en el Océano Índico, parte de la Iniciativa Belt and Road y gasoductos. China también tiene varios otros proyectos, incluidos nuevos proyectos de ciudades en Yangon y Mandalay, por lo que Beijing será el más afectado si se declara una guerra civil en Birmania.

Para completar el cuadro, las guerrillas étnicas del sur mantienen una posición expectante, aunque han comenzado a ayudar a los manifestantes anti golpe. Son los grupos armados étnicos más antiguos: los ejércitos rebeldes Karen, Mon y Shan, que expresaron preocupación por el golpe militar y la represión actual. Los grupos norteños apoyan el golpe, pues reciben de China armas y pertrechos de guerra.

Como cualquiera vería, China tiene en su poder una carta de triunfo si decidiera intervenir; al menos diplomáticamente; para detener la masacre en Birmania y quitarle la mecha a una bomba que, indudablemente, ya estalló pero no en toda su magnitud.