Carnaval de Oruro, foto de wakusrgh

Si eres amante de la cultura folclórica y un día decides visitar Bolivia no pierdas la oportunidad de disfrutar del Carnaval de Oruro, quizás la muestra más fehaciente del sincretismo religioso en ese país por fusionar devociones a la Virgen del Socavón y danzas en honor al Diablo.

Declarado por la Unesco en 2001 Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, la celebración -que generalmente tiene lugar en febrero- mezcla lo sagrado y lo profano, y representa mediante diversas coreografías el enfrentamiento entre las fuerzas del bien y el mal.

El día más importante es “el sábado de carnaval”, ocasión en la que miles de nacionales protagonizan la tradicional entrada al santuario de la Virgen del Socavón (advocación de la Virgen María) para rendir pleitesía a la Santa y solicitar sus favores.

¿LO SAGRADO O LO PROFANO?

Al entrar al templo católico se hincan de rodillas en reverencia a la imagen y de esa manera realizan un recorrido que finaliza en un altar majestuoso rodeado de lirios, rosas, crisantemos y otras flores muy coloridas.

Sin embargo, antes de ese peregrinaje las mismas personas bailaron diabladas, morenadas y tinkus para venerar tradiciones andinas de antaño bien alejadas de la religiosidad occidental que ubica a los danzarines en el eje de una batalla entre la luz y la oscuridad.

La música, la danza y el colorido adornan el carnaval de Oruro. Foto de Monk fotografia

Cuenta la leyenda que el departamento boliviano Oruro -sede del carnaval- fue invadido por cuatro plagas (víboras, lagartos, sapos y hormigas), y que la Virgen del Socavón libró al pueblo de esos males y desde ese momento pasó a convertirse en la patrona de los orureños.

Esos mitos de culturas prehistóricas atraen a miles de turistas de Asia, Europa y América Latina, en tanto, los bolivianos antes de salir a disfrutar del convite realizan en sus casas la tradicional ch’alla (ceremonia de reciprocidad con la Pachamama o Madre Tierra).

WARI, EL TÍO DE LA MINA

Debajo del santuario de la Virgen del Socavón hay una mina inactiva que atesora parte de la historia del sincretismo religioso que sustenta la cultura popular boliviana, siendo Wari la contraparte de la santa y a quien además se le realizan ofrendas.

Con cuerpo de hombre y cara zooforma, “el tío de la mina” (como también se le llama a Wari), espera sentado en la oscuridad la atención de quienes bajan a la mina y llegan hasta sus pies, ofreciéndoles cigarrillos, flores y monedas.

Según los historiadores, Wari, dios de los urus que sobrevivió a embates de aymaras, quechuas y españoles, es el «tío de la mina», y más allá de su apariencia representa la interculturalidad de los pueblos prehispánicos.

Sin lugar a dudas, es una suerte que después de la colonización hayan sobrevivido dichas imágenes, historias y leyendas que en la actualidad tienen fuerte presencia en la cultura no solo de Bolivia, sino en la de otros países latinoamericanos.

LA VIRGEN, EPICENTRO DE DEVOCIONES

Desde una colina y algo lejos del santuario, el imponente monumento a la Virgen del Socavón da la bienvenida a los amantes de las tradiciones milenarias que visitan Oruro.

Honbres con trajes femeninos en el carnaval de Oruro. Foto de Monk fotografia

La efigie construida en ferrocemento y con fibras de polipropileno importado de Italia posee una altura de 45 metros y un peso de 118 toneladas, y es siete metros más alta que el Cristo Redentor de Río de Janeiro, en Brasil.

También supera al Cristo de la Concordia (40,44 metros) en la ciudad boliviana de Cochabamba, lo que la convierte en la imagen más grande de Suramérica.