Felia de la Alasita, Instituto Cervantes de Tokio

A la Feria de la Alasita llegué una tarde de enero de 2017 junto a una compi de trabajo por los días en que éramos corresponsales de una agencia de prensa en Bolivia. Al caminar entre tantos chiringuitos y después de hablar con varios nativos conocí que la esencia del evento no era otra que una particular simbiosis entre cultura y superstición.

La curiosidad me llevó a transitar por horas los caminos donde se ubicaban carpas repletas de miniaturas y ofrendas al Ekeko, dios aymara de la abundancia. En aquella ocasión la cita fue en el Campo Ferial del Bicentenario en la ciudad de La Paz.

Con miles de sueños llegan muchísimas personas a la feria para adquirir artesanías muy pequeñas con la finalidad de que el Ekeko las haga realidad. De esta manera, debes comprar en miniatura lo que más desees y confiar…

Yo me hice con un globo terráqueo pequeñito porque uno de mis grandes sueños es viajar a su alrededor, sin embargo, ahora mismo no recuerdo si ofrecí unas moneditas a la deidad en cuestión.

ALASITA, REGALO DE LA CULTURA BOLIVIANA

Instaurada en el siglo XVIII, la Feria de la Alasita comercializa cada año toda clase de elementos del hogar: dinero, automóviles, casas, materiales de construcción, ropa, electrodomésticos y comida, entre otros.

Al verlas por primeva vez, aquellas imágenes supusieron para mí una revelación de la indiscutible diversidad y riqueza de la cultura boliviana. Por tal motivo conversé con algunos de los vendedores para los cuales participar en la cita es tradición y muestra de infinita fe en el Ekeko.

Una de las artesanas me dijo que en su carpa siempre vende réplicas de billetes (dólares, bolivianos y euros), con la finalidad de que quien los adquiera con fe alcance prosperidad económica.

En tanto, las parejas que quieren tener descendencia pueden adquirir bebecitos en miniatura, mientras que las mujeres interesadas en casarse deben optar por un gallito, ya sea rojo o blanco, y los hombres por una gallina.

Cuando te adentras en la feria -no sin antes comprar unos ricos buñuelos calentitos- encuentras tarimas con minicholitas. Con toda la gracia que les caracteriza se pueden observar pequeñas mujercitas con sus coloridas polleras (saya ancha típica).

Otra vez mi curiosidad me llevo a las preguntas. Así que me acerqué a una de las vendedoras. Ella sonriente me comentó que las imágenes de cholitas típicas con sus guagüitas (niños) y gemelitos destacan entre los productos más especiales del evento.

ALASITA, MÁS QUE UNA PALABRA

El término alasita tiene su origen en la lengua aymara y quiere decir «cómprame», por lo tanto, su utilización para darle nombre a la feria está más que justificada ya que se trata de una actividad puramente comercial, sin ensombrecer su valor cultural.

Cuenta la historia que hace muchos años la llegada de esa fiesta era anunciada con el toque de pinquillos (flautines de caña hueca), que los niños hacían sonar.

La tradición se originó en la época prehispánica, tiempo después adquirió aceptación en la sociedad colonial y en la actualidad sobresale como una de las fiestas tradicionales más importantes de Bolivia.

Así, la Feria de la Alasita se extiende a los nueve departamentos de la nación suramericana, sin embargo, es la ciudad de La Paz el epicentro de ese encuentro intercultural. Además, por su gran aceptación, la iniciativa se ha desplazado a Suecia, Argentina y Perú.

Luego de algunos debates y tomando en cuenta el valor espiritual de la celebración, los Recorridos rituales en la ciudad de La Paz durante la Alasita, fueron declarados Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.