Militar represor en Birmania (Myanmar)

Militar represor se lanza sobre manifestante en Birmania. Foto: Mr. Soe

Hoy en Birmania portar una cámara o un celular apuntado a los uniformados es llevar un blanco para los disparos, para el garrote, la prisión e incluso la muerte. La muerte no quiere primeros planos.

Para muchos Birmania es solo un nombre, un país (también llamado Myanmar) del sudeste asiático, cuya imagen es la de millones de pequeños seres humanos que llenan ciudades con motos y vestidos con sus coloridas y típicas ropas… algo casi folklórico pero lejano, brumoso, jugando con su antiguo nombre inglés de «Burma», que desde hace un mes saltó a las noticias por un nuevo golpe de estado.

Los militares, renuentes a abandonar los beneficios que reporta dominar casi el 75% de la economía nacional, adujeron un fraude en las elecciones donde perdieron sus adeptos por una abrumadora mayoría ante la Liga Nacional para la Democracia de Aung San Suu Kyi… y volvieron para ahogar en sangre la aspiración popular de paz, democracia y libertad.

Pero el pueblo birmano no ha aceptado la bota, y a pesar de balas, gases, represión, arrestos y la muerte de 23 manifestantes hasta hoy, sigue en las calles enfrentando a la dictadura.

En ese pueblo,un pequeño grupo de trabajadores del turismo tomaron la decisión de apoyar a los manifestantes y para ello cocinan y brindan comida, agua y auxilio a cualquier ciudadano que lucha en las calles. Nuestro amigo Soe es uno de ellos. Hablamos todos los días y me comparte las imágenes cruentas de lo que pasa. Eriza la piel, te saca el llanto.

«Necesitamos la ayuda del mundo, que sepan lo que está pasando acá. Nos están matando, la policía y los soldados recorren las calles e incluso entran a las casas para detener gente».

Lo que Soe y sus amigos aportan es vital, pero precisan el apoyo de cualquier amante de la vida y la libertad en la Tierra que quiera hacer la diferencia entre mirar espantados pero inactivos la masacre, o convertirse en un luchador junto al pueblo birmano.

Nadie está a salvo, los monjes budistas y cristianos son otro blanco de la furia castrense, los trabajadores de la salud, los bomberos y socorristas. Las ambulancias son detenidas para impedir el traslado de heridos y lesionados.

Es hora de aportar a la causa de un pueblo que se niega a volver al miedo y la imposición, a la muerte y la represión por pensar distinto y no querer una bota sobre sus espaldas. Todos podemos colaborar para que en Birmania la muerte salga en cámara, hacerle el primer plano de la infamia y desterrarla para siempre.